Especiales

Los Therians: Con identidad animal desafían su condición de humanos

Los therians, humanos que optan por asumirse como animales reflejando, más que decisiones identitarias, una sociedad rota

Entre el flujo habitual de transeúntes, emerge en el paisaje urbano una presencia abrupta, casi onírica. Un grupo de adolescentes no camina, acecha. Se desplazan a cuatro patas con una agilidad que desafía la anatomía humana, ejecutan saltos y portan máscaras artesanales intrincadas. Algunos llevan colas pegadas. No piden dinero, no representan una obra de teatro. No es un juego, es un drama.

El grupo avanza junto pero no apretado, como si cada integrante necesitara un margen propio de movimiento y silencio. Se reconocen sin hablar demasiado y se observan con una atención que recuerda a una manada.
 
Para el paseante promedio, la escena es incomprensible, motivo para un video rápido de Instagram o un comentario jocoso. Pero para los protagonistas de este fenómeno, el momento representa su única instancia de verdad en una vida de fingimientos. 

Imagen

therians: humanos que prefieren asumir ser animales

Foto: tomada de diarioprimeralinea.com.ar

Son la comunidad Therian, y su sola existencia ha desatado una de las tormentas mediáticas, clínicas y sociales más complejas de esta era digital.

Alrededor del mundo, estimaciones audaces sugieren que hasta 40 millones de personas -un 0,05% de la población global- podrían identificarse con este colectivo. Informes periodísticos coinciden en que la presencia de este fenómeno ha crecido en países como Argentina, Chile, México y otros de América Latina, así como en espacios en línea de Europa y Norteamérica, donde comparten narrativas, imágenes y encuentros públicos. 

Y vale aclarar que no se trata del fandom furry, donde el animal es un avatar estético o lúdico, tampoco es un delirio psicótico. 

Imagen

therians: humanos que prefieren asumir ser animales

Foto: tomada de laprensa.com.uy

El therian habita una zona gris, lúcida y dolorosa: viven funcionalmente como humanos, acatan las normas, van a la escuela y trabajan, pero arrastran una «disonancia identitaria» ineludible. Sienten, visceralmente, que su espíritu o su psicología opera bajo el software de un animal atrapada en el hardware de un humano.

¿Quiénes, por qué?

La simple pregunta de ¿qué hace a una persona identificarse física y mentalmente con un animal, obviando su condición humana? contiene en sí misma una alarmante tensión entre categorías de identidad y nuevos modos de subjetividad que es un amargo y alarmante retrato de la cultura digital global. 

Aunque al referirse a los therian no pocos aluden al respeto a la diversidad, a la individualidad y a que sean felices si así quieren serlo, el fenómeno parece estar hablando de un desgarramiento de la identidad humana que casi estremece y que, en el fondo, trasciende individualidades, para remitir a contextos familiares, educativos, grupales, sociales… igual de rotos. 

El término therian proviene de therianthropy, palabra cultivada en el inglés a partir de raíces griegas que significan “bestia” (therion) y “ser humano” (anthropos), usada en un principio en taxonomía y en relatos mitológicos sobre transformación entre humano y animal, y adoptada desde los años noventa por comunidades en línea para describir a quienes sentían una conexión psicológica, espiritual o emocional profunda e involuntaria con animales , pero no como un delirio de transformación física, sino como una vivencia interna de identidad o afinidad profunda. 

Imagen

therians: humanos que prefieren asumir ser animales

Foto: tomada de cadenario.com

Lejos de ser una moda efímera surgida espontáneamente en un solo país, la historia moderna de los therians se remite a comunidades digitales agrupadas en foros de internet de principios de los noventa. 

Con el auge de redes sociales como TikTok, Instagram o Facebook, estas experiencias pasaron de ser testimonios escondidos en foros especializados a videos virales, debates públicos y reportajes en medios de comunicación.

La visibilidad mediática reciente -en parte alimentada por publicaciones virales de jóvenes que corren en cuatro patas en parques o usan máscaras y colas con símbolos animales- ha tensado el debate público sobre ese fenómeno, que genera preocupaciones sobre comportamiento social y salud mental.

La emergencia masiva de los therians a América Latina ha espoleado la moral conservadora y el cinismo mediático.

Las reuniones masivas de therians en plazas y parques han encendido las alarmas institucionales. Pero el verdadero campo de batalla ha sido la opinión pública, moldeada por medios de comunicación que oscilan entre el sensacionalismo y la crueldad. Esta última llega al punto de  arrojarles comida en la calle y exigirles que «sean agradecidos como perros de verdad». La violencia verbal se mezcla con la desinformación temeraria.

Imagen

therians: humanos que prefieren asumir ser animales

Foto: Captura de video de la youtuber argentina Angie Velasco

Desde una perspectiva sociológica, la expansión del fenómeno es vista también como parte de la lógica de la individualización contemporánea, pero igual se asocia a  experiencias de desapego o exclusión social.

El psicoanalista Pablo Melicchio sostiene a propósito de este tema que si un niño ha sufrido maltrato crónico, abuso sexual o una negligencia imperdonable por parte de los adultos encargados de cuidarlo, su psiquismo puede fracturarse. 

La lógica inconsciente les dicta: «Los humanos me lastiman. Los humanos son crueles. Para sobrevivir, debo dejar de ser humano». Así, adoptar la identidad de una bestia se convierte en una coraza inquebrantable; una renuncia a la especie que los traicionó.

Una voz interior les dicta: «Los humanos me lastiman. Los humanos son crueles. Para sobrevivir, debo dejar de ser humano», y adoptar la identidad de una bestia, no pocas veces un lobo, se convierte en coraza inquebrantable, en renuncia a la especie que los traicionó.

Imagen

therians: humanos que prefieren asumir ser animales

Foto: tomada de diarioprimeralinea.com.ar

Desde la psicología, expertos aclaran que identificarse como therian no constituye un diagnóstico psicopatológico. Solo se consideraría un problema mental si generara sufrimiento significativo o interferencia en la vida cotidiana. 

Pero los therians, por definición y por sus propias declaraciones, saben que biológicamente son humanos y mantienen relaciones sociales, trabajos y estudios como cualquier otra persona.

El espejo de una civilización rota

El auge de la comunidad Therian no es una curiosidad de internet o citadina, es un diagnóstico de nuestra era, el espejo incómodo de una sociedad torcida.

Imagen

therians: humanos que prefieren asumir ser animales

Foto: tomada de ellitoral.com

Según visiones antropológicas contemporáneas, en un mundo que ha talado sus bosques, extinguido su fauna y mercantilizado la vida, el ser humano posmoderno siente un vacío espiritual que el consumo no puede llenar. Y los therians son, quizás, la manifestación extrema de un duelo ecológico y social.

Desde esta mirada, asumirse como animal no es una metáfora estética ni una identidad alternativa cuasi lúdicra, sino un refugio que les evita someterse a presiones productivas o juicios morales en una regresión que no sería individual sino generacional, alimentada por precariedad económica, ansiedad climática, hiperexposición digital, y una profunda desconfianza en las instituciones tradicionales como familia, escuela y trabajo.

Y la pregunta esencial probablemente sea qué tipo de sociedades son esas de las que emergen sujetos, sobre todo adolescentes y jóvenes, que prefieren pensarse como animales y parecen andar preguntando sin palabras por qué se les ha construido un mundo tan hostil y artificial que les deja como única opción renunciar a su humanidad y huir en cuatro patas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *