Algunas cosas no cambian en el beisbol cubano

No cambia, por ejemplo, el privilegio de contar con la serie nacional, que ni siquiera la pandemia de la covid-19 ha podido cancelar

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EL BEISBOL cubanohabita en el vértigo, en cambios y ajustes de propia voluntad o forzados por el curso de los acontecimientos en la Isla o allende los mares.

Sin embargo, algunas cosas no cambian»€¦ No cambia, por ejemplo, el privilegio de contar con la serie nacional, que ni siquiera la pandemia de la covid-19 ha podido cancelar.

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Tampoco cambia la pasión de los aficionados, ni el apego a sus equipos, ni el deseo de ir a los estadios y hacer cada año la fiesta de la pelota.

Hablamos de una matriz cultural profunda que nos sobrepone cada vez a las amenazas que se ciernen sobre el pasatiempo nacional, sobre todo al drenaje irregular de peloteros jóvenes hacia ligas profesionales, quienes quizás nunca volverán a vestir las franelas provinciales o tardarán años en hacerlo.

Este 23 de enero comenzó en el estadio Mártires de Barbados, de Bayamo, la 61 edición del clásico nacional. Dos buenos equipos, el campeón Granma y el subtitular Matanzas, se midieron ante cientos de aficionados ávidos de strikes y jits, ávidos de la alegría que los junta para defender lo propio.

Ganó Matanzas en un partido cerrado, atractivo y bastante rápido (4×3), ejemplo de los tantos que necesitamos para que el evento brille y rinda los frutos esperados.

Uniformes relucientes, terrenos mejorados, buenas pelotas y otros implementos, visible apoyo gubernamental, jugadores veteranos como brújulas y varios jóvenes prometedores adornan el paisaje de una «€œbatalla»€ que se extenderá hasta mayo en su etapa clasificatoria, y hasta junio-julio con la siempre trepidante postemporada.

Otra vez resaltan equipos llamados a reinar, es decir los grandes favoritos a la corona. Nadie podría omitir de esa lista a Granma, Las Tunas y Matanzas, por la solidez de sus nóminas, la tenencia de figuras inspiradoras y la tremenda experiencia de sus mentores.

Luego deben citarse como otros candidatos al podio a los elencos de Pinar del Río, Camagüey, Industriales y Santiago de Cuba, con herramientas suficientes para transitar con éxito el calendario regular de 75 partidos.

La eliminación de los refuerzos para los play off y de los movimientos en los rósteres de 40 atletas, salvo situaciones excepcionales, afianza los buenos augurios para los elencos mejor armados desde el inicio.

Por la fecha de la Serie está claro que los jugadores contratados en Japón no podrán apoyar a sus equipos, pero cerradas las ligas de invierno en el Caribe debe disminuir el movimiento de atletas e imponerse la estabilidad en nuestros banquillos.

Un adversario fuerte y parejo para todos será la covid-19. El protocolo sanitario aprobado permite seguir en competencia con una cifra limitada de casos positivos, pero ya sabemos que la «€œdistancia»€ entre tres y 10 contagiados, por citar números al azar, es la misma que separa al hilo de su aguja.

Las suspensiones de partidos por esta causa se sumarían a las inevitables por causa de las lluvias, sobre todo cuando el calendario se adentre en la primavera. Una extensión marcada del certamen no solo afectaría su desenvolvimiento, sino que lo encarecería en una época que exige el mayor ahorro.

La vuelta del público a las gradas significa un gran incentivo ya no para la 61 Serie, sino para la vuelta del país a la normalidad. Sin embargo, el gran reto está en mantener abiertas las puertas de los parques, sinónimo de tener a raya a la pandemia. Al final, el beisbol es pueblo y no sabe igual sin algarabía y pasión.

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