Catar: un pequeño país sede de un gran evento

Sus ocho modernos estadios, con aforo y comodidades para entre 40 000 y hasta 80 000 personas, harán que durante un mes de competencia la humanidad halle una tregua en sus guerras de rapiña y diferencias, para dar un espacio a la amistad y la solidaridad, que ha de superar a la rivalidad sobre la cancha con el estrechón de manos y el abrazo sincero

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Catar. País pequeño, de solo 11 600 kilómetros cuadrados de extensión es ya la capital universal del deporte. Sus casi tres millones de habitantes vibrarán junto a los millones que se reunirán en las tribunas y en sus hogares del planeta para alentar a sus equipos en la Copa Mundial de Fútbol 2022.

Sus ocho modernos estadios, con aforo y comodidades para entre 40 000 y hasta 80 000 personas, harán que durante un mes de competencia la humanidad halle una tregua en sus guerras de rapiña y diferencias, para dar un espacio a la amistad y la solidaridad, que ha de superar a la rivalidad sobre la cancha con el estrechón de manos y el abrazo sincero.

Catar, país del Asia Occidental, en la Península Arábiga (es un extensión de tierra cercada por agua en casi todo su territorio), se extiende cerca del Golfo Pérsico. Su nombre oficial Qatar (en inglés) y Catar (en portugués) tiene por lenguaje principal el árabe y como segunda lengua el inglés, ya que fue un protectorado británico, independizándose del Reino Unido en 1971, instaurándose como un Estado soberano.

Gobierna la nación una monarquía absoluta constitucional, guiada por el emir Tamim bin Hamad al Thani, en la cual la religión predominante es el islamismo, que convive con otras como el cristianismo, el hinduismo y el budismo, contando con una densidad de población de 236 habitantes por kilómetro cuadrado.

Rico en recursos naturales, el país está entre uno de los mayores productores de gas natural y petróleo en el mundo. Doha, su capital y sede del magno evento deportivo, resulta la ciudad más populosa del país, extremadamente urbanizada, con más de 1 300 000 habitantes, limitada por el Golfo Pérsico y su clima desértico, con temperaturas aproximadas a los 45 grados Celsius a lo largo del verano. Esa temperatura y la diferencia de siete horas con Cuba, no hacen la diferencia para, incluso, levantarnos de madrugada para vivir la Copa.

Ese intenso calor, que será controlado en las instalaciones mundialistas, seguro se transformará en hermandad, para que los presentes en ellas y quienes lo disfrutaremos por los distintos medios, tengamos un mes del mejor fútbol del mundo.

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