La migración deportiva también compitió en los Juegos Olímpicos

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Aunque los organizadores anunciaron que en la ceremonia de apertura el tradicional desfile de las delegaciones sería con un grupo más reducido de atletas, volvimos a advertir cómo ha cambiado la composición social de algunos países. La multiculturalidad, a su paso por la pista del estadio nacional de esta ciudad, nos mostró que la migración deportiva es hoy consustancial a la vida en las canchas, y en los Juegos Olímpicos.

Tendencias demográficas, conflictos armados, desastres naturales, insuficiencias estructurales del desarrollo, desigualdades de las economías nacionales, condiciones de pobreza de amplios sectores, falta de oportunidades laborales y, en general, el abismo creciente entre pobreza y riqueza, estimulan la movilidad de los seres humanos. Así describió el doctor Antonio Díaz Aja, director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, las causas de esa manifestación. «En consecuencia, la disfuncionalidad migratoria es producto de las contradicciones básicas del mundo en que vivimos»», afirmó.

En el deporte se tipifican esos motivos, aunque el principal parece ser el económico, por los grandes incentivos monetarios que aportan algunas naciones, claro está, las más desarrolladas. Algunos autores sitúan  las historias personales de los atletas como razones importantes para cambiar de nacionalidad. Por otro lado, muchas de las geografías emisoras fueron antiguas colonias de las hoy receptoras, aun cuando el tránsito existe en sentido contrario. Por ejemplo, Portugal, Gran Bretaña y Francia han sido puertos de salida hacia África, en el atletismo.

Cuba conoce otro tipo de migración deportiva: la políticamente motivada. En Juegos Panamericanos y Centroamericanos y del Caribe se ha incitado, abiertamente, a sus deportistas a abandonar su país. En la lid continental de Winnipeg-1999 crearon una emisora y un periódico para explicar a los atletas cubanos la manera en que podrían dejar su delegación; lo mismo ocurrió en los Centrocaribes de Ponce-1993 y en los Panamericanos de Santo Domingo-2003.

Recientemente fueron burdas y sin ningún escrúpulo las exhortaciones a desertar del equipo cubano que participó en el pasado preolímpico de béisbol, en West Palm Beach, como consecuencia del plumazo de la administración Trump, que hizo trizas el Acuerdo de la Federación de la Mayor de las Antillas y la Major League Béisbol (MLB), cuya esencia pasaba por cercenar el delito de trata de personas, del cual eran víctimas los peloteros.

No es privativa de un deporte esta migración. Hasta abril de 2019, en el balompié, Brasil, con 1 330 jugadores, era el país más exportador, con presencia en 147 torneos. Argentina tenía entonces a más de 800, y en dos de las ligas europeas, la de Inglaterra y la de Italia, son más los futbolistas de afuera que los de casa. En el béisbol de la MLB, en la presente temporada, hay 256 que no nacieron en Estados Unidos (28 %), y de ellos 228 son latinoamericanos. Son 116 los de otra nacionalidad en el baloncesto profesional estadounidense.

En las competencias por naciones, como la de Tokio-2020, esa expresión también estuvo presente. Un estudio realizado por la Universidad de Maryland arrojó que durante los Juegos de 2000, 2004 y 2008 más de 300 migrantes fueron ganadores de medallas, o fueron parte de un equipo que ganó preseas. En los Olímpicos de invierno de Pyeongchang-2018, un total de 178 deportistas participaron por países en los que no nacieron.

La Carta Olímpica requiere que, para participar en una edición de los Juegos Olímpicos, un atleta debe estar vinculado a un Comité Olímpico y debe ser nativo de ese lugar. Lo que es aparentemente simple, se convierte en un elemento importante en tiempos de gran movilidad de personas. A pesar de no ser un fenómeno reciente, su aumento en las ediciones olímpicas llama la atención.

Por ejemplo, el presidente de la Federación Internacional de Atletismo, Sebastian Coe, dijo: «Ha quedado claro, a partir de las múltiples transferencias de atletas, especialmente de África, que las actuales normas ya no son aptas para su propósito. El atletismo, que en sus niveles más altos de competición es un deporte de campeonato basado en equipos nacionales, es particularmente vulnerable en este aspecto. Además, las reglas actuales no ofrecen las protecciones necesarias a los atletas individuales implicados y están abiertas al abuso»».

Cuba se precia no solo de ser uno de los 20 primeros países en el medallero histórico de los Juegos tras 125 años de estas citas, sino de que su cosecha de 241 medallas (85 de oro, 71 de plata y 85 de bronce), es un producto genuinamente nacional. Tokio-2020 lo volvió a confirmar.

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