Acoso ¿una prueba en la trayectoria escolar?

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En la primaria puede ser nuestra constitución física o la timidez; en la secundaria el acné, la falta de curvas o el exceso de ellas, tener una orientación sexual homosexual o aparentarlo, asumir con valentía una identidad de género trans. Por múltiples razones el acoso escolar puede llegar hasta el pre universitario y más allá, pareciendo una prueba que se perpetúa y superarla es todo un desafío.

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«El bullying en las escuelas es muy frecuente sobre todo en niños negros y las gorditas, las que son flacas no lo sufren mucho porque de vez en cuando son del grupo que te hacen el bullying», opina Laura Lizt Ramadón Torres quien reside en Las Tunas y estudia el octavo grado de secundaria básica.

La suya es una historia de crecimiento frente al acoso, para ella el apoyo de su familia y el conocimiento sobre las características de esta forma de violencia han sido las claves para procesar su propia experiencia.

«El pretexto que más se usa es la apariencia física y no te puedes ofender porque para ellas y ellos las burlas son bromas. Pero no lo son. El bullying te hace sentir pequeña en comparación con otros niños y te aíslas porque cada vez que te acercas al grupo te acosan delante de todo el mundo. Cuando eso pasa, en lo único que pienso es salir corriendo», reconoce Laura.

A 311 km de distancia, en el municipio La Sierpe en la provincia Santi Spíritus vive Dagmar López Albelo una muchacha que cursa el duodécimo grado en el instituto preuniversitario Camilo Cienfuegos. En su trayectoria estudiantil también ha encontrado manifestaciones similares de bullying escolar.

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«Las expresiones de bullying realmente son tan diversas que a veces se hacen imperceptibles, pero las más frecuentes son las burlas relacionadas al peso, la ropa, el acné juvenil, el volumen de cuerpo en las chicas relacionado con el estereotipo latino de caderas anchas y glúteos notables. En la mayoría de los casos ocurre de varones a hembras, y como vivo en una zona campesina pienso yo que influye la crianza a lo patriarcado y ese derecho que se le da al sexo masculino a opinar en público sobre sus compañeras, casi siempre con comentarios que las denigren o avergüencen», reflexiona Dagmar.

El «chucho» sostenido tiene consecuencias para todos y todas: para las víctimas, victimarios y quienes son testigos de los maltratos. Quienes más sufren son las y los adolescentes objeto de la violencia verbal, física o psicológica.

«Por supuesto el mero hecho de estar incómoda en un entorno en el que debes presentarte todos los días como un aula escolar ya es un efecto negativo, propiciando ausencias o desconfianza a la hora de participar en clases y actividades extraescolares como bailar, cantar etc.», opina Dagmar.

¿Quiénes maltratan? La doble cara del bullying

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«Los que hacen bullying yo creo que lo hacen porque tienen algún problema familiar y quieren ocultarlo acosando a otras personas, o no lo tienen y lo único que quieren es hacerte sentir mal. Por ejemplo, los niños que se creen muy bonitos son los primeros que te hacen bullying y después están las niñas cool que se creen el centro del mundo y que son superiores y tú eres una pizca de azúcar nada más», agrega Laura.

Según estudios nacionales quienes ejercen este tipo de maltrato pueden haber sido víctimas de bullying, sufrir violencia intrafamiliar o experimentar algún otro conflicto que afecte su salud mental.

Sin embargo, estas realidades no son justificaciones. Existe una cultura de la violencia y una socialización que se sustenta en relaciones de poder desiguales » basar la popularidad en tener poder sobre otras personas » donde el abuso se vuelve una práctica naturalizada. A esa fórmula se agregan estereotipos machistas y homofóbicos que sostienen la discriminación.

«El bullying normalmente te lo hacen en grupo y en público, cuando el niño o la niña que te acosan están solos te puedes acercar y puede ser tu amigo o tu amiga, pero cuando está en público te hace bullying porque necesita la aprobación de todos para sentirse poderoso. Imagínate, una persona que tiene dos caras», comenta Laura.

Detener el acoso es una responsabilidad de todos

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Es alarmante que estudios cubanos muestren inactividad en el profesorado frente al acoso escolar, y también el desconocimiento de las familias y la baja percepción de que esto pueda ser un conflicto que enfrenten sus hijos e hijas.

«Los maestros y padres de familia, a menudo, optan por no hacer nada pensando que el acoso entre pares se extinguirá naturalmente. Sin embargo, la evidencia apunta a que no ocurre así. Estudios longitudinales muestran que el acoso permanece por muchos años y que los roles se mantienen: un niño que es víctima a los siete años mostrará el mismo estatus ocho años después», refiere el estudio Comportamiento del acoso escolar en adolescentes de 14 a 17 años del Preuniversitario Saúl Delgado de La Habana, publicado en 2021.

Laura contó con el apoyo de una de sus profesoras, a su local corría cada vez que se sentía acorralada, allí la maestra le ensañaba poesía. Ese era su refugio.

Pero reconoce que no es lo habitual, «nunca he visto a un profesor que se meta en una bronca porque te estén haciendo bullying», afirma.

Para Dagmar hay mucho por hacer con quienes sufren acoso y de manera general en la formación y sensibilización de las adolescencias. Por eso le interesa trabajar en estas edades la autoestima, la comunicación, hablar de estas cosas con amistades y también en la familia.

«Respetar y conocer el concepto de diversidad me parece imprescindible, vernos como individuos, semejantes biológicamente, pero individuales en pensamientos, géneros, expresiones, gustos, sexualidades, modos de pensar», recomienda.

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