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Brigadas médicas cubanas, ¿esclavitud moderna?

En los últimos años, las brigadas médicas cubanas han sido objeto de una intensa campaña de descrédito impulsada desde Estados Unidos y replicada por medios de comunicación y algunos gobiernos

En los últimos años, las brigadas médicas cubanas han sido objeto de una intensa campaña de descrédito impulsada desde Estados Unidos y replicada por medios de comunicación y algunos gobiernos. El término “esclavitud moderna”, cargado de polémica y connotaciones negativas, se ha convertido en una etiqueta recurrente para referirse a la cooperación en salud de la Isla, pese a que millones de pacientes de todas las latitudes han encontrado en ella la única posibilidad de atención sanitaria.

La narrativa que presenta a los profesionales cubanos como víctimas de explotación no surgió de manera espontánea. Fue construida con intencionalidad política, como parte de una estrategia para socavar uno de los pilares de la proyección exterior de la Revolución Cubana: la solidaridad en materia de salud. En este sentido, más que un debate sobre derechos humanos, lo que se ha instalado es un discurso que busca deslegitimar la cooperación internacional de Cuba y restarle influencia en escenarios donde su presencia ha sido decisiva.

En el derecho internacional, a los efectos del Convenio sobre el trabajo forzoso, la categoría de “trabajo forzoso u obligatorio” designa a “todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente”. Por su parte, según información del sitio web de las Naciones Unidas, a pesar “de no estar definida en la ley, la esclavitud moderna se utiliza como un término general que abarca prácticas como el trabajo forzoso y el matrimonio forzado”. El término hace “referencia a situaciones de explotación de las que una persona no puede escapar debido a amenazas, violencia, coerción, engaño o abuso de poder”.

Los supuestos técnicos descritos por el derecho internacional y contemplados en el sistema de Naciones Unidas no se ponen de manifiesto en el caso de las brigadas médicas cubanas. No hay coerción, ni violencia, ni engaño que impida a los profesionales decidir sobre su labor; lo que existe es un esquema de cooperación que ha sido reconocido en múltiples países por su impacto social. La etiqueta de “esclavitud moderna” y otras de similar connotación responden, más bien, a un empleo politizado del término por parte de actores que buscan deslegitimar la práctica sanitaria internacional de Cuba. Políticos, congresistas norteamericanos, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación han repetido esa consigna desde la década anterior, en el intento de transformar un ejercicio de cooperación en un campo de batalla ideológico.

De acuerdo con la investigación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana titulada ¿Brigadas médicas cubanas o esclavitud moderna? *, este último es un “epíteto sugerentemente controversial” que tiene sus antecedentes en el 2010. Hasta ese año y desde el 2004, fundamentalmente durante los mandatos de George W. Bush, los profesionales de la salud “eran representados como agentes del gobierno, incompetentes, exportadores del comunismo y espías”. Según la mencionada indagación, bajo la administración de Barack Obama el Departamento de Estado incluyó en su unilateral Informe de la trata de personas 2010 a la Mayor de las Antillas y explícitamente comenzó a enunciarse, desde aquellas instancias políticas, a las brigadas médicas cubanas como una forma de “esclavitud moderna”.

Con la primera llegada de Donald Trump a la Casa Blanca el tema cobró notable visibilidad. Se convirtió en una de las directrices de su política exterior de cara a las relaciones de Estados Unidos hacia Cuba, con repercusiones constatables en otros países del hemisferio. El nuevo presidente republicano y el lobby anticubano impulsaron acciones que condujeron al cierre de varios convenios médicos suscritos entre la mayor isla del Caribe y gobiernos de la región.

Ejemplos de las interrupciones de la presencia médica cubana se dieron en Brasil, a finales de 2018, y en Ecuador y Bolivia, en 2019. Aunque cada caso tuvo particularidades propias, en esos desenlaces influyó decisivamente el accionar del gobierno norteamericano, congresistas, grupos anticubanos y el rol de medios de comunicación que habitualmente promueven la noción de “esclavitud moderna” como calificativo para las brigadas de galenos cubanos.

De esa época es un comunicado en el que Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba denunciaba que el gobierno de Estados Unidos estaba desplegando “una intensa e injuriosa campaña contra la colaboración médica que Cuba ofrece, combinada con la amenaza de sanciones a dirigentes cubanos y presiones contra los Estados receptores para que prescindan de ella”.

Más recientemente, durante la segunda vuelta de Trump al frente del país norteño, no se ha disipado el relato falaz de la “esclavitud moderna”. Continúa como parte del discurso de quienes pretenden destruir el símbolo de la colaboración cubana en el exterior y, al mismo tiempo, obstaculizar las relaciones políticas y de intercambio entre la Isla y otras naciones. Gobiernos cómplices de la hostilidad del imperialismo norteamericano o sometidos por la presión y las campañas de descrédito han puesto fin a la presencia de médicos cubanos en sus territorios.

Sin embargo, la acusación de “esclavitud moderna” contra las brigadas médicas cubanas no resiste un análisis serio ni desde el derecho internacional ni desde la práctica concreta de la cooperación despegada por la Mayor de las Antillas. Se trata, por el contrario, de un recurso político empleado maliciosamente. En definitiva, la realidad demuestra que allí donde se ha interrumpido la presencia de médicos cubanos lo que queda es un vacío sanitario, promesas incumplidas y comunidades desprotegidas.

* La tesis de licenciatura ¿Brigadas médicas cubanas o esclavitud moderna? Análisis del discurso periodístico hipermedial de The New York Times y CiberCuba en torno a los convenios médicos cubanos (2025) fue desarrollada por la colega Daniela Estevan Polo bajo la cotutoría de la profesora Zenaida Costales y el autor del presente material. 

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