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El traje dorado de los pequeños Leopardos

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Santa Clara ganó el doble juego y alzó la copa por segunda vez

Bajo un sol de agosto y los tambores a punto de reventar, después de jugar 12 entradas en dos partes iguales, el equipo de los Leoparditos de Santa Clara alzó este sábado la corona en la cuarta edición de las Pequeñas Ligas de béisbol.

Combinaron picheo y defensa, y eso bastaba para ganar en este y en cualquier pelota, pero el bateo fue, también, oportuno y contundente para no dejar el más mínimo resquicio a la incertidumbre.

Los pícheres Yan Espinosa y Delvis Hernández fueron los héroes desde la lomita, dejando, solo el primero, muy poco al resto de los lanzadores.

Sobre la grama del rebautizado estadio René Díaz, los santaclareños firmaron triunfos de 7-2 y 4-0 sobre unos Gallitos de Sancti Spíritus que nunca habían llegado tan lejos en el campeonato de Pequeñas Ligas, siempre enmudecidos en cuartos de final por un Camagüey que ahora no pudo detener su canto de victorias.

Los anfitriones venían de dejar fuera de la final a Bayamo, campeón de 2023, y esa inspiración pesaba a la hora de hacer un vaticinio, pero no hubo dudas pasados los primeros innings del primer juego.

El Santa Clara estaba, como en casi todo el campeonato, con el santo del béisbol claro. Jugaron divirtiéndose y enseñando todo lo aprendido, que no es poco cuando se tiene de mentor a un hombre de más de 40 años de entrenador, Everardo Pedroso, y a su lado a un jugador con 21 series nacionales, Andy Zamora.

El primero evitó mencionar individualidades. «En la unidad y el juego cohesionado estuvo la clave, este es un equipo compacto, enfocado, parejo en todos los indicadores», aseguró al consumarse el éxito.   

Emocionado como pocas veces en su carrera, Zamora celebró la coronación de unos muchachos a los que no se cansa, dice, de explicarles cómo batear, por el medio de campo y sin excesos de swing a picheos fuera de zona.

«Se disfruta trabajar con niños, a veces, incluso, he llorado y no recuerdo que eso me hubiera pasado antes», comentó mientras los discípulos compartían con él en momento de éxtasis.

Entre abrazos, los pequeños hablaron de estos juegos finales y de los anteriores; del trance que resultó vencer a Matanzas en cuartos de final tras la derrota inicial, única que sufrieron en el campeonato, y que este año casi siempre jugaron de visitadores.

Yan estaba feliz por aportar el primer triunfo y Delvis por la blanqueada de oro. Sacaron la estirpe de aquellos Leopardos de Santa Clara que hace cien años alzaron su primer trofeo en la liga profesional cubana de béisbol. Yosmil Fuentes comentó sobre su par de jits y tres carreras empujadas en el primer partido.

Y como mismo brillaron las medallas de campeones en sus pechos, también refulgieron ante un público que los aupó siempre las preseas de los subcampeones de Sancti Spíritus, peleadores con hidalguía hasta el último out.

Concluyó la cita cubana de las Pequeñas Ligas y viene ahora el reto de los Leoparditos de representar a nuestro país en la Serie Mundial con sede en Estados Unidos.

Allá irán esos muchachos a seguir mostrando que el béisbol en esta isla se juega con pasión y elegancia, como mismo el año pasado Bayamo lo demostró por aquellos lares norteños.

Ganó Santa Clara, pero más que el equipo de esa histórica ciudad el gran vencedor fue la pelota, el deporte, el espectáculo. Cuba.

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