Lucía no tiene quien la escuche (I)

Compartimos este material que aborda el fenómeno de la prostitución en Cuba. Publicado en Cubadebate, sus autores son:  Dinella García AcostaEdilberto Carmona TamayoAndy Jorge BlancoKarina Rodríguez Martínez

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De nuevo. Otra vez la cogieron. Si no se hubiera entretenido esto no hubiera pasado. Si fuera una leyenda del deporte, como la llaman sus amigos a veces, hubiera corrido y corrido. Nunca la hubieran atrapado. Por si ocurren situaciones así es que se pone chancletas y no tacones. Algo cómodo y no para lucir. A fin de cuentas, ella sabe cómo atrapar a su presa sin necesidad de elevarse cinco centímetros más. 

Recorrer kilómetros, de madrugada y a pie, requiere de un entrenamiento aprendido durante años y sin pasar por una escuela. Al menos una de las normales. La suya es nocturna, autodidacta, y las clases tienen lugar cuando casi toda la ciudad duerme. 

A veces hay que correr. Correr para no pagar. Correr porque, que se le vayan 4 000 pesos en una multa, no es una opción. Lo poco que está «raspando» en la calle no puede usarlo para esto. La covid-19 ha venido a ponerlo todo al revés. En la televisión hablan de cómo la pandemia afecta vidas y profesiones. Pero la suya, si es que alguien un día se atreve a reconocerla así, no se menciona. La suya sigue ejerciéndose en la noche, sin nasobuco y violando el toque de queda. Demanda hay. 

Pero ya lleva dos multas. Se las pusieron por estar de madrugada en las calles de La Habana, cuando está prohibido salir de 9:00 p.m. a 5:00 a.m. Una de ellas ya se le duplicó por no haberla pagado en tiempo, así que más le vale correr más y estar atenta. 

Antes, la cosa estaba mejor. Por allá cuando Chanel le enseñó bien este mundo. Chanel, como la marca. Su amigo de El Moro, allá en Arroyo Naranjo, es fanático a ese marca. Hasta un tatuaje tiene. 

La primera vez que salieron juntos fue al estadio que está por el hospital «Calixto García». Había que cruzar las rejas que ya otros habían roto antes y bajar de madrugada, vigilando a los custodios y a los policías que pasan por allí. Las opciones eran los baños y detrás de las gradas. Aquella vez se aterrorizó. Demasiada oscuridad. Le daba la impresión de que allí podía amanecer muerta. 

Pero de eso ya hace más de 10 años. Cuando aquello, ella se cuidaba de los vecinos. Le daba pena. Ahora anda sola, camina hasta la calzada de Diez de Octubre, sube a Guanabacoa. Una vez que haces dinero en una noche, que ves que es fácil de hacer, ya no te importa la hora. 

«Uno se convierte en un vampiro, buscando las oscuridades para poder hacer lo suyo», nos contó una tarde de septiembre, luego de una noche de trabajo. Se acostó a las siete de la mañana y se levantó a la una para poder quedar con nosotros. Normalmente llega a casa, se baña con agua muy caliente, duerme, se levanta a almorzar y retoma otra vez el sueño. Dormir es uno de sus hobbies preferidos. Eso tiene puesto en su perfil de Facebook. Eso y el bolero, el ballet, el ballroom, la danza y el breakdance. Algún día le gustaría ser bailarina de tubo. 

Por la tarde va a casa de algún amigo a jugar dominó, tiene muchos en el barrio, hasta que regresa y se prepara para salir. Hubiera llegado antes, pero el transporte estaba muy malo y tuvo que esperar a que pasara la guagua. 

Lucía* tiene 31 años y hace más de una década que se dedica a lo mismo. «Les voy a hablar claro porque yo estoy en la calle y llevo muchos años allí. Yo soy prostituta y me gusta. No es que ande escondida. Si yo me muero y vuelvo a nacer, quisiera ser prostituta, pero un poquito más linda y toda editada». 

***

Tan antiguo como la humanidad, la prostitución es un fenómeno que «ha ido variando en cuanto a manera de estructurarse, en el sentido de la práctica, pero se mantienen aspectos como la violencia de género y las notables ganancias económicas», reconoció la socióloga de la Universidad de La Habana, Iyamira Hernández Pita.

El contexto cubano no queda exento de este problema. Tras el desmontaje de la prostitución, a partir de 1959, se transformaron las principales causas objetivas de este fenómeno, si bien se agravaron posteriormente en el Período Especial

«El deterioro de valores bajo el impacto de la crisis económica de la década de los noventa sirvió de catalizador para el aumento de la prostitución en la sociedad cubana hasta la actualidad», según recogió la investigadora titular del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, Rosa Campoalegre Septien, en su texto Prostitución en Cuba: miradas a fondo desde los feminismos poscoloniales

Vocablos como «jineteras» o «luchadoras», de alguna manera legitiman estos comportamientos, pero en la actualidad están teniendo lugar nuevas formas de manifestación de un tema que en el ámbito académico ya se debate como sexo transaccional. 

Así lo explicó la investigadora del Centro de Estudios Sobre la Juventud, Raida Semanat Trutie, quien compartió con Cubadebate los resultados de una investigación realizada por la institución en todas las provincias del país. 

Las más de 1 500 adolescentes que formaron parte del estudio (estudiantes de enseñanza media y media superior) reconocieron que luego de las adicciones y la violencia, la prostitución es uno de los fenómenos que más afecta a las juventudes cubanas. 

«Si bien asumen que no es un comportamiento generalizado entre estas poblaciones, manifiestan que está presente, de forma visible, en la sociedad. Lo identifican en mayor medida en las cabeceras de las provincias, aunque también fueron señalados otros territorios urbanos y, en menor dimensión, algunas zonas rurales», arrojó el estudio. 

Por otro lado, los sujetos participantes aludieron a las tendencias presentes a partir de la amplia apertura a internet y las redes sociales, las cuales ofrecen nuevas configuraciones a las maneras de relacionarse y vivenciar sus sexualidades.

Al indagar en las principales causas de este tipo de comportamiento -detalló Semanat Trutie-, las mismas son asociadas a: «falta de conocimiento y ayuda, por embullo, por su personalidad, para no trabajar, por problemas económicos, para mantener a sus hijos, falta de educación y control de los padres, baja autoestima y autovaloración». 

De igual modo, los adolescentes mencionaron «las amenazas, el maltrato, por diversión, falta de apoyo de la familia e instituciones y problemas psicológicos».

***

Me llamo Lucía, pero mis amigos me dicen Lucy. Soy gay de nacimiento, aunque me descubrí completamente cuando tenía 15 años. Mi primera pareja fue una figura aquí en Cuba. Estuvimos tres años.

Vivo con mi mamá, un tío y una hermana. Mi papá falleció cuando yo tenía dos años. Dice mi mamá que mi papá era súper homofóbico. Mi tío es muy complejista, tiene muchos prejuicios y no entiende muy bien esas cosas. Siempre le decía a mi mamá que yo tenía que verme con un psicólogo o con algún médico, que eso no era normal, que por qué yo ponía la mano así. Me daba tremendos manotazos. Gritaba: «»¡Baja la mano, cojone!, que esa manito así partía es de mujeres».

Ahora de viejo es que se ha relajado más o menos conmigo, porque ¿qué va a hacer? Convivimos juntos y fue lo que le tocó, desgraciadamente para él, porque para mí no es ninguna desgracia. Es un hombre súper homofóbico, pero pa» que tú veas, a las lesbianas sí las entiende. Machista de mierda.

Recuerdo que había una novela brasileña que se llamaba «Tuquiña» y yo me ponía a bailar como Tuquiña y le decía a mi mamá que quería ser como ella. Siempre quise ser bailarina, o como las muchachitas del barrio. Me ponía pañuelos largos en la cabeza como si fuera mi pelo. Yo era una historia.

??l escuchaba y veía todo eso y le centrifugaba la cabeza a mi mamá, que me daba una mano de golpes porque se dejaba guiar por él. Se acomplejaba. No sé cuál era el muerto que le daba a ella.

Se lo vine a decir a mi mamá como a los 16 o 17 años, por una tía que me dijo: «Mira, vamos a conversar con tu mamá. Yo sé perfectamente que tú eres gay. Ella no te va a hacer absolutamente nada, pero tienes que hablar claro con ella porque todo el mundo sabe lo tuyo, menos tu madre».

Me llené de valor y se lo dije. Me respondió que lo sabía, pero estaba esperando que yo se lo dijera. Yo decía por dentro de mí: «Se lo hubiese dicho hace mil quinientos años», pero no lo hice por miedo, porque mi mamá no es que sea homofóbica, pero no es lo mismo tener una amistad que un hijo. Eso es un tema más complicado. ¿Ustedes me entienden?

Ella me dice que las madres quieren que sus hijas paran, y yo le digo: «Bueno, mija, imagínate tú, esto fue lo que tocó». Y nada, pa»lante.

¿Que cuándo me cambié el nombre? Bueno, yo nací siendo Leandro*, pero Lucía me lo puso un vecino de enfrente de mi casa que siempre se ha llevado muy bien conmigo. Es una persona que no tiene ningún tipo de prejuicio. Ay, ¿pero no es verdad que el nombre es lindo? A mí me gustó. Mis amistades me llaman así, excepto mi familia y mis vecinos que me llaman Leo o Leandro. No por Lucy.

¿Qué estudié? Bueno, me gradué de Refrigeración en el politécnico Hermanos Gómez, hice prácticas en Vento y Camagüey, después en la calle Lombillo, en el Cerro, y por último, en 100 y 51. También hice prácticas en la terminal 3 del aeropuerto. Pero después decidí irme. No me identificaba en ese trabajo.

No tengo miedo a enfrentarme a nada por mi condición sexual. Si tuviera que pararme vestida de travesti a dar clases a los niños lo hiciera, sin ninguna pena. Nunca he tenido ese miedo. En los lugares donde he trabajado nunca he vivido ningún tipo de rechazo u homofobia. Y con mis vecinos me llevo muy bien.

Siempre he tenido extensiones o trenzas, cuando estaba en el Tecnológico también. Así me siento segura. No me puedo vestir de varón porque me siento mal yo misma.

***

Existe una vinculación estrecha entre practicar la prostitución y las vulnerabilidades que pueden llevar a la misma. «Aunque hay muchas personas que deciden ejercerla como forma de trabajo, y por eso se denomina sexo transaccional, otras tienen asociadas determinadas vulnerabilidades sociales».

Así lo explicó la socióloga Iyamira Hernández Pita, para quien la migración figura entre estas vulnerabilidades: «Cuando ocurren migraciones, detrás hay procesos de adaptabilidad que no siempre son favorables. Las personas vienen pensando que van a encontrar determinadas opciones laborales, pero no siempre resulta de esta manera». 

En algunos casos, no son las carencias económicas o la migración las causas que llevan a las personas a prostituirse. La profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, Arlín Pérez Duharte, apuntó que desde su experiencia en la abogacía ha podido ver otras.

«Hay quienes entran en este mundo por embullo, por las presiones de un grupo, porque les gusta la buena vida, los lugares caros, los hoteles. Ni siquiera es por desventajas económicas», destacó la jurista. 

Por su parte, la socióloga añade: «La comunidad LGBTIQ+ (lesbiana, gay, bisexual, transgénero, transexual, travesti, intersexual y queer) es vulnerable, pues sus integrantes tienen pocas probabilidades de empleo, dejan sus estudios, y en muchos casos no cuentan con el apoyo de la familia. Por estas razones, un espacio  para ellos importante o «fácil» de trabajo es la prostitución».

De acuerdo con la tesis de maestría en Sexología y Sociedad, de Andy Aquino Agüero, titulada La prostitución trans: acciones socioeducativas dirigidas a la transformación social, el limitado acceso de la población trans a mejores ofertas de trabajo hace que practiquen la prostitución como forma económica fundamental para satisfacer sus necesidades. «Esta tendencia ha llegado a manifestarse tan comúnmente en sus vidas que se ha naturalizado», refiere la investigación del año 2020.

La Encuesta sobre indicadores de prevención de infección por el VIH/Sida 2013 (edición 2015), implementada por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), permitió, a través del estudio Un acercamiento a la representación social de las personas trans en Cuba: actitudes de la población hacia ellas, constatar que: «En cuanto al nivel de instrucción, a diferencia de lo que ocurre en la población cubana, las personas trans son en su mayoría de bajo nivel.  

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«El 92.6% tienen enseñanza media a lo sumo, el 4.6% tienen nivel medio superior vencido y un 2.8% son universitarias, mientras que en la población de 12 a 49 años, las proporciones son en el orden del 36.6%, 49.5% y 13.8%, respectivamente», refiere el estudio.

Por su parte, la Encuesta sobre indicadores de prevención de infección por el VIH/Sida-2017 (edición 2019), destaca que, aunque «dos de cada cinco hombres (43.6%) y dos de cada cinco mujeres (39.3%) consideran que todas las trans se prostituyen, la realidad es que el dato se ubica en el 52.1% de la población trans».

Aunque, según información aportada por la Coordinación Nacional de Transcuba, reflejada en la tesis de Aquino Agüero, en el 2015 la cantidad de personas trans que se prostituían alcanzaba el 74.8% del total general, concentrándose en La Habana fundamentalmente, con un 91.4%. 

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Mariela Castro Espín, en su tesis del 2014 para la obtención del Título de Doctora, titulada Estrategia para la integración social de las personas transexuales en el contexto actual de la sociedad cubana, expuso que las personas transexuales «solo son consultadas cuando se necesitaba dinero en el hogar, llegándose a aprobar, en algunos casos, la prostitución de la persona transexual mientras contribuya a la economía familiar». 

Otro elemento que se destacó en la investigación de Aquino Agüero es que las personas trans entrevistadas no contaron con el respaldo económico de sus familiares y muchos de ellos fueron expulsados de la casa a temprana edad por travestirse: «Esta situación derivó en que se vieran forzados a ejercer la prostitución en muchos casos, como único medio para subsistir y poder dar cobertura a sus necesidades básicas». 

***

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Ilustración: Robert Raez /Cubadebate

Vestida de varón, Lucía se siente muy insegura. Le cuesta caminar, mirar a la gente. Le gusta que la miren. Quisiera que un día todo el mundo la llamara «muchacha». De ropa se pone vestidos anchos y alguna manillita. De maquillaje, solo base, y uñas. Así sube fotos a su perfil de Facebook y en todos los grupos para buscar pareja. Ahí también «cuadra» clientes, le mandan solicitud de amistad y se escriben por mensaje privado. 

«Siempre les digo que soy travesti y puta, para que no me hablen de amor ni de romance. Claro, eso es si no me llaman la atención». Nunca le ha preocupado lo que diga la gente. «Mi vida es mía. Ni me importa ni me molesta ningún comentario. Algún día se tendrán que acostumbrar». 

Ahora mismo, mientras conversamos con ella en el portal del Gran Teatro de La Habana, hay miradas que no disimulan su atención sobre nuestra mesa. El dependiente que nos atiende -mitad circunspecto, mitad desconfiado-, pasa, mira de reojo. Hay algo que no encaja en sus patrones. 

«Ay, la gente es más indiscreta», comenta Lucía y no aguanta la risa. Si a algo no le teme es a mostrarse como es. ¿Por qué esconder su identidad? «Como si ponen un cartel grandísimo mío aquí en el Gran Teatro. Yo no le tengo miedo a la sociedad. Tú no crees que ahora mismo no hay alguien diciendo «¿qué hace este negro maricón conversando con esta gente»?. Eso les preocupa. Ah, bueno».

En un día cualquiera, las noches de Lucy empiezan después de las 12:00 a.m. y ocurren en las entrecalles habaneras. Come, se arregla, sale de casa. La mejor hora es casi siempre después de las cuatro de la mañana, «el horario de los trabajadores». Ahí es cuando logra hacer algo de dinero. En sus mejores noches se ha llevado en la cartera 2 000 pesos cubanos. En sus peores, «ni un dólar». 

«El que te diga que siempre hace eso es mentira. «¡Eso es mucha mentira! Nadie camina más que yo. He ido hasta Guanabacoa a pie. Para allá, para la rotonda y por la refinería ??ico López». 

Cuando se cansa, se sienta en un parque. Hace una media. Ahí se puede encontrar con conocidos que andan en lo mismo, pero ella no se une. Lucía trabaja sola. Nunca ha tenido chulos. Lo que hace es para ella. Ni a sus parejas les ha dado nada. 

Para conseguir clientes se fija si se le quedan mirando. «Uno conoce cuando un hombre se nos queda mirando por qué es». Ahí es cuando aprovecha y suelta su  línea: «Y entonces, papi, ¿cómo es»?. 

Lo que sigue a continuación casi siempre comienza por una persona que pregunta «¿cuánto es»?, y termina en un «apúrate, va a bajar gente, los vecinos tiran agua y se ponen pesadísimos». Por supuesto, esa es la dinámica cuando se trata de «un gordo o un viejo. A la mayoría de ellos no le cuadra estarse marcando y lo que hacen es que terminan rápido». 

En el medio de esta escena hay tarifas que varían según el municipio en que se encuentren, la nacionalidad del cliente y hasta el estado de los zapatos. Las cadenas también cuentan. Lucy sabe exactamente cuándo es fantasía, acero quirúrgico u oro. 

«Vedado y Playa, eso es zona turística. En la periferia, por ejemplo, Diez de Octubre o Vía Blanca, antes de la pandemia se cobraba desde 50 hasta 250 pesos. Para los extranjeros se cobra otro precio. Por ejemplo, 50 dólares o al cambio a la moneda nacional». Claro, influye el porte y aspecto del extranjero, «porque hay una pila que son infladores y mochileros que no tienen ni un peso o vienen con lo exacto». 

También se fija mucho en la piel. Mientras ellos creen que les está prestando atención, Lucía busca marcas y cortadas. Además, tiene una técnica para identificar la sífilis. Se la enseñó un amigo. Los besos no están permitidos y, cuando acaba, siempre se limpia con el alcohol que una amiga se roba de un hospital de La Habana.

«En la prostitución tú no sabes con quién te encuentras, no sabes si estás con un violador, un asesino, un prófugo, un presidiario, un enfermo mental»»

Cuando piensa que hay algo raro, o que puede haber alguna trampa, les dice: «Voy un momentico a la esquina a orinar», y más nunca la ven.

El dinero siempre lo pide primero. «Hay veces que ellos quieren recrearse y eso no es así. Porque en el tiempo que yo estoy con un cliente, están pasando otros por la calle que estoy perdiendo. ¿Entiendes? Entonces» no me parece».

¿Es más por placer o por dinero? 

Es más por dinero. ¿Por qué? Porque cuando uno se prostituye no siempre te vas a meter un pepillo. Si te encuentras cosas buenas es de gratis, quieren estar contigo así, porque no tienen ni un medio, y entonces uno dice, bueno, para refrescar, porque ya han sido demasiadas cosas en candela. 

¿Por qué te gusta? 

Me divierto en la calle. La paso muy bien. Son muchas experiencias que adquiero. He estado con tres y cuatro hombres en un cuarto. He vivido y he pasado por muchas cosas. Uno no quiere que le pasen, pero imagínate tú.

A mí me gusta prostitutirme. Se lo digo a mis amistades. Y he tenido relaciones formales y todo. Tengo suerte para que mis parejas me quiten de la calle, pero cuando estoy mucho tiempo sin salir me ahogo. Tengo que ir y estar con tal y cual muchacho, sentir esa adrenalina. 

El día que me vaya de aquí, lo voy a seguir haciendo, hasta que choque con un millonario, porque esto no puede ser para toda la vida tampoco. Uno nace para morirse, y los trans nos enfermamos muy rápido porque somos muy promiscuos, estamos a lo loco por la vida, envejecemos muy rápido, coges sereno, no descansas, no tienes buena alimentación, mucho agotamiento físico, te maltratas y acabas con tu cuerpo. 

¿No crees que llegues a un punto de tu vida donde necesites más tranquilidad? 

Sí, lo he pensado. Yo comparto este tema con ustedes para que sepan que nuestras vidas no son fáciles. Somos como el payaso, nos reímos por fuera, pero tenemos mucha tristeza por dentro. 

Si yo encuentro ahora una persona que llegue a mi vida, me tranquilice y me llene en todo, si siento que no tengo necesidad de buscar otra persona» Pudiera ser.

¿Sientes que nunca nadie te ha llenado? 

Hasta ahora no. A lo mejor es que uno se acostumbra a la calle, y luego para salir y quitarse, es como si fuera una droga, una muy fuerte. Y de la droga es muy difícil escapar. 

¿Has buscado asesoría con psicólogos para dejar la prostitución? 

No, para que tú veas, nunca he ido a ninguno ni me ha pasado por la cabeza. Uno está mucho tiempo solo y busca en la calle lo que no tiene en su casa. Por lo menos en mi caso, me acostumbré a la calle. Llevo muchos años. 

¿A qué te refieres con que lo que no tienes en tu casa lo tienes en la calle? 

No sé, una persona que te entienda, comprenda, te dé cariño, y con quien puedas hablar de todo. Y a veces, aunque sea todo una mentira o una falsa ilusión, uno se motiva más o menos, me lo creo o hago que me lo creo, y puedo contarle mis cosas y desahogarme, algo que no puedes hacer en tu casa, con la familia. No es lo mismo, ni te van a apoyar igual. 

No le tengo miedo a las calles, ni a los pajusos, ni a los violadores, ni a los asaltantes. He estado con asaltantes y todo. Y me han puesto los cuchillos al lado, pero no puedes salir con miedo ni demostrárselo porque si no, hacen contigo lo que les da la gana. 

¿Te han robado? 

No. 

¿Y violado? 

¿Violarme?

¿Está penada la prostitución en Cuba?

Desde su experiencia en el estrado, la profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, Arlín Pérez Duharte compartió con Cubadebate lo que estipula la ley para las personas que se prostituyen.

«Hay una división en el Derecho Penal que se llama estado peligroso. ¿Qué es? Se define como el conjunto de condiciones subjetivas que autorizan un pronóstico acerca de la propensión de un individuo a cometer delitos. Esto es lo que se llama índice de peligrosidad preventiva», precisó la abogada.

Entre estos índices -dijo- están el consumo de drogas o la adicción al juego, por ejemplo. La legislación los clasifica como «persona que practica juicios reprobables o reprochables». «En esos casos, han sido y son llevados ante los tribunales las personas que ejercen la prostitución», acotó Pérez Duharte.

Pero antes de llegar a la privación de libertad o considerar a una persona en «estado peligroso» se transita por un camino preventivo para evitar que cometan o se asocien a un delito. «Están las llamadas medidas de seguridad para frenar el camino por el cual se dirige la persona, que son las conocidas cartas de advertencia», dijo la abogada.

En el expediente de estas personas «explicó» deben figurar las varias advertencias hechas por el jefe de sector, el trabajo de las organizaciones de masas como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), además del análisis de los lugares y personas que frecuentan, sobre todo si estas tienen conductas delictivas.

«Si la persona persiste con esa actitud, se lleva ante el tribunal y la fiscalía presenta los elementos que tiene en su contra. Durante este proceso tiene derecho a un abogado y con todos estos elementos el tribunal decide».

De acuerdo con Pérez Duharte, estas medidas pueden ser que la persona se integre, por un tiempo, en un centro de trabajo, o el internamiento en un centro especializado, por un tiempo de hasta cuatro años. Lo importante «dijo» es la labor preventiva: «Es vital, pero también lo más complicado, porque tienes que atacar las causas, que son diversas, la mayoría de las veces económicas o migratorias».

A partir de estas reflexiones surge la interrogante: ¿Son las personas que ejercen la prostitución víctimas? La profesora refirió que en ocasiones las personas que se dedican al sexo transaccional son golpeadas por los clientes, y también les quitan el dinero o intentan forzarlas a acciones que ellas no están dispuestas a realizar.  

Pero la credibilidad de las víctimas puede ser un punto de debate. «La falta de confianza que muchos aún demuestran hacia las personas trans y la violencia simbólica es difícil de entender», comentó la abogada. 

De igual modo, subrayó que la actitud de oficiales de la policía puede ser «machista», sobre todo cuando se ven involucradas personas transgénero.

«No es menos cierto que cuando se mira en las investigaciones realizadas por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) en el tema del sexo transaccional y todo lo que se mueve en la comunidad trans, se evidencian casos de discriminación», indicó Pérez Duharte.

En la investigación para su tesis de maestría, Aquino Agüero observó que algunos policías se comunicaban a través de la planta y procedían a trasladarlas a la estación. «En estas circunstancias, las personas trans respondían airadamente: «Siempre es lo mismo», «son unos transfóbicos», «Mariela se va a enterar de esto». Ante ello, la policía respondió esposándolas y montándolas en la patrulla.

Para este reportaje, la abogada comentó que la forma de vestir de una persona no debería ser la razón para que fuera detenida y «menos en la entrada de su casa, saliendo de un cine o en un lugar público». Sin embargo, sucede. Hay policías que no actúan de manera correcta en estas situaciones.

Sobre el asunto también habló Mariela Castro Espín en su tesis de doctorado, en la cual abordó cómo la práctica de la prostitución ha conducido a las personas transexuales a tener problemas con la policía y a forjarse mala reputación. 

De igual forma, existen otros escenarios donde pasan de ser víctimas a convertirse en victimarios. «Se revelan ante estas situaciones de violencia y terminan ellas dando los golpes», indicó la abogada. 

***

Sucedió una noche. Se había emborrachado y, de una banda de ocho muchachos, se le acercó uno y le propuso irse a un alquiler. Ella «que tenía a la calle como su escuela y trabajo, que había descubierto tantas mentiras y trucos, a quien nadie podía hacerle un cuento» no vio la trampa. A decir verdad, pocas veces dejaba que la ingenuidad y el alcohol la dominaran. Pero los efectos de la bebida le habían venido a joder la noche. A ella, a Lucía, que lo analiza todo, o casi todo.

De Vía Blanca y Diez de Octubre caminaron hasta la esquina de Toyo. En el pasillo de un edificio, el hombre le dijo que entrara. Lucy obedecía todo el tiempo. ¿Quién sabe por qué mundo andaba? Tuvieron sexo oral, consensuado al inicio. Después él la violentó en la escalera. Durante la penetración, sacó una navaja y la amenazó con cortarle la cara si se le ocurría gritar. Ella le pidió que no le hiciera nada. Y se dejó. Es la única vez que la han violado desde que se prostituye por las calles de La Habana.

Cuando el tipo terminó, recogió del suelo la ropa de Lucy, salió del edificio y la tiró encima de un tanque de basura. Era la estrategia para asegurarse de que ella no saliera corriendo, a pedir ayuda. Así, a él le daba tiempo para irse en paz, sin escándalos, mientras ella esperaba desnuda el momento de salir y buscar cada prenda. Se vistió, volvió a su casa e intentó dormir. La agresión le provocó sangramiento durante varios días.

Lucy dice que tiene suerte para los hombres celosos y agresivos. Habla de parejas, de los cuatro o cinco novios formales que ha conocido en la calle, o en algún bar citadino, o en el Parque de la Fraternidad:

«Al principio, ellos empiezan a hacerse «los tizas». Parece que no me ven muy agraciada, entonces yo dejo que inflen y que se den su aire, su viento y su ventolera. Hasta que un día se levantan y dicen «quiero ser tu marido», y salen para la calle conmigo y no les importa que la gente los esté mirando. Ellos se declaran y no tienen pena ni nada. Algunos hasta botan a sus mujeres. Lo malo que tienen, es que son violentos».

***

¿Y te has enamorado alguna vez?

Ay, sí, una sola vez nada más. Cuando estaba en el tecnológico estudiando refrigeración. ??ramos compañeros de aula. ??l fue el segundo en «perjudicarme». Me enamoré y como era tan joven yo lo sentía, pero no así de hacer una crisis y caerle atrás.

¿Llegaron a ser novios?

Noviecitos. El que se me insinuó a mí fue él. Y yo llegué a conocer a la mamá y el papá y todo. Para ellos, nosotros estudiábamos juntos. La mamá era periodista. Ahora están en Miami. Vivía por mi casa y él me decía para irnos juntos y me esperaba. Yo siempre me iba un rato para su casa y él me acompañaba de vuelta a la mía. Tenía muchas acciones y detalles conmigo. Me ayudaba en muchas cosas. Siempre lo tenía ahí.

¿Siguieron en contacto después de graduarse?

Sí, pero lo perdí cuando se fue para Estados Unidos. He tratado de buscarlo y le he escrito a su Messenger, pero no me ha respondido ni nada. Parece que no lo usa. O no sé»

***

El último esposo que Lucía tuvo, hace dos años, le destrozó la boca en un ataque de celos. Con la misma naturalidad con que le había dado el dinero para rellenarse los labios, le dio un golpe que terminó con cuatro puntos. De camino al hospital, «El Rottweiler» «como le decían a Pedro en el barrio de Lucy, por su temperamento serio y poco sociable» le dijo que ni se le fuera a ocurrir decir que tenía la boca hecha mierda por su culpa.

» Mira, mijo, tranquilo, a mí no me interesa nada de eso, tú sabes que me gustas, yo no voy a decir que me diste golpes «le respondió ella. Tenía la boca hinchada. «El Rottweiler» no entendía que Lucía violara su regla de macho-varón: «Yo nada más quiero que tú hables conmigo, que nada más me lo cuentes todo a mí».

Ese mismo día, cuando regresaron a la casa de Lucy, ella se llenó de fuerza y le dijo:

«Pedro, tú y yo no podemos seguir juntos.

«Ah, ¿porque tú me vas a dejar? Si yo lo que estoy celoso porque na» ma» te quiero pa» mí «le contestó con un ligero aire infantil.

«Te lo acepté ya una vez. Si yo sigo contigo tú me vas a matar «ripostó Lucía mientras pensaba en su sobrina de cuatro años, que vivía en la misma casa y estaba muy pequeña «para esos espectáculos». Ese día dijo «»¡hasta aquí!».

«Todavía hoy, me llama cada rato. Pero ya, porque él es muy violento. Muchas veces, cuando le cojo el teléfono, me dice: «¿Por qué te demoraste tanto para contestar»?. Y le digo: «Tú y yo no estamos, yo no tengo que estar dándote tantas explicaciones; ando en la calle, soy puta y no puedo cogerte el teléfono». Entonces se altera y me responde: «Ves, que tú eres una falta de respeto, quieres ver cómo voy pa» allá y te parto la cara». Lo amenazo con llamar al 106, y ya. Me «tragiqueo» así».

Como la noche en que la violaron, luego de los golpes de «El Rottweiler», Lucy tampoco hizo la denuncia en ninguna estación. Evitaba todo tipo de contacto con la policía. Ella era la agente de su propio orden. La vida le ha dado tantos trastazos que, a fuerza de voluntad, debía imponerse a sí misma particulares reglas de subsistencia.

¿Problemas con la policía»?

Mil quinientos «dice y recuerda aquella vez, por Cuatro Caminos, cuando la voz de un oficial le dijo la frase que probablemente más le aterra en la vida: «Oye, ciudadano». Y salió corriendo.

Cuenta Lucía que los policías «se ponen pesados con los travestis», que los tratan mal, que se burlan. Cuando los tiran por la planta se refieren a los transexuales como «cocodrilo», «rosa», «mono», «mariposa». Lucy, que lleva años prostituyéndose, asegura que lo hacen para provocar.

Dos patrullas la persiguieron. De nuevo. Otra vez la cogieron. Si no se hubiera entretenido esto no hubiera pasado.

Continuará»

Esta es la primera parte de una serie en la que contamos las historias de varias personas, para acercarnos al fenómeno de la prostitución en Cuba. Si deseas contarnos la tuya puedes escribirnos al correo comentacubadebate@gmail.com

* El nombre fue cambiado para proteger la identidad de la entrevistada.

Tomado de Cubadebate

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Medio de información alternativa que alerta sobre campañas de difamación contra Cuba. Publica noticias y análisis con un tratamiento objetivo de los hechos. Muestra los intereses que el poder global oculta para mantener sus privilegios. UCI, La Habana, Cuba. editor@cubadebate.cu

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