Cuba en las elecciones de término medio de Estados Unidos

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En Estados Unidos es usual que el voto en las elecciones de medio término se considere una evaluación y un castigo al presidente en ejercicio del poder. Aunque no se vota por o contra el presidente, es un proceso determinado por su popularidad, su aceptación y las evaluaciones de su trabajo definen su confiabilidad como líder del partido.

Por demás, sus resultados tienen más implicaciones en la política doméstica, y no es habitual que asuntos externos (como ocurre en Florida con el tema Cuba) tengan relevancia, cuando de ese proceso resulta la pérdida del control de las cámaras para el partido del mandatario, se considera como un voto de castigo a su gestión. En tanto, lograr el dominio de las dos cámaras, garantiza al presidente mayor control y dominio de su política doméstica, aunque si tuviera la mayoría de las cámaras en contra, siempre le quedarían mecanismos de veto a las aprobaciones del legislativo.

En estas elecciones de término medio, las mayores dificultades de los demócratas no están relacionadas con sus legisladores, sino con la mala imagen que tienen los ciudadanos de Joe Biden. Si en realidad estas elecciones constituyen un voto de castigo, será difícil que los del bando presidencial consigan mantener las dos cámaras, o cuando menos, no perder puestos en el Senado. Biden aparece como un presidente debilitado, que no consigue siquiera el apoyo de su partido. Las posiciones de izquierda que lucharon por las relaciones con Cuba, como es el caso de la Alexandria Ocasio-Cortez, el Black Caucus y Black Live Matter, han perdido espacio y peso políticos.

Biden busca ganar apoyo con medidas extravagantes, como liberar a presos detenidos por consumir marihuana y promover el aborto libre, lucha aún dentro la Corte Suprema y del Senado republicano. Aun así, Biden no consigue recuperar el respaldo de los liberales y de izquierda que lo llevaron a ganar la presidencia. El problema está en su personalidad, pues es visto como un hombre gastado y poco capacitado para volver a un segundo periodo de mandato, por lo que “castigarlo” ahora, no votar por él y su partido, es la opción que promueven los republicanos.

El derecho al aborto, la inflación, la violencia con armas de fuego, el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, la pandemia de la Covid-19 y el derecho al voto de los latinos y los recién ingresados a ese país, son temas que podrían definir este ciclo electoral y son argumentos que los demócratas están usando con fuerza. Ninguno de ellos son de política exterior, y menos sobre Cuba, por lo cual no hay referencia sobre las relaciones bilaterales en la actualidad y cómo podría comportarse a futuro.

En todo caso, lo que más pudiera moverse es el tema bilateral, sería acercarse a lo que en su momento privilegió Barack Obama; de hecho, se pueden apreciar algunos elementos que apuntan a retomar esa senda, como la reapertura de servicios en la Embajada en La Habana y la visita, a bajo perfil, de funcionarios norteamericanos.

Políticamente seguirán manteniendo su posición crítica sobre nuestro sistema y de estímulo a la insubordinación ciudadana, el enfrentamiento a las autoridades y la intención de asfixiarnos. No hay indicios de que aún teniendo el control del Congreso, Biden intente modificar la política del bloqueo hacia Cuba, pues Washington interpreta las relaciones de coexistencia, bajo el criterio de subordinación y sometimiento.

Otro elemento importante es que son ellos quienes tienen la iniciativa y luchan por sostener ese estatus de acudir a las conversaciones o encuentros cuando le sea más beneficioso. Así también se muestran los hombres de negocios y será muy difícil que consigan ampliar sus inversiones si antes no ven un cambio en la actitud de su gobierno.

En resumen, la perspectiva de que ganen los demócratas e incluso consigan excepcionalmente las dos cámaras no necesariamente decidirá las relaciones con Cuba al nivel de la “época Obama”, aunque sí puede crear un clima de satisfacción y de superar algunas adversidades existentes que no comprometan políticamente a los demócratas. Pero la carencia de una posición definida sobre Cuba y, en perspectivas, a corto y mediano plazo, va a retardar el proceso, sobre todo por las limitaciones  para un trabajo de influencia en el órgano legislativo y de hacer ver las opciones políticas y económicas que tiene el país. En estas condiciones es totalmente inoperante decidir una política tan arriesgada como un cambio de política hacia La Habana.                             

Por tanto, tras estas elecciones de término medio en Estados Unidos, dicho en buen cubano, el cuartico va a seguir igualito.

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