¿Buena o mala la sal?


¿Buena o mala la sal?

Que tiren la primera piedra aquellos a quienes alguna vez no se les haya olvidado echarle sal a la comida y luego en la mesa recibiera el repudio de la familia. Sucede que por muy condimentados que estén el resto de los alimentos no sustituye el efecto al paladar que le da la sal.

Sin embargo se debe tener claro que al igual que es desagradable su total ausencia, pues la comida se siente sosa, es dañino su uso exagerado.

Desde la antigüedad la sal ha sido clave para el ser humano, tanto, que muchas poblaciones se asentaban cerca de los depósitos de sal para controlar su comercio. Ya en China en el siglo XVII a.c. se tiene constancia de su uso. En Europa, en los tiempos del Imperio Romano, se crearon rutas específicas para la distribución del preciado condimento, comenta un artículo sobre el tema.

Tal ha sido siempre la importancia de este mineral que incluso llegó a ser la divisa con la que se pagaba a los trabajadores. En español, la palabra salario viene del latín «€œsalarium»€, que a su vez procede de «€œsal»€. Además del uso culinario para dar más sabor a las comidas o como conservante de alimentos, la sal en la actualidad también se emplea en el mantenimiento de las carreteras. En invierno, cuando nieva y hiela se echan grandes cantidades de sal que al contacto de esta con el hielo o la nieve, se disuelven (no se derriten), dejando transitables los caminos.

El tema de la sal es abordado en la fábula de la Princesa y la sal que habla sobre el amor y la soberbia de un orgulloso rey que no reconoce el amor de su hija menor y la destierra fuera de su reino hasta que un día reconoce su error.

El consumo excesivo de sal es una de las principales causas de hipertensión en la población. De hecho, el 30 por ciento de los casos de este padecimiento son atribuibles a una ingesta mayor a los valores diarios recomendados por la comunidad científica internacional.

La hipertensión constituye, a su vez, el principal factor de riesgo de enfermedades no transmisibles como el infarto y los accidentes cerebrovasculares.

Existe evidencia suficiente que demuestra que un mayor consumo puede ser una de las principales causas de cáncer de estómago. Se afirma la asociación directa entre su consumo y muertes por cáncer de estómago entre 39 poblaciones de 24 países.

También se demostró que la infección por Helicobacter pylori que causa tanto úlceras de duodeno y gástricas como cáncer de estómago, está asociada con el consumo de sal. Independientemente del efecto sobre la presión arterial, existe evidencia sobre otros efectos perjudiciales sobre la salud.

El excesivo consumo de sal también causa litiasis renal y tiene una fuerte asociación con la osteoporosis, la retención de líquidos (ligada a la insuficiencia cardíaca y al edema), la obesidad y el asma.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda consumir menos de cinco gramos (un poco menos que una cuchara de té) de sal por día, en el caso de adultos. Para los niños, hay que ajustar a la baja, con «€œla ingesta máxima recomendada para los adultos en función de las necesidades energéticas en relación con las de los adultos»€.

Para disminuir su consumo se recomienda no agregar sal durante la preparación de los alimentos, no poner saleros en la mesa, limitar el consumo de tentempiés salados y escoger productos hiposódicos.

La sal común, o cloruro de sodio (NaCl) se consigue de diversas formas. La más conocida es por evaporación del agua, que da lugar a la sal marina o de manantial. Otra forma es mediante la extracción de una roca llamada halita, que se pulveriza y como resultado se consigue el condimento. Y por último también existe un método de conseguir sal a partir de plantas, en concreto de las gramíneas. Se hierven y se consigue sal, denominada sal vegetal.

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