Ciencia y tecnología

Estar sentado mata igual que fumar: el hábito que acorta tu vida

El neurólogo Conrado Estol explica cómo el ejercicio, el Ikigai y la prevención frenan el envejecimiento. Descubre por qué nunca es tarde para cambiar hábitos tras los 60

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Alma Plus online

Vivimos en la era de la información inmediata, pero fallamos en la ejecución. En una reciente entrevista con un medio argentino, el reconocido neurólogo Conrado Estol lanzó una advertencia que sacude la comodidad moderna: la inactividad física ya no es solo una cuestión estética, es una amenaza letal comparable al tabaquismo pesado.

La paradoja del bienestar: sabemos mucho, hacemos poco

Nunca antes la humanidad tuvo tanto acceso a datos médicos en tiempo real. Sin embargo, tener la información no garantiza la salud. Estol destaca una contradicción vital: aunque los jóvenes de hoy proyectan vivir cerca de cien años, existe un rechazo generalizado a llegar a la vejez en las condiciones actuales de deterioro que observan en sus mayores.

La expectativa de vida ha dado un salto cuántico, pasando de los 69 años en 1960 a un promedio de 85 en países de altos ingresos. No obstante, la clave no está en cuánto vivimos, sino en cómo llegamos a esa meta.

El sedentarismo es el nuevo tabaquismo

El dato más contundente de la charla fue la equiparación directa entre la falta de movimiento y el vicio del tabaco. Según el especialista, el impacto metabólico y cardiovascular de permanecer quieto es devastador.

Estar sentado todo el día sin moverse es tan nocivo como fumar dos paquetes de cigarrillos diarios. No hacer ejercicio es igual de dañino que una mala alimentación.

Esta afirmación redefine el concepto de riesgo laboral y estilo de vida urbano, poniendo al movimiento constante como una necesidad biológica no negociable, y no como un simple pasatiempo de fin de semana.

Japón, Ikigai y la ciencia del propósito

Mientras Occidente lucha contra la obesidad, Japón lidera los ránkings de longevidad saludable. Estol señala que esto no es casualidad, sino producto de una educación que enseña a comer despacio y con inteligencia desde la infancia. Pero hay un factor invisible aún más potente: el Ikigai.

Lejos de ser una moda filosófica, tener un «propósito de vida» tiene efectos fisiológicos medibles. «No tener propósito la acorta, científicamente comprobado», aseguró el médico. La motivación diaria actúa como un protector neuronal y cardiovascular.

Nunca es tarde para hackear el envejecimiento

Una de las grandes preocupaciones es si el daño es reversible. La respuesta de la ciencia, respaldada por estudios como el FINGER en Finlandia, es positiva. Incluso personas de ochenta años que adoptaron cambios drásticos lograron extender su calidad de vida.

Para frenar el envejecimiento acelerado que ocurre entre los 50 y los 80 años, Estol recomienda una tríada de acción inmediata:

   Actividad física constante: Romper la inercia es el primer paso farmacológico natural.
   Alimentación consciente: Aunque en nuestra región comer sano puede costar hasta 4,8 dólares diarios (más caro que en EEUU), es la inversión primaria.
   Desafíos cognitivos: Mantener el cerebro en aprendizaje continuo para preservar la neuroplasticidad.

La medicina del futuro es preventiva

El neurólogo concluyó con una visión clara sobre hacia dónde va la salud global, impulsada ahora por herramientas de Inteligencia Artificial médica. El viejo modelo de «curar cuando ya es tarde» está obsoleto. La nueva medicina consiste en ir dos pasos adelante, previniendo el daño antes de que aparezca el síntoma.

«No hay recetas mágicas, pero sí certezas», finalizó Estol. La longevidad no es suerte genética, es una construcción diaria.

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