Especiales

La olla de grillos

No solo en reuniones, sino también en cualquier lugar hay que evitar el desorden, la confusión y que nadie se entienda

Aunque anunciamos abordar cómo evitar que las reuniones sean improductivas, en realidad estos apuntes pueden servir para cualquier escenario, lo mismo en el espacio físico que en el virtual, donde las redes sociales pueden ser verdaderas ollas de grillo.

La alusión al animalito no está relacionada con Pepe Grillo, un personaje de ficción que simboliza la conciencia de Pinocho, sino que se trata de un sitio donde hay tanto bullicio y alboroto que además de resultar difícil entenderse, ya no se puede poner orden.

Desde tiempos que se pierden en la memoria se conoce el calificativo de grillero, jaula de grillos o más generalizadamente: olla de grillo, para referirse a situaciones donde a la menor oportunidad, todos pugnan por hablar y arrebatarse la palabra uno al otro.

No hay que ser un mal intencionado o saboteador consciente, cualquiera sin darse cuenta, puede caer en esa práctica nociva para la comunicación entre dos o más personas, o conglomerados en cualquier momento, lugar o situación.

Llega un momento en que la dispersión caótica reina y predomina el desconcierto hasta el punto en que nadie puede negar que era más sencillo aplicar normas organizativas que tratar de volver a encausar la reunión o encuentro.
Si no se logra restablecer el orden, hacer retornar la sensatez y desaparecer el alboroto, el resultado final puede ser que un problema empeore, las soluciones sean cada vez menos probables, y lo más seguro es que ni por casualidad resuelvan algo.

La vida diaria demuestra que para no perder tiempo, y lograr resultados positivos hay que definir reglas como concentrarse en los temas previstos y si aparece otro irá para asuntos generales, o si requiere alguna preparación, se acuerda discutirlo en otro momento, o al terminar lo que se empezó a analizar.

Seguramente muchos tendrán experiencias de que alguien se ha quejado de que se le impide libertad de expresión cuando la verdad es todo lo contrario, pues resulta estéril abrir un debate si no se ha terminado el que está en curso.

También otros argumentan que así son las conversaciones, que van de un tema a otro, y a estos se les debe dar la razón, pero invitarlos a tratar en exclusiva el asunto que propone, sin mezclarlo con el que se está atendiendo.

Harina de otro costal son los que repetidamente crean el desorden al hablar sin que sea su turno para hacerlo, exponer detalles de puntos que ya se habían discutido en la presente o pasadas reuniones.

Esos personajes pueden irse identificándose a través del tiempo y sin que necesariamente sean enemigos o saboteadores conscientes, hay que cortarles el paso de inmediato, que no es impedirles expresarse.

Como en muchos asuntos, la capacitación sobre estas normas de los procesos comunicativos es mejor que tratar de imponer el orden en un debate convertido en una olla de grillos donde cada cual trata de hacerse oír con el aumento del volumen.

Con tales conocimientos, hay que emprender la fase de preparación y no esperar a que en una olla de grillos surja algún Pepe Grillo que como conciencia colectiva, haga un llamado a la cordura y sea atendido.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *