El día en que dijiste o te dijeron: es violencia, no amor

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Al principio todo está envuelto en el velo del enamoramiento; cada cual muestra su mejor cara y el deseo, la atracción y el placer parecen prometer «amor para siempre».

Pero un buen día todo cambia o, mejor dicho, cambias tú. Porque ya no puedes con el sentimiento de culpa; sentir que constantemente te equivocas, que él es así, se pone así de «molesto» (violento) porque tú lo provocas.

Un día algo te dice que todo esto no está bien, que no es normal que te quiera solo para él y aleje a tus amistades y familiares cercanos; te percatas de que los celos no son muestra de amor sino de control y entonces ya no sonríes ante las llamadas y mensajes constantes de «¿dónde estás? ¿demoras»? Un día dijiste: «¡Esto no es amor!

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Si buscaste ayuda y encontraste apoyo en personas de confianza y profesionales sensibles y capaces, ese día comenzaste un camino a la recuperación. Porque a veces no es suficiente decir: «¡Se acabó! Puede que quien fuera tu pareja desista de la relación, pero puede que la violencia y las amenazas aumenten, puede llegue a la violencia física y hasta puede ser que amenace tu vida.

En estos casos necesitas actuar de inmediato, decirle a tu familia, notificar a la policía, tomar medidas para tu protección y la de tus seres queridos; necesitas conservar y compartir todas las pruebas de que estas siendo amenazada para respaldar, si fuera necesario, un proceso legal.

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Pero aun cuando «las cosas se terminen a tiempo», queda un daño emocional y psicológico. Poner en palabras el dolor, verbalizar las violencias machistas también ayuda a comprender sus expresiones y consecuencias, los mitos que la sostienen, los modos de prevenirla y, sobre todo, cómo construir relaciones basadas en el respeto y la igualdad.

Del otro lado de la línea»

La violencia no es un problema de dos, tiene consecuencias para las personas cercanas a la víctima y quienes son testigos del maltrato. Quienes tienen el encargo estatal y social de responder a las violencias de género, también deben actuar.

Puede que un día te encuentres del otro lado de la línea. Tu amiga te llama en sollozos, siente miedo, se ha encerrado en el baño mientras su novio le grita todo tipo de ofensas. Ella no quería contarte, pero tu notaste las resistencias a salir solas, la tensiones en las fiestas, su tristeza y como se fue apagando poco a poco, cómo su autoestima se perdió entre subvaloraciones y chantajes. Por eso no te sorprende y la escuchas, le preguntas qué puedes hacer. A partir de ese día tú también dijiste: Es violencia: no amor.

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Pero tú puedes ser, incluso, una tercera persona muy importante. Puedes ser esa o ese especialista con entrenamiento y compromiso ante el problema de la violencia de género.

Detrás de una línea telefónica recibes llamadas de personas que buscan ayuda, muchas » hay días que la mayoría » son mujeres en situación de violencia de género. Sabes qué hacer, cómo actuar y activas el protocolo de acuerdo a cada situación.

Muchas mujeres cuentan por primera vez el dolor que llevan dentro, aunque no logran identificar cuál es el problema. Por eso sabes el valor de la escucha activa, eso es lo primero que necesitan las víctimas, que se les crea y no se les juzgue.

Poco a poco tratas de que sus sentimientos fluyan y encuentras esa contención emocional que puede ayudarla a analizar. Más calmada y serena podrá estar en mejores condiciones de reconocer las redes de apoyo con las que cuenta, confiar en sus capacidades y fuerzas para encontrar ella misma estrategias que le permitan salir de ese ciclo de la violencia y retomar su vida plena en derechos.

Sabes que respetar los tiempos de las víctimas es esencial, por eso dejas abierta la posibilidad de otra llamada si lo considera necesario, aunque ella ya saber qué ruta seguir, cuáles servicios puede encontrar en su comunidad.

Antes de terminar el diálogo telefónico constatas la importancia de comunicarte con empatía, el valor de compartir de manera clara y diáfana los conceptos y herramientas que has adquirido en las capacitaciones. Ese día, del otro lado de la línea una voz reconoce: Es violencia, no amor.

La autora es Lirianas Gordillo Piña.

*Para la redacción de este comentario ha sido fundamental el apoyo de las especialistas de Cienfuegos Laura Magda López Angulo, Yamila Ramos Range y Marianela Fonseca Fernández.

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