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El destino antiimperialista de Fidel

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Durante la guerra de liberación nacional, entre 1956 y 1959, la tiranía batistiana contó con el respaldo del gobierno estadounidense para aniquilar al Ejército Rebelde. La ayuda del país norteño, política, militar y de diversa índole, fluyó hacia el régimen cubano directa o indirectamente. 

Esta no resultó suficiente para impedir el triunfo revolucionario. Sin embargo, en múltiples ocasiones fue perjudicial para la población civil. Tal es el caso de del daño causado por la aviación, muchas veces apertrechada con municiones estadounidenses. 

Así ocurrió, por ejemplo, el 5 de junio de 1958. Ese día Fidel Castro se encontraba en Minas del Frío, en plena Sierra Maestra. La casa de un colaborador del Ejército Rebelde llamado Mario Sariol cayó en el radio de acción de un ataque aéreo enemigo. Cuentan los historiadores Eugenio Suárez Pérez y Acela Caner Román que Sariol, su esposa y sus cinco hijos apenas tuvieron tiempo de encontrar refugio. 

Este tipo de incursiones aéreas, que causaban más estragos a los campesinos de la Sierra que a las fuerzas rebeldes, fueron sistemáticas durante la guerra. Por fortuna para ellos, aquel 5 de junio Sariol y su familia salieron ilesos. Ellos lograron salvar la vida, pero su morada quedó destruida por los disparos de la aviación.   

Cuando los aviones de combate se alejaron de la zona, Sariol se dirigió hacia las ruinas de su casa. Allí recogió algunos pedazos de metralla que más tarde enseñó al líder del Ejército Rebelde. Al verlos, este pudo distinguir una inscripción que, según recoge la Historia, le causó gran indignación: USAF, es decir, United States Air Force. 

Aunque el pensamiento antiimperialista del líder de la Revolución Cubana contaba con una gran fundamentación teórica y práctica, este pasaje de la guerra ha trascendido como una demostración de su convicción de enfrentarlo. Ese día, más tarde, escribiría en una carta a Celia Sánchez:    

“Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a apagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”.  

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