La tierra del sí se puede

En este año duro, en el que ha sido la vida y no la economía el centro del escenario internacional»  no resulta extraño el hecho de que Cuba haya ratificado, con creces, su carácter humanista, al erigirse como un ejemplo de referencia efectiva en el enfrentamiento al virus.

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Más allá de su nefasto impacto como crisis sanitaria mundial, la COVID-19 ha puesto en tela de juicio las «prioridades»» del orbe y la eficiencia de las políticas que ponderan la salud financiera por encima del bienestar de los pueblos.

En este año duro, en el que ha sido la vida y no la economía el centro del escenario internacional «€“salvo vergonzosas excepciones como la de Estados Unidos y Brasil, donde la pandemia ha ganado terreno de la mano de la desidia e insensatez de sus gobernantes»€“ no resulta extraño el hecho de que Cuba haya ratificado, con creces, su carácter humanista, al erigirse como un ejemplo de referencia efectiva en el enfrentamiento al virus.

Y no se trata de chovinismo, ni de alardes vacíos en medio de tanta tragedia, porque aquí también el combate a la enfermedad ha constituido una tarea difícil, costosa y amarga, en la que cada muerte duele, y duele mucho, pues no es un mero número frío para las estadísticas, sino un cubano, un familiar o un amigo al que no se pudo salvar.

Ese ha sido el mayor reto de la nación, que sean menos las estelas dolorosas y muchas más las historias del retorno al hogar, al trabajo y a la vida de los casos positivos.

Lograrlo bajo un escenario hostil provocado por el recrudecimiento extremo del bloqueo estadounidense, demuestra, a quienes aún se niegan a verlo, que en esta Isla del «sí se puede»» la pandemia ha encontrado una muralla de resistencia a fuerza de buen hacer y de pensar primero en el hombre antes que en el mercado, teniendo como base un sistema de Salud Pública consolidado, un trabajo científico riguroso, una labor conjunta de sus instituciones y el respaldo del pueblo.

Es por ello que, ahora que el país se empina para transitar hacia un necesario ordenamiento de su modelo económico, en busca de oxigenar las finanzas, estimular la eficiencia y productividad del trabajo y elevar la calidad de vida de la población, no faltan los que cuestionan, otra vez, la osadía del caimán de asumir tal reto cuando se batalla con un rebrote de la enfermedad.

¿Que es riesgoso? Sí. ¿Que pondrá a prueba la dinámica empresarial cubana? También. Pero apostar a la unificación monetaria y cambiaria, a la eliminación de subsidios indebidos y a una reforma salarial, habla más del empeño por defender nuestra soberanía y el bienestar social de todos, aun enfrentando una pandemia, que de decisiones desesperadas para «sacar un barco a flote»», como han querido tergiversar desde la campaña virtual del odio y la mentira.

«Es algo que necesita Cuba y nos va a dar más beneficios. Por eso tenemos que estar preparados para enfrentarlo con una visión práctica y optimista»», explicó recientemente el viceprimer ministro y titular de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández.

Es, en definitiva, como lo definió el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, «un plan que defiende un ideal»», el ideal de país que tenemos, necesitamos y queremos los cubanos, a pesar de la COVID-19.

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