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El cerco asfixiante en torno a Cuba es una forma de intervención

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El bloqueo contra Cuba se ha multiplicado con los años. ¿Un asunto bilateral? Así dicen; pero nadie ignora que el bloqueo norteamericano implica, hoy por hoy, el bloqueo universal. A Cuba se le niega el pan y la sal y todo lo demás. Y también implica, aunque lo ignoren muchos, la negación del derecho a la autodeterminación

Foto: Germán Veloz Placencia

El bloqueo contra Cuba se ha multiplicado con los años. ¿Un asunto bilateral? Así dicen; pero nadie ignora que el bloqueo norteamericano implica, hoy por hoy, el bloqueo universal. A Cuba se le niega el pan y la sal y todo lo demás. Y también implica, aunque lo ignoren muchos, la negación del derecho a la autodeterminación.

El cerco asfixiante tendido en torno a Cuba es una forma de intervención, la más feroz, la más eficaz, en sus asuntos internos.

¿En Cuba hay privilegios? ¿Privilegios del turismo? Sin duda. Pero el hecho es que no existe sociedad más igualitaria en América. Se reparte la pobreza: no hay leche es verdad, pero la leche no falta a niños ni a los viejos. La comida es poca. Pero en plena crisis sigue habiendo escuelas y hospitales para todos lo que no resulta fácil de imaginar en un continente donde tantísima gente no tiene otro maestro que la calle, ni más médico que la muerte.

La pobreza se reparte y se reparte. Cuba sigue siendo el país más solidario del mundo. Cuba fue el único país que abrió las puertas a los haitianos fugitivos de hambre y de la dictadura militar, que en cambio fueron expulsados de Estados Unidos.

Se juzga a Cuba como si no estuviera padeciendo desde hace más de treinta años, una continua situación de emergencia. Astuto enemigo, sin duda, que condena las consecuencias de sus propios actos.

A Cuba le dictan cursos de derechos humanos quienes silban y miran para otro lado cuando la pena de muerte se aplica en otros de América y se aplica de vez en cuando, sino de manera sistemática: achicharrando negros en las sillas eléctricas de Estados Unidos, masacrando indios en las sierras de Guatemala y acribillando niños en las calles de Brasil.

¿Deja de ser admirable la porfiada valentía de esta isla minúscula, condenada a la soledad, en un mundo donde el servilismo es alta virtud o prueba de talento? ¿Un mundo quien no se vende, se alquila?

Fidel Castro es un símbolo de dignidad nacional. Para los latinoamericanos, que ya estamos cumpliendo cinco siglos de humillación, un símbolo entrañable.

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