Principales

Villa Clara siempre en 26: tejiendo su propia historia con coraje y ternura

La estirpe del villaclareño no es de quietud, sino de raíz profunda que ante el embate no se quiebra, sino que se afianza. Cuando el sol aprieta, cuando el viento derriba y el cerco se cierra, la respuesta no es el lamento, sino el abrazo colectivo que se vuelve sustancia y fuerza.

En la mano del campesino que hace rendir la tierra entre sequías y ciclones, en el pulso del obrero que no suelta la herramienta entre el polvo y el ruido, y en la mano abierta del vecino que comparte sin preguntar, se gesta una resistencia hecha de trabajo callado y fecundo.

Esa fibra humana, que antepone el nosotros al yo, no solo alivia el pesar, sino que siembra esperanza y convierte cada revés en oportunidad para reencontrarse con lo esencial y con la tierra que los vio nacer.  

Fidel, con su mirada certera y su verbo de profeta, supo leer en esta tierra central esa entereza sin estridencias, y por eso los llamó vencedores de dificultades. 

Los villaclareños no han olvidado aquellas palabras; las llevan tatuadas en el alma, en la fibra de su gente humilde y en el temple de su pueblo. Cada obstáculo es un llamado a crear, y un acicate para guapear por un futuro donde siga ondeando libre la bandera que tanta sangre y sacrificios costó.  

Así, entre el sudor que empapa y la esperanza que se agiganta, van tejiendo su propia historia con retazos de coraje y ternura.

En el corazón geográfico de Cuba, la derrota no cabe en el vocabulario, y la fe en el mañana se renueva con cada amanecer, más firme que la roca y más libre que el viento. Por eso, con la frente alta y el alma encendida, los villaclareños demuestran a diario que hay un pueblo que lucha, combate y alcanza victorias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *