Estirpe mambisa, legado que perdura

Después de una lucha ardua y frenética contra el poder colonial, el 22 de enero de 1896, hace exactamente 130 años, las tropas del Ejército Libertador dirigidas por Antonio Maceo entraron en Mangos de Roque, Mantua, el poblado más occidental de Cuba en aquella época.
Justamente en el ayuntamiento de Mantua firmaron un acta como constancia de un duro bregar, exigente, pero épico: culminaba en aquellos campos la invasión a Occidente, el hecho de armas más audaz de la centuria.
Tres meses antes de ese acontecimiento, el 22 de octubre de 1895, las fuerzas invasoras habían salido de Mangos de Baraguá en Santiago de Cuba para unirse a las tropas que operaban en Las Villas bajo las órdenes de Máximo Gómez. Bastaron 90 días para extender la guerra por toda la Isla.
Los cubanos, cuyo número nunca alcanzó los 4 000, combatieron exitosamente contra un ejército regular que superaba los 100 000 efectivos. La campaña invasora era una acción que, desde la Guerra de los Diez Años, se consideraba imprescindible para el triunfo de las fuerzas independentistas.
Con ella se esperaba extender la guerra revolucionaria y la autoridad del Gobierno de la República en Armas por todas las regiones y destruir las riquezas que sostenían a España. Máximo Gómez, jefe del Ejército Libertador, y Antonio Maceo, su lugarteniente general, aplicaron ingeniosas tácticas de lucha, entre ellas la que permitió el cruce de la trocha de Júcaro a Morón.
Los mambises continuaron su paso indetenible y arribaron a La Habana el 1ro. de enero de 1896. El día 7 de enero se separaron los dos jefes del Ejército libertador. Una columna, compuesta por unos 1 600 hombres y dirigida por Antonio Maceo, continuaría rumbo a Pinar del Río para culminar la invasión; la otra, bajo el mando de Máximo Gómez, quedaría operando en La Habana.
Tras una campaña de 15 días en territorio pinareño, el Titán añadía un nuevo triunfo a su ya prestigiosa hoja de servicios a la causa de la independencia. La invasión asestó un golpe mortal a España, dejando un saldo de gran valor y moral revolucionaria en los patriotas. Desde entonces, ese ejemplo nos guía y nos sostiene como nación digna, soberana.
