COVID-19 en edades pediátricas: ¿Y la responsabilidad familiar?

El Dr. Yandry Alfonso Chang, al frente del Programa de Atención Materno-Infantil en Villa Clara, aborda el incremento de casos de COVID-19 en la edad pediátrica.

Dr. Yandry Alfonso Chang.
El Dr. Yandry Alfonso Chang muestra gráficas que refuerzan la situación existente en la edad pediátrica. (Foto: Ricardo R. González)

Si existe algún tesoro en este mundo que merece el máximo cuidado es el de la infancia. Alimentar sus sueños y garantizar su futuro debe mover las fibras más sensibles de los seres humanos; sin embargo, desde el inicio del tercer rebrote del temible SARS-CoV-2, el marcado incremento de niños positivos al virus inquieta, sobremanera, a los expertos.

Lo sabe el Dr. Yandry Alfonso Chang, al frente del Programa de Atención Materno-Infantil (PAMI) en Villa Clara, quien advierte que de los 312 afectados en Villa Clara desde el inicio de la pandemia, 241 obedecen a esta tercera etapa, pero a ellos se agrega una realidad más alarmante debido a que 49 casos confirmados en la última quincena están comprendidos en la edad pediátrica.

El Dr. Alfonso Chang recuerda que hace un tiempo atrás la provincia tuvo una semana alentadora sin menores hospitalizados. Ello vaticinaba un supuesto incremento de la protección familiar, pero luego la realidad demostró lo contrario.

Una pregunta impone el momento:

—¿Qué está pasando, doctor?

—Resulta inaudito el incremento de casos en un grupo tan vulnerable sobre el que debe recaer la máxima responsabilidad por parte de la familia y cuya célula ha bajado la percepción de riesgo, quizás pensando en los efectos de los candidatos vacunales, y no es así porque los menores no están incluidos, de momento, en los protocolos establecidos.

Las tablas y gráficos que muestra el funcionario confirman a las claras múltiples indisciplinas al respecto. Visitas de familiares que asisten a conocer a los recién nacidos y que ya han provocado reportes por contacto en el territorio; la asistencia de los pequeños a fiestas o celebraciones recreativas que están prohibidas, y niños infestados en los que se desconoce la fuente de contagio.

También se aprecian irregularidades en madres acogidas a la ley para dedicarse al cuidado de los hijos, y el panorama ha sido otro. Las escuelas no están impartiendo docencia aún y siguen enfermándose los niños.

Por todas partes se hacen visible los grupos de menores que juegan en las calles sin ningún tipo de protección y que pueden ser alentados en sus hogares a salir fuera de las viviendas como forma de lograr el descanso de los mayores. O quienes los llevan a una cola, quizás en busca de un resorte de prioridad ¿Y están conscientes los adultos de tan alta negligencia?

—Hay estadísticas que llaman la atención y abren el capítulo de las reflexiones…  

—Entre los niños activos que tiene la provincia por estos días, 24 son menores de diez años, una realidad inconcebible porque constituye el grupo de edad sobre el que debe recaer los mayores cuidados por parte del núcleo familiar.

—¿Los casos de menor tiempo de nacidos registrados en Villa Clara?

—Uno de 15 días que, incluso, después de la quinta jornada de tratamiento su carga viral era todavía alta. Otro lactante de 31 días, y 19 menores de un año.

—Si hablamos de consecuencias, ¿cuáles serían las principales?

—Ante estos sucesos se retarda el esquema de vacunación vigente en el país, además de enfrentarse a un desorden inmunológico y a una secuencia de consultas de seguimiento y evolución que pudieran advertir posibles riesgos futuros para la salud.

—Ello ha llevado a un reordenamiento de la red pediátrica en la provincia…

—Sin duda. Villa Clara tiene un programa de recuperación de secuelas habilitado en el hospital pediátrico universitario José Luis Miranda con especialistas de Neumología, Cardiología, Imagenología, Nefrología, Neurología, Psiquiatría infanto-juvenil, entre otras. Como conclusiones generales se ha visto que gran número de ellos presentan afectaciones en la esfera psicológica dadas por la ansiedad, el miedo, algunos que han debutado con psicosis y fobias cuando existen referencias a la enfermedad.

«Pero también se remarcan secuelas cardiovasculares de consideración atribuidas a la pericarditis (inflamación e irritación de la membrana que rodea al corazón), miocarditis (alteraciones en el músculo cardíaco), hipertensión y trastornos del ritmo cardíaco. El 26 % de los evaluados han tenido manifestaciones cardiovasculares desde el inicio de la pandemia y la mayor parte de los niños han sido contacto directo de casos positivos, ya sea de los padres o de familiares»

—¿Se tienen algunas estadísticas que, de cierto modo, aludan a la irresponsabilidad de los adultos?

—Cada vez que sale un positivo casi siempre supera los diez contactos, por lo que la familia no ha sido consecuente con la situación, a pesar de que se conoce más de la enfermedad.

—Cuba reporta ya dos niños fallecidos producto de la COVID-19. Villa Clara no tiene ningún caso, mas, ¿hay indicios que coincidan entre los detectados?

—Muchos presentan enfermedades asociadas de diversa índole, y aquellos infantes con estas características son los que deben recibir mayores cuidados en casa.

—Sería injusto y sin sentido culpar a los niños de este comportamiento de la COVID-19, ¿cuál es su apreciación?

—La responsabilidad recae sobre la familia. Incluso es alarmante que se observen niños negativos a la epidemia que son llevados a manera de «acompañantes» a hospitales con alta carga viral, por lo que se están abriendo las puertas a la infección como futuros candidatos. Se hace necesaria una reorganización familiar a fin de evitar que los pequeños sean sometidos a complejas situaciones epidemiológicas.

—¿Su consideración final?

—La frase «Quédate en casa» adquiere más vigencia que nunca. Corresponde a la familia, a los vecinos y a la comunidad cumplir y colaborar en el cumplimiento de las normas de bioseguridad, en el uso del nasobuco en los niños, en el cumplimiento del resto de las medidas sanitarias, y pensar en que si bien, hasta el momento, no tenemos decesos infantiles atribuidos a esta epidemia a veces una evolución hacia un estado crítico pudiera ofrecer desagradables consecuencias.

El mensaje está claro. Cuidemos entre todos las aspiraciones de la familia de verlos empinar el papalote, cuando sea preciso, de vestir su uniforma escolar, de conquistar la sabiduría presente en los libros, y acariciar los sueños que tanto merecen. Hagamos todo por ellos y evitemos las lágrimas.      

Ricardo Rodolfo González

Periodista y filólogo

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