La civilización del espectáculo

El título de este trabajo pertenece a un extraño libro de ensayos de Mario Vargas Llosa. Pero antes de entrar en el contenido de este texto quiero exponer someramente quién es su autor y cuál es su voluminosa obra, no sea que alguno de mis lectores no tenga conocimiento de este personaje.

Vargas Llosa escribe este título inmediatamente después de recibir el Premio Nobel de Literatura en el año 2010. Ha obtenido además importantes premios entre ellos el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias, el PEN Nabokov, y el Grinzan Cavour. Tiene publicados en general 25 títulos.

El texto comienza con un párrafo que dice exactamente:

El hecho es tanto más sorprendente en cuanto a que la cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer, y acaso ha desaparecido discretamente vaciada de su contenido y este remplazado por otro, que desnaturaliza el que nunca tuvo

Luego el autor se apoya en un ensayo publicado en 1949 por el escritor norteamericano T.S.Eliot con el título Notes Touards the Definition of Cultura.

Elliot maneja ciertos conceptos interesantes y ahí les va el primero:

«Y no hay razón alguna por la cual la decadencia de la cultura no pueda continuar, y no podamos anticipar un tiempo, de alguna duración, del que se pueda decir que carece de cultura».

Eliot además afirma que la alta cultura es patrimonio de una élite, y define que así sea porque asegura que «es condición esencial para la preservación de la calidad de la cultura de la minoría que continúe siendo una cultura minoritaria».

Dice luego más adelante Elliot: «La ingenua idea de que a través de la educación se pueda trasmitir la cultura a la totalidad de la sociedad, está destruyendo la alta cultura».

Luego maneja esta aseveración que por supuesto también comparte Vargas Llosa:

La cultura se trasmite a través de la familia, y cuando esa institución deja de funcionar de manera adecuada, el resultado es el deterioro de la cultura. Luego de la familia la principal trasmisora de la cultura a lo largo de las generaciones ha sido la Iglesia, no el colegio. No hay que confundir cultura con conocimiento.

Con el perdón de estos dos gigantes de la creación cultural y literaria, pero tengo que discrepar de ellos, no creo que sea la Iglesia la principal trasmisora de la cultura, y espero que la Historia me dé la razón. Sin embargo, considero que el nacimiento y desarrollo del Capitalismo y luego la aparición del Neoliberalismo sí han favorecido al nacimiento de una cultura desnaturalizada, como le llama al propio Vargas Llosa, y ello ha sido influido por la aparición de los medios de información, que a veces son de desinformación o de mala información, pues al estar en manos de los poderosos multimillonarios, manipulan abiertamente a la opinión pública del mundo, y como resultado se crean estados de opinión que particularmente favorecen a las grandes entidades millonarias de los países desarrollados.

De todas maneras, no creo que a pesar de lo dicho anteriormente, haya desaparecido la llamada «cultura clásica», pues todavía hoy se crean libros, obras musicales, teatrales entre otras que clasifican como clásicas pese a la falta de promoción y de divulgación de sus contenidos.

Tendría que haber dicho antes y no lo hice que el libro conta de siete capítulos y 228 páginas, y termina con una nota de Vargas llosa que dice textualmente:

Reconocimiento.

Aunque las limitaciones y errores que pueda tener este ensayo son solo míos, sus eventuales aciertos deben mucho a la sugerencia de tres amigos generosos que leyeron el manuscrito y a quienes quiero citar y agradecer: Verónica Ramírez Muro, Jorge Manzanilla y Carlos Granés.

Mario Vargas Llosa

Madrid, octubre de 2011.

Por último, quisiera brindarles la nota de contracubierta del libro que aborda una arista interesante de este complejo tema:

La banalización de las artes y la literatura, el triunfo del periodismo amarillista y la frivolidad de la política son síntomas de un mal mayor que aqueja a la sociedad contemporánea: la idea temeraria de convertir en bien supremo nuestra natural propensión a divertirnos. En el pasado la cultura fue una especie de conciencia que impedía dar la espalda a la realidad. Ahora actúa como mecanismo de distracción y entretenimiento. La figura del intelectual que estructuró todo el siglo XX, hoy ha desaparecido del debate público. Aunque algunos firmen manifiestos o participen en polémicas, lo cierto es que su repercusión en la sociedad es mínima. Conscientes de esta situación, muchos han optado por el discreto silencio. Como buen espíritu incómodo, Vargas Llosa nos entrega una durísima radiografía de nuestro tiempo y nuestra cultura.

Tomado de Cubaliteraria

Emilio Comas Paret

Escritor y periodista cultural, con diez títulos publicados, galardonado con varios premios nacionales y dos menciones internacionales. Nacido en Caibarién en el 1942 y miembro de la UNEAC.

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