Ciencia y tecnología

Una mente curiosa y creativa potencia el vínculo con la IA

Estudio revela que su uso es más eficaz cuando el interlocutor humano tiene apertura y flexibilidad mental, como investigadores y filósofos

Tener una mente abierta y curiosa, más allá de las competencias técnicas, es clave para establecer una colaboración productiva y «amistosa» con la inteligencia artificial.
  
La relación entre humanos y máquinas, en otras palabras, resulta más eficaz cuando el interlocutor humano posee rasgos como apertura y flexibilidad mental, características frecuentes en perfiles como los de investigadores o filósofos.

Así lo señalan los investigadores de Mnesys, el mayor programa italiano y europeo de investigación en neurociencia, al comentar los estudios más recientes sobre el diálogo entre distintas formas de inteligencia humana y la inteligencia artificial.

Este es precisamente el tema central de la Semana del Cerebro, que se celebra desde hoy hasta el 22 de marzo.

Muchos científicos del programa —financiado inicialmente por el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia de Italia y que continuará con el desarrollo de un polo de innovación y centro de servicios para la investigación— han estudiado cómo funciona el cerebro y de qué manera su plasticidad puede convertirse en un recurso también en la interacción con la IA.

Los nuevos datos indican que las formas de inteligencia humana más útiles para aprovechar al máximo la interacción con la IA son la creatividad, el pensamiento crítico y la inteligencia conversacional.

Además, se está descubriendo que ciertos rasgos de personalidad también favorecen la sinergia entre humanos e inteligencia artificial.

Curiosamente, quienes obtienen mejores resultados no son necesariamente los especialistas técnicos, sino las personas con una mente abierta, curiosa y flexible, como filósofos o investigadores.

«En la era de la inteligencia artificial, la inteligencia híbrida —resultado de la interacción entre la inteligencia humana y la artificial— representa un paso histórico destinado a potenciar las capacidades del cerebro humano», explica Antonio Uccelli, coordinador científico de Mnesys, profesor de neurología en la Universidad de Génova y director científico del IRCCS Ospedale Policlinico San Martino.
   
«Pero el desarrollo de este cambio también depende de características de la personalidad que influyen en la relación con la IA», agrega.
   Uccelli cita un estudio reciente de la Universidad Johns Hopkins, según el cual el rendimiento mejora cuando la «pareja» humano-máquina está bien equilibrada en términos de rasgos de personalidad.

En general, quienes tienen una mente abierta y curiosa interactúan mejor con la inteligencia artificial.
  
Sin embargo, aceptar pasivamente las soluciones que ofrece la IA puede tener efectos negativos. «Si nos limitamos a aceptar sus respuestas, corremos el riesgo de perder la capacidad de desarrollar ideas innovadoras», advierte Sergio Martinoia, profesor de bioingeniería en la Universidad de Génova y coordinador del comité científico de Mnesys.
   
Un estudio de la Universidad de Nankín y un metaanálisis reciente de la Universidad de Múnich muestran que colaborar con una IA generativa puede mejorar el rendimiento creativo, pero también existe el riesgo de reducir la diversidad de ideas.

Por ello, subraya Martinoia, es fundamental desarrollar la creatividad personal para que la IA actúe como una especie de «musa» que amplifique las ideas posibles.
  
 «Conocer sus límites significa poder evaluar cuándo confiar en sus indicaciones y cuándo no, verificar, por ejemplo, directamente las fuentes», añade.
   
Los estudios sobre la interacción entre humanos e inteligencia artificial también muestran que la IA funciona mejor cuando el usuario sabe formular buenas preguntas, explorar hipótesis y mantener un razonamiento interactivo.
   
«Estas son características típicas de quienes no se limitan a tener competencias técnicas, como los investigadores o los filósofos», observa Enrico Castanini, presidente de Mnesys.
   
El propio programa Mnesys, concluye Castanini, es un ejemplo de esta sinergia: el diálogo entre científicos, supercomputadoras e inteligencia artificial ha permitido analizar enormes volúmenes de datos y ampliar el conocimiento sobre el sistema nervioso como nunca antes.
   
Prueba de ello es la publicación de más de 1.600 estudios sobre el cerebro, una demostración del potencial de la inteligencia híbrida que surge del encuentro entre inteligencia humana e inteligencia artificial para afrontar los desafíos del conocimiento en el futuro.   

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