Tina, y el justo superlativo

Si bien ella y Mella se amaron con pasión singular –en una relación corta y truncada violentamente por el asesinato del revolucionario cubano–, y varias fuentes aseguran que Tina lo siguió añorando hasta el fin de su vida, es inobjetable la considerable dimensión de una mujer obrera, actriz, modelo, fotógrafa, comunista, luchadora…

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Es fácil dejarse llevar por el impulso de la leyenda, basta leer las líneas que le escribiera un hombre como Julio Antonio Mella, para obnubilarse ante la estatura del amor que fue capaz de inspirar Tina Modotti (Italia, 1896–México, 1942):

«Te quiero, serio, tempestuosamente. Como algo definitivo (…) Algunas veces he creído que soy un niño y me tienes lástima. Si no explícame qué amor es este que me lleva a la desesperación. Dime cuál es la esperanza».

Pero Assunta Adelaide Luigia Modotti Mondini, aunque sería protagonista de novelas tan tremendas como Tinísima, de Elena Poniatowska, no puede, ni por asomo, reducirse al papel de heroína romántica.

Si bien ella y Mella se amaron con pasión singular –en una relación corta y truncada violentamente por el asesinato del revolucionario cubano–, y varias fuentes aseguran que Tina lo siguió añorando hasta el fin de su vida, es inobjetable la considerable dimensión de una mujer obrera, actriz, modelo, fotógrafa, comunista, luchadora…

Se entregó con tanta vehemencia a cada una de sus tareas, lo mismo las artísticas que las asumidas, por ejemplo, en el Socorro Rojo Internacional, que no fue indiferente para ninguno de sus contemporáneos.

Unos la amaban y otros la odiaban, porque era talentosa, hermosa, dueña de su cuerpo y de su amor, y porque su pensamiento se fue radicalizando hasta la disciplina más férrea y la entrega total hacia la causa de los desposeídos, como lo testimonió su conducta en la Guerra Civil Española.

Una mujer libre (con la libertad que el patriarcado reserva como privilegio de los hombres) alarmaba; una mujer libre, profesional y comunista, era ya, para la ideología conservadora, un peligro total, intolerable. Y, de cierta forma, lo sigue siendo, por eso el hálito de justicia que se desprende del libro Tina Modotti, mucho más que un cuerpo desnudo, de Reina de la Caridad Torres Pérez (Ciego de Ávila, 1974)

El volumen, de la Editorial Pablo de la Torriente (2018), que se comercializó en la más reciente Feria del Libro en Cuba, trata, en palabras de su autora, «de esbozar un análisis histórico-filosófico de la personalidad de Tina Modotti, a partir del entramado de su propia vida y los contextos en que tuvo que desarrollarse, sin la intención de biografiarla, concentrada, sobre todo, en su asirse al arte como medio de emancipación personal y profesional».

Y agrega: «Entre el mito y la realidad, así se ha presentado no por pocos autores a esta revolucionaria, cuyo mérito esencial, diría yo, estuvo en creer en sí misma, en lo que amaba y en lo que hacía. De esa forma se entregó al arte fotográfico, a las ideas comunistas y también a esos hombres que fueron descubriendo, cada uno desde su visión y el vínculo que sostuvo con ella, lo maravilloso que la habitaba y quería dar».

Tina, que fue siempre muy ella, es un ejemplo contundente de lo que las visiones reduccionistas hacen con las personas que no encajan en los moldes, que los rompen y superan; descubrir su vida desde un prisma integral es un acto revolucionario. Esta lectura contribuye a ello.

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