La historia del azúcar contada por sus máquinas

En este 18 de mayo, Día Internacional de los Museos, le invitamos a viajar a través de la historia de un olvidado andén, en un pueblo pequeño a orillas del mar, donde parece que el tiempo no pasa. Todos los días llega la locomotora envuelta en un humo blanco como la espuma de las olas, da la media vuelta y comienza su travesía. Siempre hay alguien en espera y la aborda no con grandes atuendos y sombreros de pluma, sino con un vestuario más postmoderno. Sin embargo, en cuanto el viajero toma asiento se encuentra dispuesto a comenzar un viaje en retroceso que lo llevará del siglo XXI al XIX en solo 15 minutos, gracias al majestuoso Museo de la Agroindustria Azucarera Marcelo Salado Lastra, de Caibarién.

En ese tiempo las cámaras fotográficas captan un paisaje que se repite generación tras generación. El sol da de golpe en la cara y el aire húmedo y fresco reseca la garganta. Los vagones se zarandean, rechinan mientras el pito de la locomotora a vapor anuncia la llegada. Al final del viaje no existe andén, sólo un garito, un pequeño puente y un sendero que guía en medio de trenes negros y estáticos en sus más variadas formas.

Unos cocoteros van resguardando del sol a los visitantes hasta llegar a la entrada principal, allí refrescan el calor con el tradicional jugo de caña, gramínea que se retuerce ante los curiosos ojos para llenar un espumeante vaso; en ese instante suena la campana del Ingenio que llama no a adentrarse en el cañaveral sino en el interior de un coloso de hierro que atesora la evolución del azúcar en Cuba.

Del trapiche al central

Museo de la Agroindustria Azucarera

El Museo de la Agroindustria Azucarera Marcelo Salado Lastra, es el único de su tipo en el país que atesora y exhibe el proceso de producción del azúcar desde las técnicas más rudimentarias hasta las transformaciones industriales. Se ubica en el municipio de Caibarién, al centro norte de la provincia Villa Clara y posee entre sus principales atractivos la interacción de los visitantes con varias de las piezas que allí se muestran.

 

Cuenta con  salas ubicadas tanto dentro del antiguo central como por sus alrededores entre las que destacan el patio de las locomotoras. Allí convergen arte e historia para mostrar la molida de la caña de azúcar empleando bueyes, la cristalización en moldes, el trabajo manual y la esclavitud que con sudor y lágrimas abonó riquezas al país.

El recorrido por el museo comienza desde que los visitantes abordan un tren a vapor que todavía funciona en perfecto estado y se trasladan hacia el central. En cuanto llegan se les recibe con un coctel de bienvenida que consiste en un vaso de guarapo y luego se ofrece una visita dirigida por las diferentes áreas.

Comienza así una explicación técnica sobre la evolución del proceso para la obtención del azúcar. Allí está presente la clarificación, el destilado de las mieles, la introducción de técnicas para humanizar el trabajo… y mientras más se sabe más se necesita conocer el misterio de gigantescas ruedas, que funciona tan perfecto como un reloj suizo.

Además de la novedad que implica estar en contacto con objetos antiguos nunca antes vistos, los visitantes gustan mucho caminar por dentro del central, subir las escaleras que los conduce a otro nivel por donde continúa el proceso, o montar en una tradicional cigueña, donde a golpe de fuerza se sube y se baja la palanca que mueve cuatro diminutas ruedas de hierro por la vía férrea.

Aunque hace años que el Marcelo Salado, otrora Central Reforma, no muele todavía sus hierros desprenden ese olor dulzón de la caña de azúcar,  a veces se hace tan agudo y penetrante como la misma miel. Y es que aunque se limpie meticulosamente el recuerdo no abandona estos predios y late en cada pieza de un engranaje que no sabía diferenciar entre días y noches cuando se hablaba de trabajo.

Chu chu a…pasa el tren

Según datos históricos la primera línea férrea se inauguró en Inglaterra en 1825, y sólo 12 años más tarde tardaron en construirse los primeros raíles que comunicarían a La Habana, capital de Cuba, con el territorio de Güines. Este tramo tenía una longitud de 90 kilómetros y simbolizó la llegada del ferrocarril a América Latina y el Caribe. Se documenta además que fue también la primera línea férrea española, ya que España no había desarrollado aún esta tecnología y Cuba era territorio español de ultramar.

Desde su surgimiento los trenes simbolizan fuerza y poder ya que se construían con aleaciones de metales resistentes, por ello es que todavía hoy se conservan varios ejemplares de esos vehículos que una vez estuvieron el la vanguardia de la locomoción.

Quizás el principal atractivo, del Museo de la Agroindustria Azucarera Marcelo Salado Lastra, consiste en la exposición de más de una treintena  locomotoras con tecnología a vapor que datan desde finales del siglo XIX, la más antigua de la colección pertenece a 1887, y se ubica justo en la entrada del antiguo batey azucarero. Entre la variedad de modelos y diseños, el museo cuenta además con la locomotora más grande que existió en Cuba, la cual poseía 900 caballos de fuerza.

Para cualquier visitante de paso por Caibarién, resulta muy interesante toda la explicación ofrecida sobre la historia del azúcar en la Isla; principalmente el encuentro con estos vehículos movidos a vapor, pues relata que en su país los trenes antiguos se enumeraban según  el número de ruedas, mientras aquí la numeración es dada según la potencia de las maquinarias.

Resulta interesante el encuentro con una tecnología que se desarrolló hace siglos atrás y que todavía funciona con los mismos mecanismos y piezas de cuando se construyeron.

Por lo general la opinión de visitantes nacionales y extranjeros se resume en la admiración que sienten por el trabajo de conservación que se lleva a cabo, para cada día contar con mayor cantidad de piezas de un valor patrimonial incalculable.

Cita con el ayer

Lo cierto es que turistas de innumerables países solicitan recorrer el museo caibarienense. Francia, Canadá, Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, estas son las principales naciones que se interesan por conocer un poco más por la industria azucarera en Cuba, el principal renglón económico de la nación desde la colonización española hasta hace poco más de una década.

Guías turísticos de la corporación Gaviota aseguran que la visita al museo resulta una de las principales atracciones en la estadía de los vacacionistas. Al decir de los especialistas, esto es algo para ellos totalmente atípico. Según cuentan en sus países quedan muy pocas máquinas de vapor. Por eso piden este tipo de visitas donde tengan contacto con antigüedades y puedan interactuar con la naturaleza.

¿Por qué gustan tanto las personas  revivir el ayer?… Es una filosofía, costumbre o maldición que persigue al ser humano: querer experimentar lo que otros hicieron. Remontar épocas pasadas y más que imaginar: ver, tocar y oler lo que cuentan los libros de historia, o una buena novela costumbrista.

Sin desdeñar los avances tecnológicos un viaje en globo resulta más interesante que uno en avión, porque simplemente se sale de lo común y cotidiano; como también un viaje en la parsimonia de una locomotora a vapor, respirando los aires del campo y el olor a tierra mojada, resulta sui géneris para quienes todos los días corren hacia los túneles del metro o se encierran dentro del auto con aire acondicionado.

Se trata de eso, de romper la rutina, olvidar por unos instantes ese desarrollo que casi no deja instante para respirar y regalarse un tiempo con uno mismo. Vivir al natural, asombrarse de la rudeza y sencillez con que se hacían antes las cosas, apreciar la evolución del hombre no como la contó Darwin sino como lo cuentan sus máquinas, esas que puedes apreciar en el Museo de la Agroindustria Azucarera de Caibarién.

Texto original de Lianet Santana Milián

Imágenes tomadas de Internet

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