El Palomar: la casa donde el amor se hizo leyenda
Para Dailismary Hernández, mi leyenda de amor

Febrero, mes del amor, es también una invitación a mirar hacia las historias que han marcado la sensibilidad de los pueblos. En San Juan de los Remedios, pocas leyendas poseen la fuerza simbólica y emocional de El Palomar, una casona desaparecida físicamente, pero viva en la memoria colectiva.
Ubicado en la esquina de los antiguos callejones Nuevo y Esplugas, el edificio fue mandado a construir a mediados del siglo XIX por el francés Augusto Fisné, quien se estableció en la villa y contrajo matrimonio con la joven remediana Ana María de Santiago González Múgica. La arquitectura singular de la casa —con torreón y elementos defensivos— alimentó desde temprano la imaginación popular.
Más allá de los muros, lo que realmente marcó al vecindario fue la música. Ana María tocaba el piano con tal sensibilidad que los alrededores se sumían en silencio para escucharla. Hasta que un día, los acordes cesaron. La joven murió repentinamente y fue sepultada en el patio de la casona.
Fisné, devastado, pasó sus últimos días junto a la tumba de su esposa. Murió poco después, dejando como último gesto la libertad de sus esclavos y la orden de ser enterrado junto al amor de su vida.
Desde entonces, comenzó la leyenda. Vecinos aseguraban ver dos palomas blancas posarse cada mañana en el torreón, arrullándose hasta el atardecer. Otros decían escuchar nuevamente el piano. Así nació el nombre de El Palomar, símbolo de un amor que trascendió la muerte.
Con el paso del tiempo, la imaginación popular sumó nuevas historias: fantasmas, tesoros ocultos, piratas y maldiciones nocturnas. Todas convivieron con la leyenda original, la más persistente y querida.
Aunque la casona se desplomó el 1 de julio de 1977, El Palomar permanece como una de las narraciones más entrañables del patrimonio oral remediano, fuente de inspiración para poetas, artistas y hasta producciones televisivas como Los Amantes del Palomar, transmitida en la década de 1980.
En febrero, cuando el amor se celebra, Remedios recuerda que algunas historias no necesitan existir en piedra para seguir habitando el corazón de su gente.
Texto: Manuel Eduardo Jiménez Mendoza.
Imagen: tomada de Internet.
