Cuando la radio se convierte en memoria

Hay aniversarios que no se celebran solamente mirando el calendario. Se celebran mirando hacia atrás, recorriendo los caminos de la memoria y encontrando, en cada esquina, voces, rostros, historias y momentos que el tiempo no ha podido borrar.
Hoy, cuando la radio de Caibarién celebra un nuevo aniversario, siento que inevitablemente regreso a sus estudios, a sus pasillos, a sus cabinas y a ese mundo maravilloso que durante 22 años de mi vida fue también mi casa.
Fui directora de la Radio en Caibarién durante once años y once meses. Casi doce años conduciendo los destinos de un medio que, mucho más que transmitir sonidos, tenía la hermosa responsabilidad de acompañar a su pueblo.
Porque la radio caibarienense siempre ha sido eso: compañía, información, cultura, identidad y corazón comunitario.
Desde sus espacios habituales hasta las coberturas de acontecimientos trascendentales, estuvo allí donde estaba la gente. En las alegrías y en las preocupaciones, en las celebraciones y en los momentos difíciles. La radio fue testigo y narradora de la vida de un pueblo.
Y qué decir de aquellos eventos de las emisoras del litoral, que convirtieron a Caibarién en sede de importantes encuentros a nivel de país. Llegaban profesionales de diferentes territorios, se llenaba la ciudad de voces y experiencias, y nuestra radio se convertía en punto de encuentro para quienes entendían que hacer radio también era construir cultura.
Quedan en la memoria las galas artísticas para el pueblo, aquellas jornadas en las que la emisora salía de sus paredes para encontrarse directamente con su audiencia. La radio dejaba entonces de ser solamente una voz que llegaba desde un receptor y se convertía en presencia, en escenario, en emoción compartida.
También queda el orgullo de haber defendido, desde aquella emisora, un elevado nivel comunitario, porque la radio local tiene una responsabilidad que ningún otro medio puede sustituir: conocer a su gente por su nombre, entender sus preocupaciones, contar sus historias y hacer visibles esas pequeñas grandes hazañas que muchas veces solamente ocurren en un barrio.
Y detrás de todo aquello estuvo un colectivo extraordinario.
Sería imposible nombrarlos a todos sin correr el riesgo de dejar fuera a alguien, porque la historia de la radio se escribe con muchas voces. Pero cómo no recordar a Merbin Martínez Lara, Pepe Villazón, Estelí Vázquez, Leonel, Vicent, Iván Núñez, Raúl Coello, Bárbaro Machín, Teresita Ramos y su mamá Tere, Hilda, Pedro, Domingo, Orgelia, Arsenio, Juan Carlos, Karen, Zaily, Sañudo, Ortega, Jesús, Carmen, Susana, Odalys López, Nana, Sady, Zaida Míliam, Tony, Daniel Acevedo, Carmen Moreno, Mina…
Y tantos otros.
Una lista interminable, porque interminable ha sido también la huella de quienes, desde diferentes responsabilidades, entregaron talento, esfuerzo y horas de su vida a ese maravilloso oficio de hacer radio.
Pero si tuviera que escoger un protagonista colectivo de todos estos años, tendría que mencionar a alguien imprescindible:
la audiencia.
Esa audiencia que estaba al otro lado del receptor. La que esperaba cada espacio, seguía cada programa, participaba, opinaba, llamaba, asistía a cada gala, acompañaba cada acto y hacía sentir que todo aquel esfuerzo tenía sentido.
Porque un medio de comunicación puede tener micrófonos, transmisores, estudios y profesionales excelentes, pero la verdadera razón de existir está siempre en quienes escuchan.
A ellos también pertenece esta historia.
Hoy, al celebrar un nuevo aniversario de la Radio en Caibarién, no puedo evitar sentir una mezcla de nostalgia y gratitud.
Nostalgia por aquellos años que ya forman parte de la memoria.
Gratitud por cada compañero de trabajo, por cada historia contada, por cada transmisión, por cada jornada interminable, por cada evento, por cada alegría compartida y también por cada dificultad que nos enseñó a crecer.
La radio me aportó muchísimo.
Me enseñó a escuchar antes de hablar. A mirar más allá de las palabras. A entender que detrás de cada voz hay una historia. Me regaló amigos, experiencias, conocimientos y una manera diferente de comprender a mi pueblo.
Me permitió ejercer una profesión que terminé amando profundamente y que, con el paso de los años, se convirtió en una parte inseparable de quien soy.
Veintidós años en la radio no caben en una cifra.
Caben en los recuerdos.
En las voces que todavía resuenan.
En los nombres de aquellos compañeros que alguna vez compartieron una cabina.
En los oyentes que aún recuerdan un programa.
En las galas.
En las transmisiones.
En las historias.
En Caibarién.
Y sobre todo, en esa sensación maravillosa de haber sido parte de un medio que durante décadas acompañó la vida de su pueblo.
Hoy no quiero hablar solamente de una emisora que cumple años.
Quiero hablar de una familia radial.
De quienes estuvieron, de quienes están y de quienes vendrán.
De todos los que alguna vez encendieron un micrófono con la convicción de que del otro lado había alguien esperando escuchar.
A todos ellos, y a esa audiencia fiel que nunca dejó de acompañarnos, mi reconocimiento y mi abrazo.
Feliz aniversario, Radio Caibarién.
Gracias por haberme permitido ser parte de tu historia.
Y gracias, sobre todo, por haber sido durante tantos años una parte inmensa de la mía.
Imagen: Archivo CMHS.
