El profe Rigo se suma a los Valientes (+Audio)

El caibarienense Rigoberto Acosta González, profesor de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, nos cuenta sus días como voluntario en el centro de aislamiento en la sede pedagógica Félix Varela de Santa Clara.

Rigoberto Acosta, profesor de la UCLV

Hubiera sido más fácil algún cálculo matemático. Cualquiera ecuación de esas que desvelan a los estudiantes. O un plano eléctrico.  Una hoja llena de números y posibilidades antes de ser entrevistado vía teléfono.

Atrás quedaron las aulas de la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Ahora, el profesor Rigoberto Acosta González cuida de casos sospechosos a la Covid-19 en el centro de aislamiento en la sede pedagógica “Félix Varela” de Santa Clara.

“Es importante para mi tratar de ayudar a más personas en un momento tan difícil como este de llegar a un lugar como contacto directo de personas que han sido confirmadas a la Covid-19 y tener algunos síntomas y saber que en algún momento puedes dar positivo. No tengo miedo, porque existen todos los medios de protección y cuando cumples lo indicado es muy difícil que te puedas contagiar”.

Rigo, como le llaman los amigos, aunque para los alumnos sigue siendo el profe a pesar de sus 27 años, es un joven voluntario en la lucha contra la Covid-19.  Repite por segunda vez con la convicción de estar en el lugar justo y preciso.

“El carácter de las personas es muy complejo. Te tropiezas con la desesperación de ellos, te reclaman algo de lo cual no sabes, y a veces te logran incomodar; pero después te pones a reflexionar que la situación de ellos es peor que la tuya y hay que calmarse”, nos comenta Rigo.

Varias veces se cruzan las cintas que indican la zona roja. La comida le llega a quienes esperan por un resultado de las manos de estos Valientes.

Grupo de voluntarios entre profesores y alumnos en el centro de aislamiento «Félix Varela».

“Un día aquí es bastante complicado y muy atareado. Levántate a las 6 y media de la mañana, busca la ropa, vístete, ve para la zona roja, pregunta a los médicos cuántos pacientes hay. Después, repartir desayuno, almuerzo, comida…Regresar y bañarte; muy importante. Parece fácil pero estas todo el día constantemente entrando a zona roja. Solo queda la noche para sentarse a conversar y jugar un poco dominó para aliviar el día de trabajo”.

Quienes le han puesto rostros a la Covid-19, ocultan lo más profundo de su alma. Un alma cubierta pero protegida.         

El profesor Rigoberto Acosta González.

“Como medidas de protección utilizamos 2 nasobucos, un gorro, la careta, sobrebata, botas, 2 guantes… Ya yo estaba adaptado pero la primera vez fue incómodo porque respirar con 2 nasobucos no es fácil, pero bueno; cuando le coges la vuelta a los 2 o 3 días ya encontraste la técnica para poder respirar y no ahogarte”.

Ya desde casa, Rigoberto Acosta González cumple el protocolo necesario junto a su familia. Quizás ahora los días en el centro de aislamiento se difuminan mientras espera ansioso volver a las aulas, aquellas aulas que saben de un profesor dispuesto a sumar vida.      

Imágenes: cortesía del entrevistado

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