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La FAO y Cuba, alianzas en tiempos difíciles

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Vivimos y eso es un regalazo después de la pandemia que detuvo el mundo por casi dos años, parece exageración, pero en mayor o menor medida, todas las regiones geográficas y sectores económicos sufrieron los efectos de la COVID-19.

Ese y otros factores han dejado a América Latina y el Caribe en medio de la más compleja crisis humanitaria, económica y social de las últimas décadas, porque está visto, la cuerda parte primero por el lado más débil. 

«La región registra el costo más alto de una dieta saludable a nivel mundial, y si no nos hacemos cargo cuanto antes, esto tendrá graves consecuencias en la inseguridad alimentaria, la desnutrición crónica, el sobrepeso y la obesidad y un impacto en el desarrollo social y económico de la región, alejándonos del cumplimiento de la Agenda 2030; y vulnerando el derecho a la alimentación adecuada de millones de habitantes de América Latina y el Caribe”, son palabras de Mario Lubetkin, Subdirector General y Representante Regional la Organización de Naciones Unidas (FAO) para América Latina y el Caribe. 

En ese contexto, la colaboración de la FAO con Cuba ha estado enfocada en avanzar hacia sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles para alcanzar una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, aseguran informes publicados por la propia entidad internacional.

Entre los resultados, destacan la implementación de proyectos que han posibilitado a la Mayor de las Antillas avanzar hacia una mayor resiliencia climática a través de la restauración productiva de 35 mil hectáreas de tierras antes invadidas por marabú. La conservación de recursos fito y zoogenéticos de interés para la alimentación y la agricultura es otro de los aportes fundamentales. 

La Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional, destaca entre las normativa que han recibido el acompañamiento de la FAO en su creación e implementación. Acciones de capacitación, así como espacios para el intercambio de experiencias y la cooperación han encontrado también terreno fértil en un país que, a pesar de estar sometido al más cruel y prolongado bloqueo económico financiero y comercial de la historia, se aferra a la solidaridad y a su propia resistecia creativa para seguir caminando hacia sus metas fundamentales.

El propio resumen que ha publicado la FAO en Cuba recoge un planteamiento de José Luis Tapia Fonseca, Viceprimer Ministro de la República, donde expresa:

«El desafío fundamental es preparar a los municipios desde las herramientas de educación popular para la implementación de la Ley SSAN, porque no puede haber sistemas alimentarios locales sin empoderamiento real y soberanía del municipio. ¿Cómo llegar a nuestros niños en las escuelas, a los hospitales? ¿Cómo llegamos a que cada productor comprenda la Ley SSAN? ¿Cómo logramos que los gobiernos, a pesar de su sistema de gestión, logren producir lo que hace falta al municipio, y a la vez capacitar, comunicar, articular, encadenarse y sustituir importaciones?” 

A tono con este interés y propósito en que se ha enfrascado el gobierno de la isla, la Organización impulsa nueve proyectos que ya se encuentran en ejecución en 34 municipios de del país. Hace apenas unos días, fue noticia la entrega de 44 motocicletas sencillas y con sidecar a 13 localidades para facilitar la movilidad de productores, técnicos agrícolas y forestales de tres de estos proyectos.

Una nota de la Agencia Prensa Latina especificó que esta labor conjunta con el Ministerio de la Agricultura de Cuba (MINAGRI), se complementa con «la compra de otros insumos como triciclos y bicicletas eléctricas, camionetas Pick-up Toyota Hilux, un microbús Toyota Hiace, entre otros medios de transporte».

A la soberanía alimentaria, se suma el enfrentamiento al cambio climático como objetivos priorizados para los que FAO auna las contribuciones del Fondo Verde para el Clima, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, entre otros.

«Pueden contar con Cuba», afirmó el Presidente Díaz Canel durante la visita de Lubetkin, en marzo pasado, ocasión que permitió agradecer la mano tendida tras los estragos provocados por el huracán Ian y reafirmar que somos un país pequeño pero capaz de crecer y reinventarse ante la adversidad.

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