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Para preservar la voz de Cuba

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Es recurrente la problemática de la locución en los medios radiales

La locución es el sonido de una nación que se oye a través de todo el orbe. (Tomada de ACN)

El tema de las problemáticas de la locución es recurrente en las redacciones de los medios radiales. Durante años existió una especie de prohibición a que los periodistas hicieran arte en dicho medio y a la vez sigue habiendo un valladar que frena a los que poseen otras formaciones para que hagan periodismo. Esas divisiones están creadas en función de sistemas de pago dentro de la estructura administrativa y se comportan de maneras arbitrarias. Por mucho tiempo hubo personas que no pudieron desarrollar este o aquel talento debido a las restricciones y el resultado es que, cuando fueron desapareciendo los talentos clásicos de la radio, se inició una carestía de voces para la locución. Hoy las cátedras provinciales han debido flexibilizar los términos de admisión para los artistas e incluso en ocasiones se permiten trabajadores que no poseen toda la aptitud. Ese desespero proviene de que la radio requiere de diversidad de registros sonoros y hoy no se puede decir que ello exista.

La locución es el sonido de una nación que se oye a través de todo el orbe. Pudiéramos decir que se trata de uno de los tantos rostros identitarios. En Cuba, país primigenio en cuanto a trasmisiones, hubo siempre maestros en este arte. No hay que buscar demasiado cuando se sabe del emporio de las grandes compañías en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Pero en todo ello hubo un interés de mercado, una estructura que soportaba la contratación y que veía en el talento la savia necesaria para poder vender los productos. Ahí estaban las radionovelas que paralizaban las calles, los anuncios de jabón, los concursos y los grandes eventos. Un universo que le daba vida a la locución, pero también al periodismo, a la música, a la búsqueda de un camino. Con la Revolución todo pasó a un sistema de subvención estatal que al inicio y durante mucho tiempo funcionaba. Hay que hablar de maravillas que aún perviven como Radio Rebelde y de otras que siguieron existiendo como Progreso; pero más allá de esa porción casi museable de la historia de la radio, en la nación hoy estamos careciendo de la formación de un relevo contundente. Hay buenos locutores, pero se marchan hacia otras oportunidades laborales. En este sector también un éxodo brutal ha hecho los estragos correspondientes. Y Cuba se va quedando sin voces. Urge una transformación en cuanto a las contrataciones, una dinámica reflexiva, un punto de partida autocrítico que le dé otra vida al medio radial. No se puede seguir con la filosofía de lo mismo, so pena de que continúe maltratándose toda oportunidad de mejoría.

En este y otros quehaceres ha de invertirse no solo tiempo, sino recursos, porque a lo que no se le pone la mano de forma certera no se le puede pedir niveles de éxito. ¿Cuánto está cobrando un locutor de primer nivel por las horas de trabajo al aire?, ¿qué emisoras de radio poseen los presupuestos mejores y cuales los peores?, ¿cuáles son los cánones con los que se mide la calidad de un profesional de estos medios? Muchas veces son descartadas personas solo porque hubo un capricho de celos entre decisores o trabajadores. En otras ocasiones se le pide al locutor que labore por un poco tiempo al aire y ello va en detrimento de su economía personal. Unido a ello, muchos jóvenes periodistas ven imposibilitado su sueño de trabajar en dicho frente porque se les impone una injusta ley de cargas de horarios y ello los inhabilita. De todas esas trabas se sabe en el antiguo Instituto de Radio, pero poco se ha hecho para derogar y reformar. Y mientras tanto hay un talento que no fluye por las cabinas de trasmisión, que no se forma, que se nos escapa. En esa polémica llevamos años, pero ha hecho falta mayor voluntad de transformación y menos inmovilismo administrativo.


Entonces, ¿Cuándo vendrá la transformación vital? La nación requiere de la presencia de avezados locutores que le den prestigio a Cuba por el mundo. Hay que ir a la época de oro por ejemplo de Radio Habana Cuba, que hacía las veces de embajadora en las porciones del tercer mundo necesitadas de la esperanza de un sistema distinto, más humanista, distante del capitalismo que las aqueja. Las trasmisiones cubanas poseen un compromiso con el dolor del mundo y por ello deberían tener mucho más apoyo en cuanto a recursos y cuestiones subjetivas. Prestar oídos a los reclamos tendría que ser un ingrediente cotidiano en las relaciones entre lo administrativo y lo artístico, pero sabemos que muchas veces no es ese el panorama que se nos presenta. Hay que trabajar más en las relaciones entre los departamentos, capacitar a todos pues la radio no solo es de los que están de frente a la producción, sino de los que de una forma u otra contribuyen y ello incluye a los ingenieros de la empresa de Radio Cuba, que en ocasiones no poseen la sensibilidad que conlleva un medio artístico. Hay que generar sinergias en todo este asunto, para que se dé el necesario alumbramiento de una radio diferente, que le llegue a todos los públicos, ya sean jóvenes o no. Porque resulta necesario crear estados de opinión que se enfrenten a la manipulación de conciencias y el proceso de colonización cultural.


La locución es uno de los mecanismos para dejar nuestra impronta como país en el mundo, posee la fuerza de los artistas y la transparencia del compromiso, pero no se va a salvar en solitario. Así, a la espera de respuestas, muchos siguen bregando a pesar de los pesares. Nada ha de detener el ritmo de un proceso que nos supera y que posee la hondura del arte más exigente.

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