Teléfonos, automóviles y (otros) dispositivos (+Podcast)

Los fabricantes de estos equipos buscan maximizar las ganancias de una sola venta y mantenernos todo el tiempo comprando…

Teléfonos, automóviles y (otros) dispositivos (+Podcast)

El término dispositivo tiene varias apropiaciones, una de ellas la asociada las tecnologías de la informática y las comunicaciones (TIC). Una segunda acepción nos remite al filósofo francés Michel Foucault y a su comprensión específica de dispositivo como el conjunto de mecanismos «€“ sean del tipo que sean «€“ y estructuras de saber usadas durante el ejercicio de poder y el disciplinamiento del cuerpo social.

Hoy por hoy, teléfonos celulares, computadoras, automóviles, entre otros, pueden ser entendidos como dispositivos, de cualquiera de estas dos maneras. Tanto para la comunicación y el transporte como para la disciplina del mercado en sociedades capitalistas ¿Evidencias? Diversas, pero esta vez nos centraremos solo en una.

¿A qué llamamos la disciplina del mercado? Los fabricantes de estos equipos buscan maximizar las ganancias de una sola venta y mantenernos todo el tiempo comprando. Ya sea creando un ecosistema de productos y servicios propietarios; ya sea a través del marketing con el engaño de que necesitamos «€œsí o sí»€ comprar «€œlo nuevo»€ que sale cada año; ya sea obligándonos a comprar productos con fecha de caducidad definida; o construyéndolos para que sean virtualmente imposibles de reparar.

Y no es que no se puedan reparar, las propias compañías ofrecen servicios de mantenimiento. Eso sí, pueden llegar a costar casi la tercera parte del producto original o varias veces más que un arreglo similar en un taller independiente. No existe ninguna cláusula legal que diga quien compre un equipo no tiene el derecho de repararlo de la manera que prefiera, pero a menudo este derecho se encuentra con paredes invisibles erigidas por las mismas compañías que venden los productos.

¿Qué argumentos esgrimen en contra? Seguridad del cliente, complejidad del equipamiento, competencia económica, propiedad intelectual, ciberseguridad, impulso a la innovación, etc. Algunos fabricantes han llegado a insinuar que realmente no eres dueño de tu producto, sino que lo estás «€œalquilando»€ por un período que comprende la vida útil del mismo.

La manzana que no acepta mordidas

Veamos el ejemplo de Apple. A inicios de 2011 hubo mucha molestia en el mundo de la tecnología cuando la compañía comenzó a sacar al mercado versiones de sus teléfonos con unos tornillos propietarios para los cuales no existía destornillador más allá de aquellos «€“ también propietarios «€“ que usaban solamente sus técnicos. Esto tenía el claro propósito de que fuera imposible «€œentrar»€ a los iPhones y que los usuarios estuvieran atados a los servicios de reparación que la compañía ofrece.

Luego de varios años la compañía ha creado un programa de certificación para talleres independientes. Pero hay un truco «€“ varios, de hecho «€“ en esto de ser un taller certificado por Apple. Primero, en el tipo de reparación que puedes realizar, que de momento se reduce a pantallas, baterías y poco más. Luego está el asunto de la relación contractual que permite a la compañía requerir información «€“ tal como nombres, números telefónicos y domicilios «€“ de los clientes del taller; y realizar inspecciones sorpresivas en búsqueda de materiales no oficiales o «€œde contrabando»€ incluso cinco años después, si el taller abandonase el programa.

Pero los trucos no terminan aquí: se ha reportado que, para sus últimos modelos, la empresa supuestamente ha codificado las pantallas de los teléfonos causando que un cambio de las mismas termina inutilizando la función de identificación facial. Incluso se realizó una prueba intercambiando las pantallas de dos teléfonos idénticos adquiridos en una de las tiendas de Apple y los resultados fueron los mismos: el cambio en las pantallas inutilizaba la función y si se reubicaba la pantalla original, dicha función volvía a la normalidad.

¿Y la competencia?

Kyle Wiens, cofundador de la compañía iFixit, que se dedica a las herramientas y el know-how para la reparación de equipos electrónicos, comenta que Samsung compra sus baterías al fabricante alemán Varta, marca reconocida en esto de las baterías. Este dato es público, luego lo más lógico sería que, al intentar reparar un equipo de dicha compañía, se acudiera a los teutones en busca de baterías. Pero en el contrato de Varta con la compañía coreana existe una cláusula de exclusividad que no permite a los alemanes vender ese tipo de baterías a nadie más. Así que hasta ahí llegó la pretendida facilidad de reparación.

Una lucha que también «€œva sobre ruedas»€

Una de las compañías más criticadas por sus políticas contra la libre reparación es la marca de tractores agrícolas John Deere. Estos tractores son especiales ya que están controlados con software, lo que los hace en extremo eficientes y funcionales. Pero también vuelve excesivamente complicado el escenario cuando ocurre una rotura en medio de una cosecha o la granja se encuentra en una locación lejana a los centros urbanos.

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Los tractores de John Deere son muy eficientes gracias a que están gobernados por software, pero eso también los hace casi imposibles de reparar de manera independiente. (Foto tomada de Engineering News-Record)

La compañía ha recurrido incluso a programar bloqueos totales del equipamiento cuando detecta algún componente roto, lo que los vuelve inútiles y condena a los granjeros a esperar el tiempo que demore el personal de la empresa en acudir a hacer la reparación. Esto ha intensificado el mercado tanto de software hackeado «€“ al parecer la fuente de elección es Ucrania «€“ como de tractores menos modernos que hacen el trabajo y no tienen todos estos contras asociados al software.

Tesla por su parte ha instaurado una política en la cual inhabilitarán completamente del uso de su red de súper cargadores a cualquier automóvil que haya sido reparado fuera de los talleres oficiales o con partes y piezas no propietarias. Se ha reportado que tampoco permiten el uso de cargadores fabricados por terceros.

La eficacia del dispositivo

Tan eficaz resulta el disciplinamiento del mercado que la reacción de las sociedades del tardocapitalismo ante todo lo expuesto aquí ha sido el movimiento Right to Repair, un esfuerzo por la resolución legal de este conflicto. Se han obtenido algunas victorias legislativas en los E.E.U.U, y otras como los índices de reparabilidad en Francia. No obstante, y como es de esperar, las megacompañías involucradas en la producción y el comercio de estas tecnologías de uso diario cabildean de forma intensa para frenar todo tipo de acuerdo y disposición jurídica en este sentido.

Hay aquí una falla de origen, y es no focalizar el problema en términos del modelo de desarrollo hegemónico y su crítica necesaria. Precisamente este modelo de desarrollo, que se pretende lineal, unidireccional y ascendente, funciona sobre la base de mantenernos siempre comprando, adormecidos por el consumismo. No le es funcional que rechacemos «€œlo nuevo»€ que constantemente nos ofrece. Pero estará tranquilo mientras nos sea realmente invisible y queramos derrotarlo bajo las leyes que él mismo genera.

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