Ley de Ajuste Cubano: La odisea migratoria de la hipocresía imperial (+ Video)

La Ley de Ajuste Cubano ha sido quizá el más claro ejemplo de que su objetivo no es que los cubanos emigren, sino que lo hagan fuera de los parámetros legales, exponiendo incluso sus vidas

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Sin excepciones, una tras otra, las administraciones estadounidenses que se han sucedido desde 1959 hasta la fecha han instaurado la utilización de una retórica hipócrita en lo que se refiere a sus políticas contra Cuba.

Lo que en este caso específico puede ser sinónimo también de doble moral, tergiversación, mentir descaradamente o respaldar cualquier postura, sostenible o no, si tiene por condición ser anticubana, es una herramienta que aplican en pos de su más anhelado y nunca conseguido fin: desmoralizar a la Revolución Cubana y compulsar al pueblo de la Mayor de las Antillas a que renuncie al socialismo como sistema.

Eso explica también por qué pregonan, sin el menor atisbo de vergüenza, que la asfixia económica de la Isla, las campañas mediáticas, el financiamiento a proyectos que buscan desestabilizar el país y todos los obstáculos a la migración ordenada de los nacidos aquí hacia esa nación, responden a una «sincera preocupación por el bienestar de los cubanos y cubanas»».

Si no fuera un asunto tan serio y sensible, provocaría hasta risa el hecho de que, durante tantos años, nos hayan vendido el sueño americano, y hayan utilizado todos los medios a su alcance para engrandecer al capitalismo y empequeñecer así a nuestro sistema social, mientras que por otra parte dificulten, casi puede decirse impidan, la emigración regular y ordenada.

La Ley de Ajuste Cubano ha sido quizá el más claro ejemplo de que su objetivo no es que los cubanos emigren, sino que lo hagan fuera de los parámetros legales, exponiendo incluso sus vidas. Lógicamente, ¿qué valor tendría, desde el punto de vista de su perenne ofensiva contra Cuba, hablar de migración si cumplieran como mínimo cada año con las 20 000 visas pactadas, si el tránsito de los migrantes fuera perfectamente normal?, está claro que ninguno.

Si respetaran los acuerdos migratorios, no podrían entonces apoyar la matriz de opinión de «huida en masa»» para construir una realidad distorsionada de la vida en la Isla.

Resulta que quienes han alentado durante más de 60 años la migración de los cubanos hacia su territorio, ahora presionan a los países por los que pasan, para obligar a los migrantes a presentar visas de tránsito, y les imponen, además, otras medidas para detenerlos, promoviendo así un trato a todas luces injusto y discriminatorio.

Parece mentira que esos «brazos»» supuestamente abiertos para abrazar a los nuestros, sean los primeros en cerrarse y empujen a otros a actuar del mismo modo.

Cuba, aunque se esfuerza, no puede suplir todas las necesidades materiales de su pueblo, y eso se debe, en gran medida, a un bloqueo reforzado en su esencia inhumana con medidas que ya suman 243 y que parecen inamovibles.

Como nación, nos toca seguir mirándonos por dentro, identificar todas las causas de la emigración y tenerlas en cuenta a la hora de trazarnos estrategias en el camino de pensar y crear una sociedad más justa, equitativa, en la que todos puedan alcanzar sus metas, sueños y plena realización personal.

A ellos, los vecinos, les corresponde reconocer que es su Gobierno, y no el nuestro, el que frena, obstaculiza, incluso echa por tierra las expectativas de quienes eligen emigrar como proyecto de vida, y destinan a ese plan la mayor parte de los recursos con los que cuentan.

No se trata solo de sus cantos de sirena, sino de su repugnante y abusiva política contra esos mismos que se exponen al abismo.

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