“Yo siempre seré como el mar, libre, muy libre…” (+Audio)

Así escribió a su padre Marcelo Salado Lastra, joven caibarienense quien muriera asesinado un 9 de abril de 1958

“Solo se es feliz cuando se llena un espacio en la Historia, cuando sentimos que estamos cumpliendo nuestro deber”.

Así pensaba Marcelo Salado Lastra, un hijo de Caibarién amante del deporte y de las canciones dedicadas a su pueblo. Desde joven expresó su desacuerdo con el abuso y la explotación. Marcelito, como aun le nombramos los caibarienenses, se caracterizó por ser uno de los combatientes clandestinos más valientes. Era muy inteligente, por sus estudios y hábito de lectura era una persona con amplia cultura.

Por sus inquietudes revolucionarias en varias ocasiones fue encarcelado lo cual consolidaba su decisión de luchar por la libertad de Cuba. Conoció a Faustino Pérez y Frank País a finales de 1956, cuando se reorganizaba el Movimiento 26 de Julio. Fue en su apartamento en el Vedado donde se realizó una de las primeras reuniones de ambos dirigentes.

Marcelo Salado Lastra era amigo de José Antonio Echeverría, máximo dirigente de la FEU. Se conocieron en la Progresiva, de Cárdenas; ahí compartieron ideas y preocupaciones revolucionarias, además de una gran amistad basada en intereses para el derrocamiento de la dictadura. Amistad extendida a Fructuoso Rodríguez y Juan Pedro Carbó Servia.

Participó en el plan para el secuestro del Campeón Internacional de Automovilismo Juan Manuel Fangio. Junto a Faustino Pérez y Arnol Rodríguez tuvo la responsabilidad de explicar al corredor argentino las razones políticas de lo sucedido.  Al mismo tiempo, fue jefe de la seguridad de Fangio mientras permaneció en “la casa de las norteñas”, en el reparto Nuevo Vedado, hasta su devolución a las autoridades argentinas en Cuba.

 Eran casi las tres de la tarde del 9 de abril de 1958, no se sabía nada sobre el desarrollo de la Huelga Revolucionaria que el Movimiento 26 de julio había convocado. Marcelo Salado Lastra, era uno de los principales dirigentes. Estaba ansioso y decide salir a la calle. Lo acompañaba Ramona Barber Gutiérrez. En la calle es reconocido por un traidor. Bajo las órdenes del asesino Esteban Ventura, el cual iba en un carro, es ametrallado en 25 y G. Su compañera logró escapar.

Todo el odio de los esbirros de la tiranía se desató contra el joven revolucionario. Cuando el padre recuperó el cadáver del hijo, tenía más de 30 impactos de balas.

Días más tardes, con la compartimentación que requería el momento, Faustino Pérez como jefe del Movimiento 26 de julio en La Habana, le entregó al padre de Marcelo Salado Lastra los grados de Comandante caído en combate.

Así se reconoció el ejemplo del joven deportista y profesor de Educación Física, quien encontró en el mar su símbolo para su decisión de vivir en libertad y sin el yugo opresor de la tiranía. Y así le escribió a su padre: “Yo siempre seré como el mar, libre, muy libre…Yo siempre seré un hombre libre”.

Imagen: tomada de Bohemia.

Máximo Luz

Periodista, director y guionista de programas de radio en emisora Radio Caibarién

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