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Mercado cambiario en Cuba: la punta del iceberg (I)

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En las condiciones actuales de la nación es fundamental captar un mayor número de divisas, formalizando sus flujos de entrada al sistema financiero, estabilizar el tipo de cambio y lograr que este sea único para todos, tanto personas naturales como jurídicas

Hace poco más de dos meses, el Gobierno cubano anunció una nueva tasa de cambio para la compra de divisas por parte del Estado (1 USD por cada 120 CUP), como parte de la estrategia para establecer un mercado cambiario en el país; lo que permitiría, de conjunto con otras decisiones, incrementar los ingresos en divisas y avanzar paulatinamente en la recuperación de la economía.

A esta medida inicial sobrevino, en pocas semanas, la otra parte del esquema: la venta de divisas, y aunque se limitó solo para las personas naturales, generó grandes expectativas en la población.

Sin embargo, casi a la par de haberse implementado la medida, empezó a surgir también un «negocio» –truhán e ilegal, vale aclarar– en los alrededores de las propias Cadecas o casas de cambio.

El modus operandi resulta muy sencillo, y se aplica la misma fórmula que cuando los coleros te vendían el turno para comprar el pollo o el aceite en las tiendas. El único cambio es que ahora lo que resulta «lucrativo» es estar desde la medianoche en las afueras de Cadeca, «cuidando» la cola y luego vender ese turno a 1 000 o 2 000 CUP, o incluso, al cambio en dólares.

Otros, «en cambio», tienen a todo un grupo de «amigos» para marcar, comprar el dólar a 123,60 (según la tasa del día), y esos cien dólares que adquirieron de manera oficial, ipso facto, casi sin salir del lugar, los revenden a 160 o 170 pesos, muchas veces a los mismos de la cola que no pudieron alcanzar turnos.

Quizá algunos consideren que el problema no es para tanto, que si no alcanzaste hoy, mañana puedes intentarlo de nuevo y ver si clasificas en los 60 u 80 turnos que da, por ejemplo, la Cadeca ubicada en j y 23, en el capitalino Vedado. Pero resulta que, al día siguiente, después de estar madrugando desde las 4:30 a.m. y estar ahí, esperando junto a casi 200 personas, «vuelves a quedarte en esa, porque los primeros en la cola son los revendedores»; y así lo denuncian varios usuarios, como Anisley García, en las redes sociales.

Al final, aquella persona que realmente necesita la divisa para completar el dinero y comprarse un freezer o un split, termina recurriendo a los llamados «revendedores de Cadeca», o comprando el dólar al astronómico cambio de 1 USD por 200 CUP, según los valores que dicta el mercado informal e ilegal, que existe actualmente en Cuba y que deprecia, cada vez más, la moneda nacional, y con ello el poder adquisitivo de la población que no tiene ingresos en divisas.

A esta situación, ya de por sí compleja, se une otro problema: la inflación, que llega a casi todos los productos que no encuentras en mercados y tiendas estatales, pero que sí  aparecen con facilidad en cualquier grupo de compra y venta en Telegram o Facebook. Y si por casualidad lo que se oferta son artículos de importación, «traídos de afuera», el propio vendedor se excusa de los altos precios, diciendo que tiene que comprar el dólar en el «mercado negro». La espiral pareciera no tener fin.

Es cierto que la falta de divisas es una realidad contundente que afecta a la economía cubana en todos los sectores y, por consiguiente, solo se puede vender a la población una limitada cantidad, según las propias recaudaciones que el Estado logra captar a través de la compra; no obstante, hay otras situaciones en las que sí puede mediar el actuar de las autoridades competentes y que no dependen de factores externos.

Pero, más allá de los números, o incluso de las valoraciones sobre lo positivo o no de haber tomado tales decisiones –en un entorno en el cual existe, además, un mercado ilegal, con una tasa de cambio que compite con la oficial y que es obstáculo para canalizar las divisas a través del sistema financiero–, habría que hablar y entender primero por qué es importante avanzar hacia la convertibilidad de la moneda nacional y cómo el mercado cambiario es un paso para llegar a ese fin.

DE LA INCONVERTIBILIDAD A UN TIPO DE CAMBIO ÚNICO: EL CAMINO POR TRANSITAR

Si acudimos a un recurso de símil, el mercado cambiario oficial es como la punta del iceberg, lo que apreciamos a simple vista, pero su vitalidad depende de otras medidas que en la práctica permitan el funcionamiento de un tipo de cambio único para todos los actores de la sociedad.

O mejor, tal y como lo explica Ian Pedro Carbonell Karell, director de Políticas Macroeconómicas del Banco Central de Cuba (BCC), «no puede existir crecimiento y desarrollo económico totalmente eficiente si la moneda nacional no es convertible».

Según afirmó a nuestro diario, este fue el punto de partida, la respuesta al porqué iniciar todas estas transformaciones y trazar una estrategia que condujera a la recuperación de la convertibilidad de la moneda nacional que, si bien en un inicio representa un regreso a la dualidad cambiaria, tiene el objetivo final de contar con un tipo de cambio único y convertible para todos los sectores de la economía.

Para ejemplificar mejor el problema, sostiene Carbonell Karell, supongamos que hay una empresa muy productiva que logra realizar un número importante de ventas, y como resultado, recibe una gran cantidad de moneda nacional.

Pero si esa moneda nacional no la puede cambiar por divisas, eso le impide reaprovisionarse de los insumos y materias primas necesarios –que mayormente son de importación–, y, por tanto, no puede continuar con su ciclo productivo, o al menos, no con la misma eficacia, precisa.

En reiteradas ocasiones se ha hecho referencia a que Cuba tiene una economía abierta, y ello conlleva a que prácticamente cualquier tipo de producción tenga un alto componente importado, detalló, por otra parte, Carlos Enrique González García, especialista del BCC en la dirección de Políticas Macroeconómicas.

«Entonces, la única forma que tienen las empresas de obtener ese componente es accediendo al mercado externo, y para ello hacen falta divisas. O, en otras palabras, que tu moneda nacional pueda adquirir divisas».

Cuando eso no sucede, la actividad económica que se daría de manera natural debe ser suplantada con mecanismos administrativos. En esta situación se produce una asignación centralizada de las divisas que, en pocas palabras, se trata de repartir, administrativamente, los escasos ingresos en divisas con que cuenta el país, pero no siempre ello nos conduce a un resultado favorable, comentó González García.

Esta forma de funcionamiento tiende a un empleo poco eficiente de las divisas disponibles que, cuando se inserta a la par con otras distorsiones macroeconómicas actuales –como el desequilibrio monetario y la consecuente inflación–, se profundiza la inconvertibilidad de la moneda nacional. 

«En un escenario normal, en el cual está garantizado el acceso a la moneda extranjera desde la moneda nacional, esto funciona de manera diferente. Aquellos agentes económicos que son capaces de ingresar mayor cantidad de moneda nacional son los que pueden acceder a mayor cantidad de divisas en el mercado cambiario, dado que fueron capaces de producir y proveer una mayor cantidad de bienes y servicios a la economía».

Por otra parte, poseer un tipo de cambio único da la posibilidad de conexión a lo interno de la economía nacional, indicó el especialista. Cuando tienes dos segmentos de la economía funcionando a tipos de cambio diferentes, es complicado que se comuniquen y se establezcan relaciones comerciales entre ambos; es como si estuvieran hablando dos idiomas diferentes, describió.

Lograrlo, aseveró, permitiría que todos los actores operen bajo las mismas condiciones, que se relacionen entre sí y que se encadenen productivamente con mayor facilidad.

En las condiciones actuales de la nación, es fundamental captar un mayor número de divisas, formalizando sus flujos de entrada al sistema financiero, estabilizar el tipo de cambio y lograr que este sea único para todos, tanto personas naturales como jurídicas.

De ahí, la importancia de haber iniciado la implementación de un mercado cambiario –que debe seguir desarrollándose, claro está– como tránsito hacia ese fin. Pero la medida, por sí sola, no es mágica ni tiene un efecto inmediato.

Tampoco puede verse aislada de otras decisiones que actualmente se implementan en el país en pos de enfrentar los problemas de desabastecimiento y mejorar las ofertas de bienes y servicios en moneda nacional, y de otras que deberán aprobarse, como parte de la implementación de un programa de estabilización macroeconómica.

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