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El héroe, su entusiasmo, la idea de subir los montes altos (+Audio)

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Hay una relación casi de misterio entre el heroísmo y el sueño del mejoramiento humano. Bien lo sabe Gerardo Hernández Nordelo, en la difícil empresa de ir a los barrios, a las comunidades donde informalidad es solamente un eufemismo. Utopía, en definitiva, no es lo irrealizable, sino el lugar que no existe. Y este compatriota reclama una y otra vez construirlo.

En sus más recientes apariciones públicas, insiste vehementemente en la prioridad de ir a confines espinosos de la Patria a escuchar los problemas que vuelven tortuosos los días del pueblo. Le duele, como al que más, la herida infligida a la tranquilidad de Cuba, pero -como escribió el Apóstol en Patria- «€œel héroe lo es más mientras menos le amarga el sacrificio la ingratitud humana»€.

Los Comités de Defensa de la Revolución nacieron en batalla, instruyendo y sensibilizando. Y desde ellos aprendimos a congregarnos para imaginar horizontes nuevos, tener la primera idea del reciclaje, donar la sangre, y pensar proyectos por la esperanza del mundo. El optimismo del coordinador de los CDR, tiene raíz en la canción: desde las cuadras crece mi país.

Gerardo repite de memoria topónimos del registro profundo que tal vez no aparecen en los mapas, pero que significan espacios queribles para mucha gente cercana que él ama con cariño entrañable. Tal vez allí serán más duras las carencias, más graves los salideros, más oscuros los apagones, más rotas las calles, pero permanece la costumbre de estrechar un abrazo, de compartir lo poco que se tiene.

El Héroe cree en esa tropa de portento, de inconformidad probable, de tantas dificultades acumuladas, pero que como el Maestro no sabe de rencores. La industria del odio, como Gerardo la define, no va con la multitud que no se rinde ante el brutal acoso imperial. La Patria, en definitiva, comienza y termina en los límites del barrio.

En el morral de este soldado siempre hay un sitio para el libro. La nueva empresa cederista precisa de la disquisición antropológica. Los estudios de Fernando Ortiz, el descubridor del alma de la nación cubana, resultan ahora imprescindibles. Pienso, por ejemplo, en las investigaciones de Niurka Núñez González y de Pablo Rodríguez Ruiz, sobre la denominada marginalidad, las relaciones raciales, las desigualdades y la prevención social.

Tiene sobradas razones Gerardo para creer en la viabilidad de este trabajo. En su piel el enemigo descargó su venganza: le disipó toda clase de injurias y trató de arrebatarle la condición humana. En esta hora complicada de Cuba, no se apaga su palabra ni su entusiasmo. Y enciende la memoria de Martí en la idea de subir los montes altos, de poner a la obra su corazón.

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