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Maní, manisero…

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El maní, también conocido en otros países como cacahuate, posee una gran cantidad de nutrientes considerados beneficiosos para el organismo humano.

Se trata de una legumbre proveniente de la familia de las fabáceas que se puede consumir directamente de la cáscara, es decir, crudo. Pero su forma más popular se adquiere una vez tostado cuando, además, proyecta sus antioxidantes y mejora su sabor.

En muchos países se utiliza la mantequilla de maní o crema de cacahuate para galletas o panes. En Cuba, aunque ya casi no se ven maniseros ambulantes, seguimos apostando por su estado natural que es también como más aporta grasas saludables y proteínas.

Foto Tomada de La Voz de Cabaiguan

Un estudio publicado en Journal of Food Science and Technology, refiere que el maní tiene compuestos como resveratrol, el cual está asociado a la prevención del envejecimiento prematuro y a promover la longevidad.

También tiene fitoesteroles, que bloquean la absorción de colesterol y coenzima Q10, entre otros compuestos bioactivos que han sido reconocidos por tener propiedades para prevenir enfermedades crónicas.

Es rico en fibra natural y especialmente saludable para el corazón y el sistema digestivo, lo que disminuye el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas o de colon.

Según Pedrito, el Yerbero de Caibarién, el maní puede funcionar además como antidepresivo. Consumir un cuarto de taza de maní al día ayuda a generar niveles altos de serotonina en el cerebro, que se traduce en un equilibrio hormonal y convierte al maní en un aliado natural contra la depresión.

Por otro lado, para las mujeres embarazadas o que desean embarazarse, el maní aporta una interesante cantidad de ácido fólico. Este nutriente favorece la ovulación antes del embarazo y ayuda al desarrollo normal del bebé; con su ingesta se pueden prevenir malformaciones y problemas de gestación.

Pero cuidado, nuestro yerbero alerta sobre algunas reacciones alérgicas al consumo del maní: falta de aliento, estrechez en la garganta y anafilaxia; problemas digestivos como diarrea, cólicos abdominales, náuseas y vómitos; ronchas, enrojecimiento o inflamación y sensación de hormigueo dentro y alrededor de la boca y la garganta.

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