Muchachas que no le creen el cuento al patriarcado

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¿Cada vez más muchachas no le creen el cuento al patriarcado? Quisiera poder afirmar que sí, pero me quedo en la esperanza porque sé que aún nos falta mucho por ganar en conciencia de género y feminista, por abrazar la complejidad de nuestra vida y nuestro contexto de manera crítica y asertiva.

Pero lo cierto es que desde hace algún tiempo la cosa se viene moviendo. Desde el feminismo o no, se distinguen puntos de lo que pudiera ser una agenda común, se aprueban y reclaman normativas y políticas urgentes; son más visibles rostros nuevos y plurales, miradas y apuestas interseccionales.

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Por supuesto que es un viaje lleno de tensiones y contradicciones. La reacción machista, patriarcal, conservadora y fundamentalista es fuerte; por eso despatriarcalizar el sentido común, las prácticas y relaciones cotidianas, los sentidos y costumbres sigue siendo un escenario en disputa.

Entre las señales que anuncian cambios se incluye la conquista de un 8 de marzo más reivindicativo.

«La historia del 8 de marzo, es la historia de trabajadoras neoyorquinas que murieron por luchar por los mismos derechos laborales que los hombres. No puede ser que si el origen del 8 de marzo fueron unas luchas feministas y anticapitalistas actualmente se haya convertido en una práctica consumista que queda solamente en flores y regalos», me dijo convencida Ana Clara León Pérez, una joven universitaria de 20 años.

Ana Clara participó en la convocatoria de Los pañuelos rojos a un 8 de marzo feminista y popular. «Al carajo el patriarcado, al carajo el patriarcado», repitieron a coro un grupo de mujeres y hombres el 8 de marzo en el parque Fe del Valle, en el municipio Centro Habana. El performance callejero formó parte de una jornada que cuestionó la división sexual del juego y el trabajo doméstico, el acoso, las violencias machistas y el femicidio.
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La conversación breve con participantes de la iniciativa y un repaso por las redes sociales y grupos de WhatsApp reveló una conmemoración del Día Internacional de las Mujeres con otros sentidos. Es común encontrar el reconocimiento de los espacios de igualdad alcanzados y conquistados por las cubanas, también la denuncia de desafíos propios y muy interesante, la apuesta por espacios y proyectos autónomos que unen a jóvenes.

«Yo sí creo que, de un tiempo para acá, sobre todo en los últimos dos años, los sentidos alrededor del 8 de marzo han ido cambiando y este año lo siento más fuerte. Eso me pone súper feliz porque cada vez son más mujeres y personas que se están sumando a una narrativa que significa el 8 de marzo como un día también para reivindicar derechos y problemas por los cuales hay que seguir luchando», coincide la joven periodista Claudia Rafaela Ortiz Alba.

En 2022 no faltaron conferencias, entrevistas, crónicas televisivas, postales y felicitaciones en las que no cabe la lista interminable de expectativas patriarcales; sin embargo, este año repitieron y se sumaron festivales autogestionados, iniciativas en provincias, reuniones entre universitarias para compartir desde la sororidad, presentaciones comunitarias y callejeras.

La fiesta y el jolgorio de combatir en la calle y en la cama; la bronca e indignación ante la machirulancia naturalizada; la fuerza visual y creativa como aliada; el acuerpamiento entre mujeres; el acompañamiento desde las alianzas; la incómoda y retadora interseccionalidad; el grito y arrullo feminista que alza la voz con orgullo y también el aire de cierta moda sobre el empoderamiento femenino sin visión interseccional, fueron algunas de las estelas que me dejó este 8M. Juntarnos todas puede ser un sueño no tan lejano.

«Arroz con leche, yo quiero encontrar a una compañera que quiera soñar. Que crea en sí misma y salga a luchar, por conquistar sus sueños de más libertad. Valiente sí, sumisa no. «¡Feliz, alegre y fuerte te quiero yo!».[*]

Cuando vi a aquellas dos adolescentes, púberes quizá de 13 años, acercarse y corear la canción mientras aprendían a la velocidad de su juventud la coreografía, abracé a mi esperanza feminista.

Aquellas muchachas y mujeres mandando al carajo al patriarcado, y la gente extrañada mirando desde los bancos del parque, quizá influyeron en su curiosidad. Su curiosidad, sus sonrisas ante el mensaje de la canción, sus preguntas»allí estaba el futuro que se construye hoy, quizá se dejó allí la semilla para que ellas «como otras niñas, adolescente y mujeres cubanas de hoy » no le crean el cuento al patriarcado cis, heteronormativo, racista, capitalista y depredador de la esperanza.

[*] Fragmento de la versión de la canción Arroz con leche.

Por: Lirians Gordillo Piña

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