El Sí no será a favor de una Ley, sino del futuro

El Sí significará darle más alas al sueño colectivo, brindarle la oportunidad a nuestra familia y a la de al lado a vivir en armonía

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El Código de las Familias, si cuenta con el voto mayoritario este 25 de septiembre, no será la varita mágica que haga realidad inmediatamente el sueño de una Cuba más plural e inclusiva y desaparezca todo tipo de violencia y discriminación, seguirán existiendo adultos mayores que no tienen en sus parientes el amor y respeto que se merecen o el cuidado devuelto que una vez profesaron, tampoco serán más felices unos cuantos niños o adolescentes, porque les seguirá tocando sentirse solos, desprotegidos.

Los valores que intenta reforzar esta norma de rango superior no crecen rápidamente o prenden como hierba mala, al contrario, por ser de raíces nobles necesitan profundo cuidado, dedicación y, sobre todo, tiempo; pero nada de eso es posible si no se plantan primero. El inevitable inicio es ponerlos en blanco y negro, en forma de Ley.

Aquí no se vulnera la voluntad o la libertad de nadie, la familia «tradicional» será la tuya si esa es la que quieres, la del otro será su decisión; pero por deber, tanto a ti como a él, corresponderá cuidar al abuelo o a la abuela si cuentas con la buena suerte de tenerlos aún a tu lado. Y eso no debería tener que ser un mandato legal, solo del alma.

Los hijos serán de sus padres, por supuesto, pero los derechos de los primeros no debe ser arrancados por los segundos, porque por ahí andan padres sin hijos queriendo profesar amor aunque «la sangre no los llame».

Más de una vez han dicho los expertos que el Código reconoce y protege derechos de los sectores vulnerables de la sociedad,  personas que en el espacio familiar pudieran estar en alguna circunstancia que las coloque en cualquier situación de desventaja y han pasado inadvertidos.

También se robustece el parentesco por afinidad, que no solo dependerá del matrimonio sino también de las uniones de hecho afectivas.

No obstante, al reconocer a niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos los hace también titulares de deberes: el respeto a sus familiares, participar y corresponsabilizarse en el cuidado del hogar, de acuerdo con su edad y sin importar su género.

Por estas razones y muchas otras recogidas en los 11 títulos, 474 artículos, 5 disposiciones transitorias y 44 disposiciones finales, cuando, casi el final de este mes, sea la hora de marcar la diferencia con nuestro criterio hay que repensarlo.

El Sí significará darle más alas al sueño colectivo, brindarle la oportunidad a nuestra familia y a la de al lado a vivir en armonía, en pura concordia- entre nosotros, entre ellos, y con la sociedad- o al menos, contribuir con que exista el derecho a elegir su felicidad y la forma en la que desea que le llegue.

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