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¿El dólar languidece?

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El dólar cuenta con una fuerza descomunal. Aunque expertos en economía advierten sobre un ligero descenso durante los últimos años, su valor continúa marcando el mercado. Por tal conducta a pesar de las crisis, el dólar como moneda es, sin dudas, una referencia muy validada, y constituye la base para el poderío del país considerado primera potencia mundial.

Sin embargo, no pocos aseguran su declive ante otras divisas que vienen posicionándose con paso firme, cada vez con más valor; además de algunas que, desde su planificación, ya se perciben como amenazantes para la hegemonía del dólar. Este es el caso de un proyecto reciente del BRICS, esa organización internacional conformada por las cinco economías emergentes más importantes en cuanto a extensión demográfica y territorial: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, aliados desde a inicios de siglo para establecerse como alternativa económica y comercial.

Los temores para Estados Unidos pueden estar relacionados con la decadencia del dólar desde el año 2000, con picos de inflexión que indican su pérdida de terreno, y con el comportamiento creciente de la competencia. Desde hace varios meses gobiernos de naciones importantes como China y Rusia intentan implementar iniciativas que valoricen sus monedas, hecho que traerá como resultado su aplastamiento o desdolarización.

Se trata de un objetivo ambicioso y el camino se prevé espinado porque, evidentemente, el país vecino del norte no entregará tan fácil su puesto de supremacía, además, cuenta con basta experiencia para salir airoso de distintos contextos, y también cuenta a su favor con la confianza en su propuesta. De modo que, la contraparte deberá trabajar duro y diseñar estrategias sólidas para avanzar por un terreno que el dólar domina a la perfección.

Las condiciones para ello son cada vez más perentorias porque el sistema económico mundial ha sido afectado por ese elevado índice de inflación en Estados Unidos que tiene un tanto deprimida su economía local como su relación con el exterior. Y en su intento por resolverlo, se ha desequilibrado el orden internacional e impulsado a encontrar soluciones perdurables.

Por eso otras opciones pudieran ser valoradas como atractivas. Por ejemplo, la economía asiática se ve ahora fortalecida con el impresionante despunte que ha tenido gracias al desarrollo tecnológico alcanzado, entre otros renglones, y por su numeroso mercado local. Hablamos de China e India, ambos del BRICS. Esto no ha sido repentino, ha evolucionado con los años con el objetivo de ser cada vez más suficiente, incrementando poco a poco su Producto Interno Bruto y su presencia en otras latitudes gracias al esfuerzo y a las oportunidades.

Estados Unidos, ve amenazada su permanencia por esas economías emergentes, y actúa en consecuencia. No por gusto es la riña histórica con China y Rusia, muchas veces con comportamientos infantiles de demostración de poder que lo dejan mal parado. Ante la mirada internacional es visto como narcisista e incapaz de asumir que el problema no es con los otros sino hacia adentro, y, entonces reacciona como siempre, agrediendo, intentando hacerse notar y recuperar potestad, imponiendo y creando conflictos que a todas luces le benefician como gran potencia que es.

Lo que no sabemos es qué harán cuando se sientan tan acorralados y desplazados por otros mercados y monedas. Las alianzas creadas como alternativas, prometen, y seguramente con la prepotencia que le caracteriza estarán preparando alguna estocada en su intento por debilitar a la contraparte, sabiéndose suficiente, pues es real su imperio conquistado durante demasiado tiempo, ya sabemos cómo. No obstante, también hay que tener en cuenta la enorme capacidad financiera de China, por ejemplo, que hasta ahora avanza con pie de plomo.

Sobre la propuesta del BRICS se barajan varias posibilidades, todas encaminadas a desarrollar un sistema de intercambio monetario más justo. Una de las hipótesis es que se trate de una moneda basada en el oro. Pesan las iniciativas regionales e intercontinentales en transacciones de todo tipo, en priorizar bancos propios, entre otras, para conseguir independencia económica del que hasta ahora ha regido el mundo: el dólar. Y sí, claro, ellos temen.

Lógicamente, escrito en una cuartilla se lee rápido este tema complejo que para profundizarlo requiere argumentos de expertos, pero no se trata de un asunto que pueda tener un impacto inmediato en la economía global. La transición geoeconómica hacia otros destinos y la pérdida de dominio del dólar es un hecho posible, lejano todavía. Aunque no inminente, los signos cada vez se notan más, y por lo tanto debemos prestarle atención y estimular otros modos de acción tanto si sucede como si no.

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