EE.UU.: Desestabilizando al mundo

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Los cohetes de artillería de alta movilidad (HIMARS), entre las armas que Estados Unidos ha enviado a Ucrania.

Tras enojarse porque el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, se mostró contrario a que los alabarderos del Imperio lo propusieran para el Premio Nobel de la Paz, el mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski –dándole inconscientemente la razón a AMLO-, pidió a Occidente que considere un ataque preventivo nuclear contra Rusia, con el fin de darle una lección a Vladimir Putin, colocando al mundo en la antesala de una destrucción total.

Zelenski dio luego marcha atrás, pero se mostró inconforme con la enorme cantidad de armas y dinero que le ha dado Estados Unidos y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), desesperado por el avance en todos los frentes de las tropas rusas inmersas en la operación militar especial y la adhesión de cuatro regiones que eran ucranianas al país vecino, en referendos de amplia participación popular.

No contento con lanzar a Ucrania contra Rusia, una acción que ya la ve comprometida y beneficiosa principalmente para sus empresas armamentistas, Estados Unidos ha sido señalado como el responsable de las explosiones en los gasoductos Nord Stream, al tiempo que se oponía a la investigación y reconstrucción por expertos rusos.

No es algo que se da accidentalmente, y así lo indicó el economista Jeffrey Sachs en entrevista a la estadounidense Bloomberg TV, a la que afirmó que hay datos de radar que indican que helicópteros militares de EE.UU., basados en Polonia, estuvieron dando vueltas por una zona cercana cuando ocurrió el hecho. También mencionó las amenazas previas de la Casa Blanca de cerrar el Nord Stream de una forma u otra.

Sachs, profesor de la Universidad de Columbia y ex secretario de tres secretarios generales de Naciones Unidas, recordó la declaración del secretario de Estado de EE.UU., Anthony Blinken, de calificar la destrucción en los gasoductos como «una tremenda oportunidad». «Es una forma extraña de hablar, si se está preocupado por la piratería en infraestructuras internacionales de importancia vital», señaló el experto.

El analista subrayó que «en Occidente no se permite decir estas cosas. Pero el hecho es que cuando hablo con gente de todo el mundo, todos creen que fue Estados Unidos el que lo hizo», concluyó.

DESBARRANDO CONTRA TODO

Y no sólo Estados Unidos está llevando una política agresiva contra Rusia, sino que ha puesto el pie en el acelerador del carro de las provocaciones contra China, llevando al mundo a uno de los momentos más inestables en décadas.

O sea, es una política exterior militarizada, y no de ahora, sino que se remonta a la era en que la Unión Soviética dejó de existir, y a algunos líderes estadounidenses se les metió en la cabeza que en aquel entonces existía lo que llamaban el mundo unipolar, que Estados Unidos era la única superpotencia.

¡En este contexto, la publicación norteamericana Democracia Now!  recordó que desde 1991, «ha habido más de 100 intervenciones militares de EE.UU.», porque «el enfoque de Washington es primero militar, y a menudo únicamente militar».

O sea, como en Ucrania, se dejan de lado los intereses de seguridad de los demás, se arma al que le dé la gana, y más cuando se insta a la ampliación de la OTAN sin importar lo que digan otros países, como Rusia, perjudicada en sus intereses de seguridad.

Lo más lamentable de todo esto es que no hay interés de Washington de mitigar la crisis, lo cual hace que se vuelva a citar a Sachs, cuando puso de relieve la “tremenda cantidad de provocaciones emprendidas por Estados Unidos”, por lo cual el mundo “está entrando en la era geopolítica más inestable en muchas décadas».

No sólo, subrayo, es un gran conflicto geopolítico entre Estados Unidos y Rusia, sino también entre Estados Unidos y China, y no se hacen esfuerzos para mitigar la crisis.

Así, en este maremagnum de provocaciones emprendidas por Washington, se hace realidad la expresión de Sachs de que “estamos rompiendo toda sensación de estabilidad», para afirmar finalmente: 

“Nos dirigimos al precipicio”.

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