Concurso Adolfo Guzmán: La manzana de la polémica

En 1971 Un mundo para todos dividido, (poesía) de Roberto Sosa; La última mujer y el próximo combate (novela) de Manuel Cofiño, y Ojo por diente (cuento) de Rubén Bareiro, fueron los Premios Casa de las Américas.

Eduardo Galeano, entonces un desconocido autor uruguayo de 31 años, mereció una mención con Las venas abiertas de América Latina, el libro que poco tiempo después se convirtió en una suerte de clásico en nuestro continente.

Fue censurado en algunos países, pero se considera que tiene una versión arquitectónica de las manos de Oscar Niemeyer en el complejo cultural que desarrolló el antropólogo Darcy Ribeiro.

En la música, el libro despertó alusiones de Leon Gieco, en su canción Los Salieris de Charly; en 1994, la banda mexicana Tijuana No! incluyó el título en una estrofa de su canción La esquina del mundo; en 1995 Los fabulosos Cadillacs montaron el tema Las venas abiertas de América Latina en su disco Rey Azúcar y en el 2009 Hugo Chávez le regaló un ejemplar a Barak Obama, son sólo algunos ejemplos de cómo un texto apartado a un lado en un momento, después hizo una carrera de reconocimientos.

Tonada y filin para un caminante, de Andrés Pedroso, interpretada por Sara González fue el premio del concurso Adolfo Guzmán de 1980, certamen en el que participaron 2735 obras.

Entre esa cantidad de piezas estaba Para Bárbara, de Santiago Feliú, interpretada por Silvio Rodríguez con orquestación de Frank Fernández, obtuvo una mención. Entonces Santiaguito tenía 18 años. Aunque murió joven, tuvo vida para ver cómo su canción se convirtió en una suerte de ícono de la canción cubana.

¿Acaso el Premio Casa de las Américas no es un certamen serio? ¿Por qué el jurado de 1971 no vio lo que sintieron millones de personas después al leer el libro?

Aquel jurado de Casa de las Américas –y todos–, incluido el del Guzmán de 1980, están formados por seres humanos con cosmovisiones personales. Eligieron lo que consideraron mejor, pero el tiempo puso las cosas en su lugar.

II

En el contexto del Festival Mundial de la juventud y los estudiantes, celebrado en Cuba, en 1978, se realizó el primer concurso Adolfo Guzmán. Canción eterna de la juventud, de Martha Valdés fue la merecedora del premio.

Desde ese año hasta 1989 para algunos especialistas transcurrió la mejor etapa del concurso de composición. Fueron galardonadas las piezas Junto a mi fusil, mi son, de Andrés Pedroso e Inclina el cetro a la flor, de Lázaro García, ambas interpretadas por Omara Portuondo se insertan en obras reconocidas por los expertos, a las que se le unen Presencia, simplemente de Ramiro Gutiérrez y Tú eres la música que tengo que cantar de Tony Pinelli, ambas interpretadas por Pablo Milanés.

En el último año de ese primer lapso se convocaron tres categorías: instrumental que ganó Introducción y guajira, de Rafael Guedes defendida por Aldo Rodríguez con la Orquesta del ICRT; en bailable ganó La cena del familión, de Alfredo López Portela con la Orquesta Original de Manzanillo defendiéndola y canción que tuvo en Canción de un beso a la triunfadora, de Roberto Novo en la voz de Ahnaís Abreu.

El Guzmán volvió a celebrarse del 2000 al 2007. En ese primer año ganó Mariposa de Pedro Romero, interpretada por Beatriz Márquez. A partir del segundo certamen, de esa temporada, se convocaron dos géneros canción y bailable. En el primero ganaron Decirte cosas de amor de Roberto Novo con Diana Fuentes en la defensa, y Se me va la vida compuesta y cantada por Pedro Romero, en bailable estuvo Doctor, doctor de Ramón Ramírez con la Original de Manzanillo.

Durante las dos períodos precedentes el concurso se celebraba en el teatro, se transmitía en vivo por la televisión y por ejemplo en 1979 un colega señaló “Paciencia, mucha paciencia, hubo de tener el telespectador en la interminable noche del domingo para poder conocer a los ganadores. Porque, de modo increíble, fue a la altura de la una y treinta de la madrugada (era ya lunes) que se interpretaron las composiciones ganadoras de los máximos galardones”.

III

En el 2016 la prensa cubana se hizo eco de esta noticia “Con el propósito de estimular la creación musical la Televisión Cubana (TVC) y el Instituto Cubano de la Música convocan al Concurso Adolfo Guzmán de la canción cubana, que se celebrará del 23 al 25 de diciembre en el Teatro Nacional.

Los autores interesados en participar deben enviar sus composiciones antes del 30 de septiembre próximo a la Dirección de Comunicación de la TVC, cita en Edificio N, 6to piso, Pabellón Cuba e/ 21 y 23, Vedado, Plaza de la Revolución. Se puntualizaba que habría premios en “orquestación, interpretación y a las mejores obras, además del Gran Premio del Concurso Adolfo Guzmán 2016.”

Fueron recepcionadas en la oficina de relaciones públicas de la Televisión Cubana 739 obras de 406 autores. Pero el concurso por diversas razones no se celebró en los años siguientes.

La dirección de la TVC le propone a Manolito Ortega, a partir del conocimiento de las críticas realizadas en las primeras temporadas, dirigir el espectáculo-concurso con una propuesta moderna, que respete lo esencial del Guzmán pero que aporte una puesta atractiva para los más jóvenes.

El exitoso director de programas como Sonando en Cuba (la segunda propuesta), los Bailando y la Banda Gigante, más los programas de fin de año y otras galas, reconocidas por su visualidad, colorido y puesta en escena, era el adecuado para un nuevo certamen que respetara las esencias. Este hacedor audiovisual dijo:

– El mayor reto pienso está en el público y su asimilación de un “nuevo” concurso Adolfo Guzmán. Me parece que viviremos lo mismo que cuando el primer Bailando en Cuba, que en las emisiones iníciales la audiencia estaba completamente dividida entre los que le encantaba y los que añoraban a Para bailar, creo que aquí podría suceder lo mismo. Espero que se acostumbren a que es una nueva propuesta, una nueva fórmula, pero que no pierde la génesis del concurso que es la composición, aunque se introduzca la interpretación y se convierta en un concurso de interpretación y composición donde la elegancia, el buen gusto y la buena música desde el género canción estará presente en esta nueva edición, como sucedió en las anteriores.

– Los compositores eligieron a sus intérpretes, el casting lo realizamos porque había muchos compositores que no tenían idea de quienes podrían interpretar sus temas y por eso la decisión de hacer el casting. El jurado hizo una pre-selección de los intérpretes buscando calidad interpretativa y de esa selección muchos compositores eligieron a sus intérpretes, en otros casos los compositores defienden su propio tema y en otros ellos nos llevaron sus propuestas. Para este Guzmán decidimos que todos los intérpretes fueran desconocidos aunque fueran cantantes profesionales, pero que no habían tenido la oportunidad de tener una excelente promoción y aunque llevaran tiempo con sus carreras fueran desconocidos al gran público.

– Creo que del Guzmán tradicional mantendremos muchas cosas. El tema que ha identificado al Concurso, No puedo ser feliz, de Adolfo Guzmán, (por supuesto con un arreglo contemporáneo) será nuevamente la canción centro del concurso; además de la buena interpretación, mantendremos la elegancia y el buen gusto que caracterizó el Concurso; habrá momentos especiales dentro de la competencia y las galas intermedias que también estarán presentes. Es imposible hacer un concurso al igual que en los años ’80, este será totalmente renovado, con una mirada diferente a la canción en la que será privilegiada la canción contemporánea y con los códigos estéticos de estos tiempos. Pretendemos lograr un certamen que no renuncie a sus esencias pero que pueda renovarse en el tiempo y logre no solo conectar con las generaciones que recuerdan con cariño el evento, sino también que dialogue con las nuevas generaciones que no conocen el concurso y se muestra como algo novedoso para ellos

– Queremos tener una conducción desenfadada y en cada programa hacer en la voz de ella un homenaje a Adolfo Guzmán, desde la mirada del teatro musical y en ese sentido Luna (Manzanares) tiene gran experiencia por su participación en el musical Carmen la cubana.

A su vez Lil Romero, la guionista dijo:

– A mi entender, debemos trabajar para dos públicos esenciales: aquellas personas que conocen el Concurso Adolfo Guzmán, que fueron jóvenes a finales de los años ´70 o en la década de los ´80 y que recuerdan el Concurso en sus primeras etapas, y aquellas que no saben nada de él o que lo conocen de referencia, que nacieron después de la época dorada del Guzmán o que eran muy niñas y no tienen preconceptos sobre él porque no lo vivieron. Complacer las expectativas de estos dos segmentos de públicos es una tarea difícil. En el caso del guion, lograr que estructura y texto puedan conectar con ambos segmentos, encontrar un espacio común donde ambos se sientan a gusto y representados es también un reto interesante. El gran referente es el legado que el Concurso Adolfo Guzmán ha dejado para la cultura cubana. El gran desafío es poder honrarlo a la altura de estos tiempos.

El concurso debía durar diez semanas por lo que resultaba muy difícil que reconocidos intérpretes estuvieran tres meses, esperando a cantar en el Guzmán. De ahí que se decidiera darle la defensa de las canciones a intérpretes desconocidos, que fueron sometidos a casting.

Las obras concursantes llegaron a Manolito en sobres cerrados, solo con los seudónimos. De ahí se hizo una preselección. Había, según fuentes que consulté, hasta canciones a la licra.

El jurado trabajó durante siete días FOCSA, realizaron una primera selección de 67 piezas, luego 39 y finalmente las 24 que están en la lid.

Dos premios nacionales de la música, Adalberto Álvarez y Beatriz Márquez, Israel Rojas, un reconocido letrista de canciones, Edesio Alejandro, un cultor de música electrónica, rock y la musicóloga yianela Perez, con aval de investigación, integran el jurado. Son figuras reconocidas, con diversidad de acciones en la música y suficiente prestigio para confiar en su veredicto.

Los arreglos corrieron a cargo de 24 músicos entre los que se encuentran Alejandro Falcón, Michel Herrera, Robertico Carcasés, Emilio Vega, Martini, Manolito Simonet, David Álvarez, Jorgito Aragón y Gastón Joya.

Luna Manzanares es la anfitriona, no la conductora. Desde el principio se ha aclarado este término porque en función del show podrá cantar o bailar, además de conducir.

IV

El 18 de agosto arrancó el Guzmán con todo el glamur que lleva (aunque esta palabra parezca burguesa): grandes escotes, lentejuelas, brillo porque se trata de espectáculo musical nocturno. No habían transcurrido ni diez minutos y nació la polémica. Con dos días de trasmisión es arriesgado lanzar una opinión… pero:

  • Luna es la anfitriona, no la conductora. Si en la primera emisión tenía un micrófono en la mano, en la segunda llevaba “la balita”… bailó, cantó, estuvo desinhibida, se vio dueña del escenario. No es conductora en otros espacios, es verdad, pero lo puede hacer bien y los estelares locutores de nuestro país, difícilmente puedan bailar y cantar bien, como exige el diseño de ese espacio que abre con un oppening como homenaje al teatro musical.
  • No hay que ser experto en música para darse cuenta que las composiciones estuvieron mejor en la segunda jornada, lo demostraron los jurados con sus expresiones.
  • Si en la primera competencia las historias de la canción, en una suerte de cápsulas, parecieron largas y reiterativas con respecto al guion, en la segundo se limó ese desliz (puede ser mejor).
  • La música de Adolfo Guzmán que se escucha en su concurso, tiene sonoridades modernas y las canciones en competencia también. De ello se encargan jóvenes y talentosos arreglistas.
  • El maestro Adalberto Álvarez, Premio Nacional de Música, subrayó que se evalúa composición y letra, aunque se expongan criterios de interpretación.
  • En las dos jornadas han sido homenajeados grandes figuras de la música como Benny Moré, Juan Formell, Sara González… en las voces de reconocidas intérpretes. A la vez que se incluyen momentos como el de Ivette Cepeda, con la canción Alcé mi voz.
  • Como en otras oportunidades en este tipo de espectáculo existe una página web donde se descargan las canciones, se libró un concurso de videos sobre el tema de su preferencia y se puede acceder a piezas del casi mítico Guzmán de los ’80, que para muchos debió calcarse, sin tener en cuenta que han pasado entre 41 y 34 años. La TV ha cambiado mucho y si se quiere atraer a los públicos, acostumbrados a la imagen actual, el certamen necesita el empaque que tiene.
  • Visualidad, luces, puesta en escena, maquillaje, vestuario, han sido aspectos celebrados en estas emisiones, excepciones para confirmar la regla.
  • La forma electrónica de votar los jueces se cuestiona. A algunas personas les molesta que se sepa cuantos puntos concedió cada uno y que no hablen entre ellos. Acaso, realmente, no consultan? Si Adalberto, Beatriz, Edesio, Israel y Yianela Pérez, aceptaron esa manera en función del espectáculo y ellos son más que reconocidos, ¿Por qué no usar la tecnología en el programa?

Una observación que nace desde que Manolito y su team asumieran el primer programa, aquella segunda temporada de Sonando en Cuba: todo lo que hacen despierta la polémica.

Quizás este certamen, aunque los tiempos son otros, llenos de reguetón y otros ¿ritmos?, de a luz otra canción como Para Bárbara. Es difícil, mas soñar no cuesta nada… lo que si vale que los televidentes sigan el Guzmán, aunque sea para criticarlo.

Tomado de Cubadebate

Ernesto Arsenio Hernández Palencia

Ernesto Arsenio Hernández Palencia

Ernesto Arsenio Hernández Palencia: periodista, fotoreportero, Ingeniero Civil. Amante de mi familia y de Cuba.

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