Artistaje para ganar y ganar
Hay quienes hasta sabiendo que es lo justo, lo atacan con tal de ganar una discusión

En la anterior entrega de El Foro se aludió a quienes gustan presentarse como persona bien informada y ganar una posición social, por lo cual usan los medios de prensa, pero en esta ocasión abordaremos otro personaje: el que siempre tiene la razón.
A propósito del 8 de septiembre, Día Internacional del Periodista recordamos al desparecido Luis Orlando Pantoja Veitía, a quien siendo compañero de estudios de Periodismo le reclamamos que siempre ponía objeciones, y para todo tenía un “pero”.
Resulta que a todo el que le hiciera una afirmación, él se la negaba de algún modo, o lo contradecía y le pedía datos para ampliar sobre algo a lo cual no se había referido el interlocutor, y por supuesto, incomodaba y exasperaba con sus observaciones muy puntuales.
El colega nos confió que sus propósitos eran verificar que el informante estuviera bien preparado, y que, si lo notaba algo ignorante, desconfiaba y buscaba otras fuentes para ampliar si el tema le resultaba interesante.
Al pasar los años, ya graduados y él como mi jefe en el programa a Primera Hora de Radio Progreso, recordó aquellas charlas estudiantiles y recomendó que ese método también podía usarse contra los artistajes (así dijo) de los que siempre quieren ganar.
Sin embargo, alertó que cuando son malintencionados hay que tratarlos diferente a quienes proceden así por problemas de personalidad o lo hacen inocentemente por cualquier otro motivo, pero no para hacer daños.
Puso ejemplos que no recuerdo después de tantos años, pero aprendida la técnica, la aplico cuando tropiezo con algún personajillo de los que además de presentarse como los más enterados, se erigen como los que siempre tienen la razón.
Ante el artistaje de un sabelotodo, le admití mi ignorancia sobre la construcción de hoteles en Cuba para recibir turismo internacional, pues créanlo o no, no sé qué entidad las construyó o financió, ni tampoco sé qué cálculos hicieron para crear esas capacidades.
Le confesé que me estaba enterando de todo por él, y que nunca había analizado si era correcta o no la inversión, pero con el método de Pantoja le pregunté cómo promover la llegada de turistas si antes no estaban preparadas las condiciones de alojamiento.
Imposible describir cómo dio por terminado el asunto y pasó sutilmente a otro en el cual dio abundante información sobre la generación eléctrica en el mundo con una terminología tan docta que no pude memorizar y mucho menos entender.
Lo cierto es que ya mareado al tratar de asimilar un tema muy relacionado con los apagones, me encontré ante una disertación magistral sobre la central termoeléctrica de Juraguá en Cienfuegos, pero que terminó con culpar de las roturas de las termoeléctricas a la decisión de usar el crudo nacional.
Cuando concluyó la profunda explicación de las características de viscosidad y alta concentración de azufre del petróleo cubano dañinos para las maquinarias, sin darle tiempo a saltar para otro tema, le pedí una explicación:
Dime cómo fue que el que tomó esa “mala decisión” pudo adivinar que hoy ese “pésimo crudo” sería el que estaría garantizando el 40 por ciento del necesario para generar la poca electricidad que tenemos.
Estoy seguro de que si no digo esas palabras al tiempo que emprendía una rápida y brusca retirada, en estos momentos todavía estaría bajo los influjos del artistaje de quien siempre tiene la razón.
