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¿Los nasobucos son cosa del pasado?

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Cuba en los últimos días muestra un ligero incremento de personas contagiadas con esa enfermedad, y según el reporte del Ministerio de Salud Pública, solo el domingo anterior hubo 27 nuevos casos de la COVID-19

Matanzas.–La COVID-19 sigue dando qué hacer, está vivita y coleando. No ha desaparecido, como algunos creen.

Si bien en muchos países se ha flexibilizado el mecanismo de enfrentamiento, eso no debe significar en modo alguno olvido o una actitud pasiva ante la letal enfermedad.

En no pocas naciones el escenario continúa siendo nada halagüeño, con un alza en los fallecidos y en el número de infectados, y se han visto obligadas a intensificar la campaña de vacunación y a reforzar las medidas higiénico-sanitarias.

Cuba, entre tanto, en los últimos días muestra un ligero incremento de personas contagiadas con esa enfermedad, y según el reporte del Ministerio de Salud Pública, solo el domingo anterior hubo 27 nuevos casos de la COVID-19. 

Aunque no se registran fallecidos, graves ni críticos, el reclamo es no bajar la guardia y reforzar la protección individual y la vigilancia en los centros laborales, el transporte público y otros sitios donde pueda haber aglomeración.

Ahora, ante la proximidad del fin de año, las autoridades sanitarias hacen un llamado a no descuidarse para evitar probables contagios en las habituales celebraciones por el advenimiento de 2023.

Y nada es tan eficaz para no infectarse como el uso de la mascarilla, aunque cada vez son menos quienes apuestan por ella, y la tendencia es a no utilizarla, incluso en los lugares de grandes aglomeraciones de personas, y hasta en sitios donde es obligatorio, como en los hospitales.

Por fortuna, siempre existen aquellos a quienes no es preciso prevenir. «Yo no me lo quito ni para dormir», le escuché decir a un reparador ambulante de ventiladores. «Cada uno es el máximo responsable de velar y proteger su salud personal».

¿QUÉ PASARÁ CON LA FÁBRICA DE MASCARILLAS?

A propósito de lo que se nos venía encima, y gracias a la gestión del Grupo Empresarial Gardis, a inicios de 2021 se instaló en áreas de la Universidad de Matanzas una fábrica de mascarillas sanitarias que afrontó irregularidades en el proceso de puesta en marcha, y no pocos tropiezos con la comercialización del producto.

Por más de una razón, esos cubrebocas demoraron en contribuir a la protección de la población.

Aunque a la planta le costó encontrar su rumbo, al final su aporte resultó importante en el enfrentamiento al coronavirus SARS-COV-2 en la provincia. 

Ahora, que al parecer ya quedó atrás la tempestad de la pandemia, terminado el furor, hay quienes se cuestionan qué sentido tiene mantener en activo dicha fábrica.

Interrogado sobre este particular, Omar Tápanes Hernández, director general de Gardis, sostuvo que la pequeña industria será capaz de sobrevivir siempre que el país considere necesaria su contribución, sobre todo, para apoyar al sistema de Salud.

Aclaró el directivo que desde el mes de mayo, fecha en la cual se eliminó el uso obligatorio de la mascarilla para todas las actividades sociales, excepto en consultas médicas y servicios de hospitalización, el proceso de fabricación en dicha industria ha sido muy limitado.

Aseguró, sin embargo, que los recursos generados permitieron cubrir los desembolsos de la inversión, y que en estos momentos acumulan en los almacenes más de 300 000 nasobucos, además de contar con materia prima para producir alrededor de medio millón más.

Aseguró Tápanes Hernández que, si más adelante dispusieran de materia prima, sería posible cubrir las necesidades del sistema de Salud por mucho tiempo e incluso exportar hacia países del área unos tres millones de mascarillas cada mes. «Contamos con el equipamiento y la fuerza de trabajo joven y ya calificada», significó.

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