El jazz que viene

El año cultural abre a lo grande con jazz en Cuba. Es ya una tradición: en enero La Habana y otras plazas del país acogen el más significativo encuentro de ese género (¿o habrá que llamarlo, más que género, arte?) en el país.
El Festival Internacional Jazz Plaza regresa en 2026 para confirmar esa vocación de arranque intenso, diverso y profundamente simbólico, que coloca a la nación en el mapa sonoro del mundo desde los primeros compases del calendario cultural.
La edición número 41 del Jazz Plaza se desarrollará del 25 de enero al 1 de febrero de 2026, con un programa que volverá a expandirse más allá de la capital.
La Habana será epicentro, pero también llegará a Santiago de Cuba, Santa Clara y Holguín, ciudades que acogerán conciertos y actividades, consolidando una geografía cultural cada vez más amplia y descentralizada. Tiene que ver con la historia viva del jazz cubano en varias regiones del país.
Uno de los rasgos distintivos de esta próxima edición es su marcado carácter internacional. Se anuncia la participación de artistas de más de 15 países, entre ellos Francia, España, Estados Unidos, Brasil, México, Canadá, Italia, Países Bajos, Grecia, China y varios más. Está dicho: El Jazz Plaza es un espacio de diálogo musical y cultural de alcance global.
La cita mantiene su vocación formativa y de reflexión en torno a la industria musical. El foro Primera Línea volverá a celebrarse en La Habana, propiciando intercambios entre músicos, productores, investigadores y gestores culturales, en un contexto donde pensar el jazz también implica debatir sobre sostenibilidad, circulación de la música y retos del sector creativo.
No puede obviarse que el Jazz Plaza se realiza en medio de no pocas dificultades económicas. Sin embargo, la persistencia del evento es, en sí misma, una declaración de principios.
Apostar por su continuidad equivale a defender el jazz como una zona de libertad creativa, de excelencia artística y de resistencia cultural, que se niega a renunciar a su lugar en la vida espiritual del país.
En ese sentido, el Festival deviene un auténtico termómetro del jazz en Cuba. En sus escenarios conviven figuras consagradas y jóvenes talentos, propuestas más tradicionales y búsquedas contemporáneas, mostrando un panorama en constante renovación que dialoga con la herencia afrocubana, la improvisación y los lenguajes universales del género.
El Jazz Plaza también posee una marcada proyección social. Sus conciertos, clases magistrales y encuentros trascienden el mero disfrute estético para convertirse en espacios de encuentro ciudadano, de construcción simbólica y de intercambio entre culturas.
El jazz, con su espíritu mestizo y dialogante, vuelve a demostrar su capacidad para tender puentes entre naciones y sensibilidades diversas.
Por todo ello, más allá de nombres, sedes o fechas, el Festival Internacional Jazz Plaza confirma su esencia: es un puente entre generaciones que aman esta expresión cultural, un territorio donde la memoria y la contemporaneidad se abrazan, y donde Cuba reafirma, una vez más, su voz propia en el concierto jazzístico del mundo.
