Donde se asienta el poder del pueblo

Comienza así una nueva etapa de trabajo en la que nada será sencillo. Toca ahora a las autoridades municipales traducir en acciones concretas lo escrito en letra de ley

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Salidos de sus barrios y electos por sus propios vecinos, los delegados cubanos a las asambleas municipales del Poder Popular reafirman con la reciente constitución de esos órganos de gobierno en los 168 municipios de la nación, que la autoridad del pueblo se asienta allí, en la más importante estructura de nuestro sistema político.

Comienza así una nueva etapa de trabajo en la que nada será sencillo. Toca ahora a las autoridades municipales traducir en acciones concretas lo escrito en letra de ley, y afianzar con su gestión ese respaldo mayoritario del 68,56 % de los votantes que acudieron a las urnas para elegir representantes capaces de hacer y sentir por la comunidad.

Ello implica edificar sueños en colectivo, que no es más que estrechar el imprescindible vínculo entre delegados y electores, tomando decisiones de conjunto que se parezcan a la cotidianidad de la gente y que respondan a sus más sentidas problemáticas.

Para hacer realidad esa aspiración, también hay que potenciar más la articulación entre las instituciones y el barrio, propiciar espacios y formas de participación ciudadana, ampliar el acceso a la información de interés público, y ganarle la batalla a la burocracia con transparencia y rigor.

Ahí está la Carta Magna vigente de la Mayor de las Antillas para refrendar esa necesaria participación ciudadana como expresión de nuestra democracia socialista, fundamentalmente en el escenario actual, en el cual se estimula la autonomía local de los territorios mediante un proceso gradual de descentralización de competencias, que le otorga mayor protagonismo a esas instancias.

En tal sentido –como máximos órganos del poder del Estado en sus demarcaciones– las asambleas municipales del Poder Popular ponen sobre los hombros de los legítimos representantes del pueblo la alta responsabilidad de garantizar la adecuada atención a los planteamientos, las quejas y las peticiones de la población, y la de analizar, además, a solicitud de los ciudadanos, los acuerdos y las disposiciones propias o de autoridades municipales subordinadas.

Dicho en pocas palabras, es hacer valer el compromiso con la verdad, es crear y transformar; es abrazar los cambios posibles, es buscarle una solución a cada desafío, es desterrar la indolencia y la apatía de las comunidades; es, en esencia, una vía irrenunciable para seguir construyendo el país mejor al que todos aspiramos.

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