Cultura

Entre don Quijote y las letras brasileñas

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Además de situar en justísimo lugar obras imprescindibles de la literatura universal, Suerte de vivir colocó ante los telespectadores cubanos referencias ineludibles para quien sienta avidez por aproximarse a las letras brasileñas

A punto de mate, es hora de preguntar si entre nosotros Suerte de vivir deja un saldo que trascienda las peripecias de los personajes y los vericuetos de tramas vistas y revistas una y otra vez desde que la telenovela es lo que ha venido siendo como producción para el consumo masivo.

Si tan solo diez, cien, mil televidentes compartieran en lo adelante la pasión por la lectura, el amor por las letras y el interés por los autores que se respiran a lo largo de los 140 capítulos, valdría la pena la experiencia.

Nada gratuita la escena de la despedida del editor Alberto Prado Monteiro. Ni la locación, su biblioteca, ni la adjudicación de obras y personajes literarios a sus seres queridos, reservándose para él la personificación de don Quijote. La recurrencia en más de una ocasión al símbolo cervantino revela la jerarquía que los guionistas Rosane Svartman y Paulo Halm concedieron al monumento literario como piedra sillar de la expresión iberoamericana.

Antonio Fagundes no se limitó a encarnar a un editor que al final de su existencia comprende, como nunca antes, la articulación entre literatura, crecimiento espiritual, orientación ética y plenitud vital.

El actor quedó tan marcado por el papel que, apenas terminó la transmisión, en 2020, de la telenovela, emprendió la grabación de una serie radiofónica de 21 entregas, en formato podcast, titulada Club de libros, con lo que hizo realidad aquel pasaje de la ficción en el que su personaje registraba en su voz, con la colaboración de Vera (Angela Vieira), comentarios de libros. En cada emisión abordó un género diverso (poesía, drama, comedia, cuento, novela) y sus principales variables estilísticas y formales. Las transcripciones revisadas y ampliadas de dichos programas fueron compiladas en el volumen Tengo un libro aquí que te va a gustar, que la editorial Sextante puso a circular a mediados de 2021.

El propio Fagundes explicó su intención de acompañar a sus compatriotas confinados en tiempos de pandemia con una guía útil que les permitiera emplear el tiempo libre en la lectura. Aclaró, sin embargo, que no se trataba de una operación publicitaria al estilo de «no se pierda ninguno de estos títulos» o «lea estos cien o 500 libros antes de morir, si quiere ser persona inteligente». Para Fagundes es mucho más importante invitar y orientar la lectura que imponerla o encerrarla en un único canon. «Es algo que aprendí desde mis primeros años de vida –confesó–. El libro se ha convertido en un compañero inseparable».

Además de situar en justísimo lugar obras imprescindibles de la literatura universal, Suerte de vivir colocó ante los telespectadores cubanos referencias ineludibles para quien sienta avidez por aproximarse a las letras brasileñas. Por décadas nuestra Casa de las Américas acogió en su catálogo títulos de autores citados en el folletín televisual, de modo que la curiosidad puede ser evacuada en las bibliotecas. La institución publicó al Guimaraes Rosa de Grande sertón: Veredas;  al Jorge Amado de Gabriela, clavo y canela; a la Clarice Lispector de La pasión según GH; al Machado de Assís de Memorias póstumas de Blas Cubas, con la que, por cierto, inició la Colección de Literatura Latinoamericana en 1963.

La poesía también convida desde Casa de las Américas. Cuando el protagonista, antes de ser internado en el hospital, se ilusiona con participar en el carnaval carioca, recuerda un poema de Drummond de Andrade. En 1970, por primera vez en nuestro país, la Casa publicó una amplia antología del poeta brasileño. Se echa de menos, por ahora, la circulación en nuestro medio cultural de otro notable bardo celebrado en Suerte de vivir, Mario Quintana.

En uno de los últimos episodios, con motivo del lanzamiento de la novela de Alicia (Bruna Inocencio), la hija de Paloma y Ramón, apareció representándose a sí misma una de las más importantes escritoras brasileñas de esta época, Conceicao Evaristo. A los 76 años de edad, es un ejemplo de superación personal y fidelidad a su condición de clase y color de la piel: de empleada doméstica explotada a las aulas universitarias, y recreadora en sus ficciones de sus raíces identitarias y de la vindicación de la mujer negra; pruebas al canto, su novela Ponciá Vicencio y el libro de cuentos Ojos de agua.

Previamente, el editor Alberto había señalado la importancia de la literatura escrita por mujeres negras, desde la pionera María Firmina dos Reis, abolicionista, hasta Carolina María de Jesús, cuya novela testimonial La favela, fue publicada tempranamente en Cuba por Casa de las Américas.

En este repaso incitador no puede obviarse la presencia de Chico Buarque de Hollanda, sí, el extraordinario cantautor, que entró con un fragmento del texto de su extraordinaria Ópera del malandro, dicho por William (Diego Montez) en el velatorio de Giselle (Sheron Menezes). A Chico, el escritor, al fin hace poco le llegó a sus manos el Premio Camoes, el más encumbrado galardón de las letras de expresión portuguesa (comparable al Cervantes). Debió recibirlo en 2019, pero el desprecio de Jair Bolsonaro por la cultura lo impidió.  

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