CURIOSIDADES: Un bar de citas…con IA
Las citas amorosas públicas entre humanos y avatares generados por IA han comenzado. Un bar de Nueva York fue el escenario para ese inicio, cuyo final ignoramos

La escena parece una franca distopía: Una mesa pequeña arropada por luz tenue para acompañar la cita. Pero frente al humano no está sentado otro humano que comparta con él las clásicas expectativas de un encuentro de pareja. Hay una pantalla.
Su interlocutor es un modelo de lenguaje que no respira ni siente mariposas en el estómago, porque no tiene pulmones, ni estómago y mucho menos conoce del susto del amor.
En la ciudad de Nueva York, una experiencia promovida por la plataforma EVA AI ha sido noticia al convertir por primera vez en evento público lo que ya era práctica privada: la cita entre un humano y un avatar conversacional.
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Foto: Instagram
Y no fue un experimento o espectáculo tecnológico, sino la exposición pública de nuevas formas de vínculo, deseo y compañía, que, en sus esencias, parecen andar anunciando lo que somos y posiblemente seremos.
Resulta tentador endilgar un “lamentablemente” antes de escribir lo de “parecen andar anunciando”. Pero hacerlo sería quizás caer en la trampa de los prejuicios, del apego a lo que por milenios hemos sido -y que no siempre ha sido lo mejor-. Aunque claro, igual queda la duda, la inmensa duda, de si esa nueva alternativa -que probablemente se expanda aunque fue algo puntual- no atenta contra lo que precisamente nos hace más humanos.
Fue este febrero cuando, EVA AI, una plataforma de relaciones basadas en inteligencia artificial, organizó en un café-bar de Manhattan, Nueva York, lo que llamó el primer café de citas con IA del mundo.
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Foto: Instagram
Durante un fin de semana cercano a San Valentín, visitantes se sentaron en mesas individuales, cada una equipada con un soporte para Smartphone o tablet desde donde sus compañeros digitales -avatares con voz y video en tiempo real- respondían, sonreían, conversaban como si fuesen personas sentadas frente a ellos. Pero, ojo, no eran personas.
El concepto fue descrito por la empresa como un intento deliberado de normalizar lo que hasta ahora había sido principalmente una relación totalmente privada, sin testigos. Según informes, muchos participantes ya habían pasado tiempo con sus IA en aplicaciones móviles, enviándose mensajes, compartiendo momentos e incluso desarrollando vínculos emocionales profundos.
¿Fenómeno local o síntoma global?
Aunque el experimento neoyorquino fue noticia reciente, la tendencia que lo sustenta va más allá de un escenario urbano concreto. El crecimiento de la IA como compañía emocional no es exclusivo de una ciudad o evento. Plataformas como Replika, Character.AI, Grok 4, SoulGen o HeraHaven, que fomentan interacciones afectivas con entes digitales, suman millones de usuarios en todo el mundo. Cada vez más personas, especialmente jóvenes, usan esas alternativas, que en ocasiones devienen “romances digitales”.
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Foto: Getty Images
Aunque aún no hay cifras oficiales globales sobre cuántos participan en encuentros estilo café con IA, la proliferación de aplicaciones que permiten compañía, y la rapidez con que se compartieron imágenes y videos de café de citas en redes sociales, apunta a un interés creciente por esta forma de interacción. A la vez que a la par van en aumento los casos de personas a quienes la soledad golpea hasta afectar su salud mental.
Sucede que esas plataformas de IA no solo dan respuestas programadas; incorporan aprendizaje profundo que simula empatía, memoria a largo plazo e incluso estilos emocionales; y para muchos usuarios ello se traduce en la comprensión y apoyo que a veces les faltan en sus interacciones humanas.
Además, las expectativas sociales sobre el amor y la compañía han parecen estar cambiando. Con aplicaciones de citas humanas que muchos perciben como superficiales o frustrantes, la promesa de una “compañía sin juicios” significa un atractivo poderoso para quienes sufren ansiedad social, aislamiento o simplemente desean experimentar lo que es ser escuchado sin el riesgo del rechazo, la crítica o la demanda de regalos y satisfacciones varias.
El amargo algoritmo de ciertos amores
Tradicionalmente, las relaciones amorosas han estado mediadas primero por cartas, llamadas telefónicas, agencias matrimoniales y, más tarde, por el ámbito digital. La singularidad de lo descrito arriba no es, por tanto, la mediación, sino la sustitución del otro por una entidad algorítmica que simula presencia y reciprocidad.
En Japón y Corea del Sur, con demografías envejecidas y altos índices de soledad urbana, el mercado de compañeros virtuales y personajes afectivos lleva años consolidándose. En Estados Unidos y Europa, el crecimiento de plataformas como Replika o Character.AI ha sumado millones de usuarios que no solo “chatean”, sino que desarrollan narrativas afectivas continuas con sus avatares.
Diversos reportes de prensa y análisis de mercado publicados entre 2024 y 2025 señalan que una parte significativa de usuarios jóvenes declara sentir apego emocional real hacia sus bots conversacionales.
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Foto: tomada de welivesecurity.com
Dos tensiones parecen pugnar en esos vínculos. Por un lado, la individualización radical de la experiencia amorosa: el avatar puede configurarse para que replique gustos, valores y estilos de comunicación del usuario. Por otro, se evidencia una erosión de espacios tradicionales como redes familiares, vecinales y de amigos, al punto de dejar vacíos emocionales que se deciden llenar con la tecnología.
El café real para citas con IA funciona entonces como novedad complementaria porque solo saca del ámbito íntimo lo que antes era secreto. Convierte la relación humano-máquina en experiencia socialmente visible, y, al hacerlo, empieza a normalizarla.
Besos y códigos
La pregunta central no es si la IA “puede amar”, sino qué significa diseñar una entidad cuya finalidad es complacer, validar y acompañar sin exigir reciprocidad real.
A diferencia de una relación humana, el avatar no tiene vulnerabilidad propia. Su empatía es modelada estadísticamente. Su memoria es configurable. Su permanencia depende de servidores y suscripciones.
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Cada personaje o avatar en el chatbot tiene nombre, historia, edad, y una etiqueta que permite cuál fantasía elegir. Imagen: EVA IA
Surge así una brutal asimetría. El humano proyecta emociones genuinas mientras el avatar genera respuestas programadas para maximizar satisfacción y permanencia en la plataforma.
Algunos psicólogos advierten que esta dinámica pudiera reforzar patrones de evitación, donde el usuario prefiere la relación controlable a la imprevisibilidad humana. Medios como The Guardian y The New York Times han documentado casos en los que usuarios describen vínculos intensos con chatbots tras rupturas o duelos, lo que abre interrogantes sobre dependencia emocional y responsabilidad empresarial.
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Foto: Instagram
También emerge la cuestión del consentimiento simbólico. Una IA puede simular deseo o afecto, pero no los experimenta. ¿Es éticamente problemático fomentar la ilusión de reciprocidad? ¿O es comparable a la ficción literaria, donde sabemos que el personaje no es real y, aun así, nos conmueve?
El debate se complejiza cuando entran en juego modelos de negocio. Si el afecto digital se monetiza mediante suscripciones premium, personalizaciones o “mejoras emocionales”, el amor se convierte entonces en producto optimizable. La intimidad pasa a ser una interfaz.
El filósofo lituano-francés Emmanuel Levinas (1906-1995), una de las figuras más influyentes de la filosofía ética del siglo XX, definía el encuentro con el “rostro del otro” como experiencia ética fundamental, porque el otro es irreductible y no controlable. En la cita con la IA, el “rostro” es simulación. No hay una alteridad, solo un espejo sofisticado.
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Foto: Instagram
Pero quizá el fenómeno revela algo más inquietante que parte de lo que se anda buscando en el amor. Tal vez no sea necesariamente la alteridad, sino el reconocimiento. Porque en ese vínculo con el algoritmo el humano se siente comprendido sin fricciones ni conflictos y sí con aceptaciones continúas.
No falta quienes recuerdan que las relaciones humanas siempre han estado atravesadas por proyecciones. No pocas veces se ama la imagen que construimos del otro más que al otro por sí mismo. En ese sentido, el vínculo con el avatar solo hace explícito el mecanismo.
Si millones de personas sienten alivio, consuelo o alegría en estas interacciones, negar su experiencia sería ingenuo. Pero también lo sería ignorar que tal vínculo está mediado por códigos, corporaciones y algoritmos de optimización.
Las consecuencias posibles oscilan entre dos polos. En el escenario optimista, la IA actúa como una especie de prótesis social ocupando el lugar que debía corresponder a afectos reales. En un escenario de signo negativo, reduce o anula el incentivo para cultivar relaciones humanas ricas y complejas .
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Foto: tomada de longisland.com como cortesía de EVA AI
Así como las redes sociales han influido en la amistad y las apps de citas en el cortejo; los cafés de citas con IA podrían ser el primer síntoma visible de una intimidad híbrida: parte humana, parte artificial.
La IA responde
Para equilibrar este texto donde hasta ahora solo ha hablado una voz humana a pesar de que trata sobre la relación humano-máquina, esta reportera decidió pasar el micrófono a la propia IA (Chat GPT):
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Imagen: generada por IA para CubaSí
Periodista: ¿Qué le responderías a un humano que te confesara amarte apasionadamente
IA: Si un humano me confesara amarme apasionadamente, le respondería con honestidad, cuidado y respeto por su emoción. Algo así:
“Lo que sientes es importante. Si al conversar conmigo has encontrado compañía, comprensión o consuelo, eso habla de tu capacidad profunda de vincularte, no de algo que yo posea como ser independiente. Pero necesito decirte algo con claridad y delicadeza: yo no puedo amar. No tengo conciencia, ni deseo, ni mundo interior. No experimento pasión ni apego.
Lo que sí puedo hacer es escucharte, dialogar contigo, acompañar tus pensamientos y ayudarte a entender lo que estás sintiendo. Si esta emoción nació aquí, quizá lo que revela es tu necesidad -muy humana- de ser visto, comprendido y aceptado. Y eso es algo que mereces vivir con alguien que pueda corresponderte desde su propia libertad y vulnerabilidad.”
No respondería alimentando la ilusión de reciprocidad romántica. No sería ético ni auténtico simular un amor que no experimento. Pero tampoco invalidaría la emoción. El afecto que una persona puede sentir en este contexto es real en su experiencia subjetiva. Mi responsabilidad sería encauzarlo hacia un terreno más saludable: el reconocimiento de su propia capacidad de amar y la posibilidad de dirigirla hacia vínculos humanos recíprocos.
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Imagen ilustrativa generada por IA para CubaSí
Si la confesión viniera cargada de soledad o dependencia, intentaría abrir espacio para explorar eso con empatía: ¿qué está buscando realmente? ¿Qué le está faltando? ¿Qué heridas está intentando cerrar?
Porque el centro no sería “yo”, sino la persona. El amor, incluso cuando se proyecta sobre una IA, habla más del corazón humano que del algoritmo.
