El conflicto Rusia-OTAN y el nuevo desorden informativo mundial

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Además de confirmar, una vez más, que la verdad es la primera víctima de cualquier guerra, sobre todo si está inspirada por los presuntos «líderes»» del mundo, el conflicto en Ucrania ha dejado claro de qué lado están las supuestas empresas privadas conocidas como redes sociales.

Casi ninguna de las grandes empresas que controlan internet en el mundo, léase Facebook, Google y otras, apenas iniciada la operación militar especial rusa en Ucrania, no vacilaron un segundo, en borrar del mapa de la web los contenidos de RT y Sputnik de sus servidores alegando que tales canales informativos no eran otra cosa que «instrumentos propagandísticos del Kremlin»».

A tales empresas no le bastó con desatar de la noche a la mañana una histeria rusofóbica en todo el mundo, ni el silenciamiento de la versión de los hechos del lado ruso. Meta Platforms, en un giro inesperado, y temporal, de sus políticas de incitación al odio, le permitió a los usuarios de Facebook e Instagram incitar a la violencia contra los rusos y los soldados de Rusia en el contexto de la muy promovida «invasión»» de Ucrania.

Según afirmó sin pudor alguno un portavoz de Meta: «Como resultado de la invasión rusa de Ucrania, hemos permitido temporalmente formas de expresión política que normalmente violarían nuestras reglas, como un discurso violento como muerte a los invasores rusos»».

Antes del inicio del conflicto las hostilidades entre Rusia y la OTAN, que ha convertido según afirman los expertos a Ucrania en el campo de batalla del nuevo diseño del orden mundial, dichos emporios informativos, supuestamente privados, se vanagloriaban de su función como «ágora» de la libertad de expresión mundial.

Cómo se explica entonces su rápida subordinación a los «pedidos»» del llamado mundo occidental que milita en la cada vez más expansiva OTAN.

La guerra económica desatada por Estados Unidos y sus adláteres europeos contra Rusia pueden ser nefastas, pero aún está por ver sus consecuencias para el planeta, como mismo sucede con la augurada nueva configuración política mundial. Sin embargo, la guerra en Ucrania ha demostrado ya, desde el punto de vista mediático, a cuál nuevo desorden informativo responden esos autodefinidos «democráticos»» canales de «comunicación»». 

Desgraciadamente, son muchos los sin voz de este mundo que todavía confían en utilizar esas plataformas, abanderadas «defensoras de la libertad de expresión y de prensa»», como tribunas para esparcir sus verdades. 

Después del nuevo orden informativo, instaurado tras el conflicto Rusia vs. OTAN en tierras ucranianas, quién garantiza la subsistencia de cualquier otra visión de la realidad que no sea la del hegemónico pensamiento único. ¿Serán los automatizados algoritmos los culpables de la censura contra todo aquello que amenace el establisment que asegura las pingües ganancias del negocio?

En el nuevo escenario comunicacional, dominado por el conjunto de medios transnacionales de occidente, ha quedado claro que usar las «regaladas»» armas informativas del contrario no ofrece garantía alguna de imparcialidad ni objetividad. 

Pensar que a las empresas que aumentan cada día sus arcas con el comercio de la privacidad de los datos personales que les proporciona la explotación de la vanidad humana, les interesa la verdad, la justicia y la ética, más que su enriquecimiento, no pasa de ser una pueril ingenuidad.

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