No hay derecho a ser irresponsables

ndice

La verdad quema como una brasa encendida pegada a la espalda, pero hay que decirla: cuando se detectaron los primeros casos de la COVID-19 nuestras calles estaban desiertas, ahora que vivimos el peor momento, pareciera como si hubiera desaparecido el temor a la pandemia.

La gente camina, se pega, gesticula, conversa, discute, se abraza, como si llevaran en el pecho un amuleto divino que los salvara de la muerte.

En la dirección de la agricultura, que es uno de mis espacios más cercanos, donde no pueden dejar de trabajar, aunque todavía no hayan sido vacunados, porque sin comer no se puede vivir, el delegado provincial Alain Rodríguez León ha sido preciso: físicamente solo el imprescindible, los demás a distancia. Basta un ejemplo para que comprendan la gravedad de esta enfermedad.

José Luis Valladares, alias Pikirí, integrante de su consejo de dirección, ya la superó, pero todavía no recupera ni el apetito ni el paladar, sus hijas hace pocos días debieron afrontar solas la cremación del cadáver de su abuelito fallecido por la COVID-19, y su esposa Betsi acaba de salir este lunes del hospital, y deberá seguir tratándose las lesiones pulmonares. ¿Qué otra cosa debe ocurrir para que tomemos conciencia sobre la necesidad urgente de recogernos en casa para poder salir de este pico en que cada nueva mañana nos trae un nuevo récord?

Hace pocas semanas ni nos pasaba por la mente que se pudieran reportar 162 enfermos en una jornada en Villa Clara, y lo que es peor, en los trece municipios. ¿Cuántos andarán asintomáticos por las calles? Nadie lo sabe. Hay que estudiar las estadísticas que es una ciencia exacta, analizar donde es mayor el índice de contagio: si es en las colas, reuniones, centros de aislamiento, y hacer más de lo que hoy hacemos. Para nadie es secreto que los hospitales de Cuba con más de 13 mil enfermos confirmados, las cuarentenas, centros de aislamiento, etc., traen gastos enormes y sin producir sería imposible evitar el colapso económico.

China no venció a la COVID-19 con la vacuna, la derrotó por la disciplina de su pueblo. Y sabemos que no es igual la situación de nuestro país, que hay que buscar el sustento, pero se ha probado que muchos de los que están en las calles lo hacen incluso para pescar en río revuelto, a la caza del dinero fácil.

No es humano ni perdonable aprovecharse de las actuales circunstancias dramáticas que vivimos para lucrar. Y no basta con saber que por cada especulador en nuestras calles hay muchos cubanos insomnes, sobre todo en la esfera de la salud exponiendo sus vidas para salvar las nuestras. No hay derecho a ser tan irresponsables.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Complete la operación *