FMC: la mujer cubana siempre en su hora

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La Federación de Mujeres Cubanas llega este 23 de agosto de 2021 al aniversario 61 de su fundación cumpliendo tareas ingentes, en medio de los avatares de la pandemia de la Covid-19 y en un país crecido día a día en el trabajo abnegado y creador, que no cede ante el bloqueo ilegal y criminal del imperio.

Ahora mismo, pareciera que las mujeres cubanas de cualquier edad tienen el don mítico de la ubicuidad, ese que las ubica en todas partes como doctoras, enfermeras, científicas, educadoras, combatientes, ingenieras, artistas, abogadas, periodistas, deportistas, trabajadoras sociales, voluntarias en su comunidad, campesinas, jubiladas, amas de casa, emprendedoras y productoras en industrias, entre muchas más.

Y hay que remitirse a una verdad: la presencia tan protagónica de la mujer en todos los sectores de la vida social es posible porque la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas en 1960, encabezada por la heroína de la Sierra y el Llano Vilma Espín, marcó el inicio de una nueva era en la lucha por la plena incorporación de ese sector poblacional a la vida económica, social y política de la nación.

Mientras la Revolución marchaba indetenible desde enero de 1959, cumpliendo un programa de justicia social, cambios y desarrollo, el joven líder Fidel Castro creyó en la fuerza que debía tener el aporte femenino, un segmento de la sociedad preterido por la historia y las costumbres patriarcales, las cuales se ensañaban en las más pobres y desprotegidas.

Vilma Espín, fundadora y secretaria general de la organización de masas hasta su fallecimiento en 2007, se convirtió desde aquellos días fundacionales de leyenda en una presencia cotidiana imprescindible en el cumplimiento de metas y tareas que propiciaron un cambio radical en la vida y destino de la mujer cubana.

Transformaciones que rompían y abandonaban viejos tabúes y miedos, modificaban costumbres ancestrales a favor del pleno desarrollo y desempeño social de la mujer, pero que en Cuba fueron hechas en un proceso que aunque incluyó el debate familiar y la firmeza, siempre estuvo imbuido por el amor, exento de violencias extremas, odios y enfrentamientos agudos.

Con numerosos logros, y a pesar de las duras pruebas traídas por la etapa del llamado período especial, hoy la FMC cuenta su historia con orgullo, pero su membresía y dirección a todos los niveles sabe que aún tienen un mundo de metas por conquistar y no escatiman esfuerzos en proyectos para hacer consolidar la plena igualdad, combatir la violencia familiar contra mujer y niñas, los rezagos de discriminación laboral por sexo, orientación sexual y color de la piel, por ejemplo.

En fin, todo lo que obedece a conductas aisladas y no institucionalizadas, no correspondientes al espíritu de justicia de la Revolución Cubana y para lo cual el Estado y las instituciones competentes perfeccionan un cuerpo de leyes protectoras de este sector de la sociedad, acorde con las demandas de los tiempos actuales.

Las mujeres cubanas son conscientes de que no solo la Constitución y las leyes deben ser efectivas, también los procesos educacionales y los proyectos inclusivos en los que están dispuestas a seguir trabajando.

Por ello, la fuerza cada vez más joven que hoy integra la FMC no deja de aprender de la tradición patriótica del país, donde hubo heroínas como la madre de la Patria, Mariana Grajales; la precursora de las luchas por los derechos de la mujer, Ana Betancourt; revolucionarias valientes como Haydée Santamaría, Melba Hernández, Lidia Doce, Clodomira Acosta y féminas eminentes en diversos sectores como el de la educación y las ciencias.

Hoy el caudal único de la historia de la mujer cubana reconoce con justicia el aporte de organizaciones feministas o de otro corte que defendieron en la primera mitad del siglo XX los derechos de la mujer, pero poco o nada pudieron lograr a favor de las enormes masas.

Los embates de la pandemia y del recrudecimiento del bloqueo no han podido sin embargo abatir el lugar que la mujer tiene dentro de la fuerza técnica calificada del país.

No hay sector de la sociedad en el cual no esté representada, incluso en tareas como la construcción, y el ámbito militar. Se ha incrementado progresivamente y se espera sea mayor, su papel en la dirigencia, tanto profesional como política.

Y no es secreto que es en el trabajo sanitario, dentro y fuera de Cuba, donde nota más la presencia femenina, que se considera ribetea el 80 por ciento de esa fuerza laboral.

Las cubanas gozan del privilegio de recibir igual salario que el hombre, por el mismo trabajo, algo que incluso no se disfruta en países desarrollados, como ya se sabe.
Esta conquista, además de responder a la voluntad política de la Revolución, refleja la fuerza y el respeto ganado por la organización que las ha sabido representar.

Teresa Amarelle Boué, actual secretaria general de la FMC, sigue considerando a la heroína Vilma Espín eterna presidenta de la organización. Como también reconociera Fidel, ella fue una persona que dedicó toda su vida al trabajo por la igualdad de géneros y el desarrollo de la mujer cubana.

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