Merca-Max SURL: producir desde la resiliencia, apostar por el sol
Por: Manuel Eduardo Jiménez Mendoza

En un escenario donde producir se ha convertido en uno de los mayores desafíos para el tejido económico cubano, la mipyme Merca-Max SURL emerge como un ejemplo de adaptación, innovación y visión estratégica. Su apuesta por la energía solar fotovoltaica, la diversificación productiva y los encadenamientos con otros actores económicos revela una lógica empresarial que no solo busca sostenerse, sino crecer en medio de condiciones adversas.
Detrás de este proceso se encuentra una idea clara: no esperar a que cambien las condiciones, sino transformarlas desde dentro.
El desafío de producir en Cuba hoy
Hablar de industria en Cuba implica, inevitablemente, hablar de limitaciones. La escasez de materias primas, la inestabilidad energética y las restricciones externas configuran un entorno complejo que condiciona cualquier proceso productivo. En ese contexto, sostener una línea industrial activa no es solo una meta empresarial, sino un ejercicio constante de resistencia.
Así lo explica Yoandy Riverón González, socio de Merca-Max SURL, quien resume con claridad uno de los principales obstáculos:
“Hoy es un ciclo complejo en Cuba para lograr un producto terminado, sobre todo por la escasez de materias primas y las limitaciones a nivel industrial”.
A estas dificultades se suma un elemento crítico: la energía. La dependencia del sistema eléctrico nacional, afectado por un alto grado de deterioro estructural, impacta directamente en la estabilidad de los procesos productivos.
“No hay manera de sostener un proceso productivo dependiendo de la generación tradicional”, afirma.
Esta realidad ha obligado a muchas entidades a reducir operaciones o a asumir pérdidas. Sin embargo, para Merca-Max, fue el punto de partida de una decisión estratégica.
Una inversión para cambiar las reglas
Desde 2023, la empresa inició un proceso inversionista enfocado en su planta de jabones, con el objetivo de elevar la capacidad productiva y mejorar la eficiencia. Este proceso no solo implicó la incorporación de tecnología, sino también una redefinición del modelo de funcionamiento.
En 2026, esa apuesta se consolida con nuevas inversiones que fortalecen la infraestructura industrial, incorporando equipamientos más modernos y eficientes. Entre ellos destacan dos líneas automatizadas de envasado, que permiten optimizar tiempos, reducir costos operativos y garantizar una mayor estabilidad en la producción.
Pero el salto cualitativo más significativo no está únicamente en la automatización.
Producir con el sol: una decisión estratégica
Ante la imposibilidad de depender de un sistema energético inestable, Merca-Max decidió asumir un reto poco común en el contexto empresarial cubano: generar su propia energía.
La solución fue la instalación de un sistema de energía solar fotovoltaica de 150 kilowatts, diseñado con carácter industrial. Este sistema cuenta con inversores de baja frecuencia, capaces de soportar grandes cargas y garantizar el funcionamiento de motores industriales sin interrupciones.
Más que una alternativa, se trata de un cambio estructural en la forma de producir.
“Decidimos incursionar en un esfuerzo propio de inversión en energía fotovoltaica”, explica Riverón González, al referirse a una decisión que hoy sostiene la operatividad de la empresa.
El impacto de esta inversión es múltiple. Por un lado, permite mantener la producción de forma continua, independientemente de las afectaciones al sistema eléctrico nacional. Por otro, reduce la dependencia de combustibles fósiles y disminuye los costos a mediano y largo plazo.
A esto se suma un valor añadido: la sostenibilidad. En un contexto global donde la transición energética es cada vez más relevante, iniciativas como esta colocan a la empresa en una posición de avanzada dentro del entorno productivo nacional.
Encadenamientos productivos: una respuesta a la escasez
Otro de los ejes que define la estrategia de Merca-Max es su capacidad para articular encadenamientos productivos en un entorno marcado por la falta de insumos.
Ante la escasez de materias primas disponibles en el país, la empresa ha desarrollado un modelo mixto que combina importación parcial con procesamiento nacional. En la práctica, esto significa que determinados insumos llegan con un nivel intermedio de elaboración desde el extranjero, para luego ser procesados, transformados y envasados en Cuba.
Este enfoque no solo permite sostener la producción, sino que genera valor agregado dentro del territorio.
Se trata de una lógica que va más allá de la simple comercialización. Implica generar empleo, transferir capacidades y dinamizar la economía local.
Diversificación y crecimiento: más allá del jabón
Aunque la producción de jabón constituye una de sus líneas fundamentales, Merca-Max no limita su proyección a este segmento. La empresa trabaja en la ampliación de su cartera de productos, incorporando nuevas variantes y mejorando la calidad y presentación de sus ofertas.
Entre las proyecciones inmediatas se encuentra el fortalecimiento de los jabones de lavar con marca propia, así como la incorporación de nuevas fragancias en los jabones de tocador, en respuesta a las preferencias del mercado.
A esto se suma el desarrollo de detergentes en polvo, que serán comercializados con un nuevo diseño de embalaje, alineado con la identidad visual de la marca.
Pero uno de los movimientos más significativos es la incursión en el sector alimentario.
“Estamos tratando de iniciar otro desarrollo vinculado a los alimentos, encadenándonos con productores”, señala el socio.
La intención es clara: establecer alianzas que permitan mejorar la presentación de los productos, aportar valor a la cadena y ampliar la oferta disponible para la población.
Impacto territorial y responsabilidad social
Más allá de los indicadores productivos, el impacto de Merca-Max se mide también en su contribución al entorno donde opera. La generación de empleo, la estabilidad en el suministro de productos básicos y la diversificación de la oferta son elementos que inciden directamente en la calidad de vida de la población.
En un contexto donde muchas comunidades enfrentan limitaciones en el acceso a productos de higiene y consumo, la existencia de actores económicos capaces de sostener y ampliar la producción adquiere una relevancia especial.
A ello se suma el componente energético: producir con fuentes renovables no solo beneficia a la empresa, sino que reduce la presión sobre un sistema eléctrico nacional altamente demandado.
Una experiencia que marca un camino
La experiencia de Merca-Max SURL ilustra, con claridad, las transformaciones que atraviesa el sector empresarial en Cuba. En medio de limitaciones estructurales, emergen modelos de gestión que priorizan la innovación, la autonomía y la eficiencia.
Lejos de ser un proceso lineal, se trata de un camino marcado por decisiones complejas, inversiones significativas y una constante capacidad de adaptación. Sin embargo, los resultados comienzan a ser visibles.
Hoy, con una matriz energética basada en el sol, una infraestructura productiva en expansión y una estrategia de encadenamientos en desarrollo, la empresa se posiciona como un actor relevante dentro del entramado económico local.
Mirar al futuro desde la capacidad de hacer
En Cuba, donde producir sigue siendo un reto, iniciativas como esta demuestran que también es posible construir soluciones desde la gestión empresarial.
No se trata únicamente de resistir, sino de avanzar.
Merca-Max SURL ha decidido hacerlo apostando por la energía renovable, la diversificación productiva y la articulación con otros actores económicos. Una combinación que, más allá de garantizar su sostenibilidad, aporta una señal clara: incluso en escenarios complejos, la innovación y la voluntad de hacer pueden abrir caminos.
En ese empeño, el sol —convertido en energía— ya no es solo una alternativa, sino parte esencial de su futuro.
Por: Manuel Eduardo Jiménez Mendoza
Foto: Cortesía de Yoandy Riveron González
