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Villena, una vida de leyenda

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Artículo tomado de la revista Bohemia sobre Rubén Martínez Villena. A 89 años de su partida física (16 de enero de 1934), urge homenajear al bravo combatiente que se entregó con vehemencia a la lucha por las aspiraciones de los humildes.

Como centinela insomne se perpetúa en el tiempo la vibración de un corazón revolucionario del que vale seguir sus impulsos, porque marcó una época apegado con mucho talento al sentir del estudiantado y la clase obrera. Merece admiración y respeto la impronta de Rubén Martínez Villena, quien dejó una honda huella a pesar de una corta vida, 34 años.

Una infancia que resplandeció. / tribuna.cu

Su cuna fue Alquízar, donde nació el 20 de diciembre de 1899. De manera simbólica, su primer vagido coincidía con el fresco rechinar de las cargas mambisas. Hijo de Dolores y Luciano, “la madre le trasmitió su bondad perfecta, su finura espiritual y una potencia de imaginación extraordinaria. Y el padre, sus energías vitales y su actitud para las funciones intelectivas […] Pero sobre aquellos factores genéricos, acrisolados al fuego de una naturaleza excepcional, floreció una inteligencia privilegiada”, según Enrique Serpa.

A 89 años de su partida física (16 de enero de 1934), urge homenajear al bravo combatiente que se entregó con vehemencia a la lucha por las aspiraciones de los humildes.

Desde los 11 años comenzó a cultivar la poesía aunque sus señaladas cualidades poéticas se dieron a conocer en su etapa de estudiante. Ya a los 21 años era un bardo de prestigio.

Su obra oscila entre las manifestaciones de la poesía y la prosa. Legó poemas muy reconocidos como La pupila insomneEl giganteEl anhelo inútilInsuficiencia de la escala y el iris, entre otros. Como expresara el crítico Max Henríquez Ureña, llegó a ser “el poeta que con mayor hondura y maestría técnica hizo vibrar la nota de la ironía sentimental”.

En 1922 se graduó en la Universidad de La Habana en Derecho Civil y Público con excelentes notas. Trabaja en el gabinete de Fernando Ortiz mientras cursa estudios, llegando a convertirse en secretario del sabio cubano, etapa en que estrechó los vínculos con otros intelectuales comprometidos. Allí trabó amistad con Pablo de la Torriente Brau, quien también laboraba para el doctor Ortiz. Poco después, la relación fraterna comprendería a Juan Marinello. Su nombre comienza a conocerse en aquellos círculos. Así se fue formando su conciencia antimperialista y su carácter patriótico.

Esa circunstancia influyó en que el 18 de marzo de 1923 protagonizara junto a otros 12 intelectuales la célebre Protesta de los Trece, a raíz de la corrupta compra del Convento de Santa Clara –un edificio en ruinas–, por el gobierno de Alfonso Zayas. Villena elabora un manifiesto donde se recoge la causa de la reprobación.

Villena, sentado al centro, junto a integrantes de la llamada Protesta de los Trece. / radiohc.cu

Esto le costó ser encarcelado y desde la cárcel compuso el Mensaje lírico civil, que expresa en una de sus partes: Hace falta una carga/ para matar bribones,/ para acabar la obra de las revoluciones;/ para vengar los muertos que padecen ultraje/ para limpiar la costra tenaz del coloniaje…/. Encendidos versos que fueron recordados por nuestro Comandante en Jefe el 26 de julio de 1973, ocasión en que se reconoció a Villena como uno de los protagonistas de la única Revolución Cubana desde Demajagua: “El 26 de julio era la carga que tú pedías”.

Minorista pero mayoritario

Participa también, junto a un grupo de intelectuales, en la fundación del Grupo Minorista. “Minorista –explica él mismo– por el número corto de miembros efectivos; pero […] ha sido en todo caso un grupo mayoritario, en el sentido de constituir el portavoz, la tribuna y el índice de la mayoría del pueblo”.

Entre sus objetivos esenciales estaba la lucha por un mayor reconocimiento y fortaleza en la creación de escritores y artistas, contra la corrupción y la politiquería. Esta organización se extinguió en 1928, aunque jugó un importante papel en la vida cultural de la nación.

Fue amplio el quehacer político de Rubén, e invitado por Julio Antonio Mella participó en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes y más tarde en la Universidad Popular José Martí.

Se motiva por lo revolucionario de los objetivos del Movimiento de Veteranos y Patriotas con quienes encausa su vida y labor política al filo del año 1923, pero más adelante queda desilusionado al ver el cambio de posición de la dirigencia, al convertirse en un movimiento dominado por la burguesía traidora al interés nacional. Esta experiencia le sirvió para comprender que a un movimiento verdadera mente revolucionario no puede incorporarse aquel tipo de clase social ajena al pueblo.

Estuvo presente en la fundación de diversas organizaciones que respondieran a los intereses de la patria, como la Confederación Nacional de obreros de Cuba (CNOC) y el primer Partido Comunista de Cuba (PCC), fundado este en 1925.

Por su preparación profesional, actuó como asesor legal en varias organizaciones obreras. En marzo de 1930, es el alma de la huelga general contra el dictador Machado a pesar de que su salud está muy quebrantada. En ese empeño es asesorado por el PCC y en unión de la CNOC encausa aquella protesta obrera hacia reclamos políticos, siendo la primera en nuestro país con estas características al pedirlo como reclamo fundamental. Se conmovieron los cimientos de la dictadura al desmoronar el lema machadista de que ninguna huelga bajo su gobierno duraría 24 horas.

Salida del cadáver de la Sociedad de Torcedores. El sepelio se convirtió en una gran manifestación de duelo popular. / trabajadores.cu

Como forma de escapar del terror que sobre él se desata y con el objetivo de tratar de curarse, viaja a la URSS. Algo recuperado retornó a Cuba y continuó sin descanso su labor en los sindicatos. No obstante conocer su cercano fin, organizó y dirigió la huelga general revolucionaria que derroca a Machado, el 12 de agosto de 1933. Desatiende los consejos de su médico Gustavo Aldereguía, y está presente en el recibimiento de las cenizas de Mella en el año 1933, y expresa: “Estamos aquí sobre todo, porque tenemos el deber de imitarlo, de seguir sus impulsos…”.

Aunque activo e indoblegable, su salud está resentida, no le acompañan las fuerzas de antes, se agota fácilmente. Poco a poco las dolencias pulmonares van lacerando su ya débil constitución, pero no por ello abandona el compromiso con los más oprimidos. Constantemente se ve obligado a cambiar de residencia para no caer en manos de las fuerzas represivas de Machado.

En junio de 1927 ingresa a la Quinta de Dependientes con el mal que lo llevaría a la muerte, la tuberculosis pulmonar. Hoy se le recuerda como una figura somera del movimiento obrero y comunista en nuestro país, reconociendo su liderazgo intelectual entre los jóvenes del decenio de los 20 e inicios de los 30, inspirado además en una lírica comprometida.

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Fuentes consultadas

Panorama histórico de la literatura cubana, de Max Henríquez Ureña; Mensaje lírico civil, de Rubén Martínez Villena; Faro de la Revolución y la poesía, en Tribuna de La Habana, 20 de diciembre de 2018, y Discurso de Fidel Castro Ruz el 26 de julio de 1973.

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